miércoles, 4 de abril de 2012

Exceso



Esta es una entrada imposible, con tres enlaces a tres artículos, tres. Perdonadme. 


Puro Moro, o La agonía de Cristo


Ramón Gaya o Diario de un pintor


La corrupción y el catolicismo, al que espero que lleguéis ya sin fuerza de hacer ni clic


Y mientras la vida sigue y pasa, montada en su mitológico carro: 



4 comentarios:

Marcela Duque dijo...

¡Anda! ¡Pero si es Carmen con una cebolla en la mano!

Inmaculada Moreno Hernández dijo...

Pero ¿de dónde sacas tiempo para tanto y tan bueno? Enhorabuena por ese don.

Dal dijo...

No sabía de esos amores tuyos por Montesquieu, moderno te veo.

La separación de poderes no es garantía del buen funcionamiento de la justicia, ni tan siquiera condición necesaria. En los primeros pleitos colombinos, los tribunales nombrados por el rey dieron, según creo, la razón a Colón frente a la Corona. Y tienes también al molinero de Sanssouci, seguro ante la posible arbitrariedad de Federico de Prusia, ese masoncete, porque había tribunales en Berlín.

A mí en lo humano me basta con que me juzgue un juez justo, no necesito que sea independiente. En lo divino afortunadamente lo hará Uno misericordioso.

Enrique García-Máiquez dijo...

Te iba a contestar, Inma, que esa pregunta era muy peligrosa si caía en manos de Leonor, que bien sabe a costa de qué saco el tiempo. Pero antes de que pudiese contestar, cayó en sus manos y ahí va, riéndose de mí por las esquinas. Me lo merezco.

Y siento la modernidad, Dal, pero me parece buena idea lo de Montesquieu. Los jueces de los pleitos colombinos tenían otra separación de poderes, que es la mejor, y sabían que su conciencia respondería en otro tribunal supremo. Y eso es lo esencial. Con todo, aunque no sea garantía final de nada, prefiero que ese juez justo que dices no dependa del ejecutivo.