jueves, 12 de abril de 2012

Veo-veo


Uno se ha pasado la vida leyendo a Chesterton, a Borges y a Whitman para exultar con la infinita variedad del mundo y sus dones, y aunque no se arrepiente ni de un minuto de esas horas de lectura, no eran tan necesarias. Basta jugar al veo-veo en un viaje en coche. Aunque te den la pista de la inicial, qué difícil es adivinar. ¡Hay tantísimas posibilidades que de golpe y porrazo se te presentan! Entra vértigo. Si no me creen, hagan la prueba. Y hablamos sólo de un breve viaje en coche por una monótona autovía que atraviesa un paisaje plano y árido. Si el campo de juego fuese —como es— el mundo entero, el vértigo es ya metafísico. 

2 comentarios:

Hipótesis de Riemann dijo...

Qué razón. A muchos padres nos ha pasado exactamente lo mismo. El veo-veo tiene una variante aún más contemplativa: dar la pista del color en lugar de la letra inicial. O ambas.

Enrique García-Máiquez dijo...

Me apunto —sin dudarlo— a la variante más contemplativa. Ya tendrán tiempo las criaturitas de ver el mundo como una sopa de letras, como su padre. Gracias mil.