sábado, 12 de mayo de 2012

Johnson & Johnson

Qué tentación para cualquier barbero, incluyendo al del Rey de Suecia, titular así una entrada. No tiene que forzarse mucho. Del libro Humoristas de Paul Johnson, las páginas más vibrantes son las dedicadas a Samuel Johnson, que dijo:


Ahora hay menos azotes en nuestras escuelas que antes, pero también se aprende menos. Así que lo que los chicos ganan por un lado, lo pierden por el otro.
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Me pregunto si todas las mujeres no serán papistas.
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[Le pidieron un ejemplo de burla grosera] Caballero, vuestra esposa, bajo la tapadera de un prostíbulo, comercia con mercancía robada.
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Caballero, os he dado conversación, lo que no puedo daros es inteligencia.
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¿Acaso es un mecenas, milord, el que contempla con indiferencia a un hombre que se afana por no ahogarse en el mar y que, cuando llega a tierra, le ofrece una ayuda que ya no necesita?
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[A David Hume, pero de valor universal] En verdad, no sé si es que primero era idiota y eso lo ha convertido en un canalla o si ya era un canalla y eso lo ha hecho un idiota.
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[Sobre la Calzada del Gigante, en Irlanda] ¿Vale la pena verlo? Sí. Pero no vale la pena ir a verlo.
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El tamaño de la inteligencia de un hombre siempre puede conocerse a través de su alegría.
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Un hombre, caballero, debería mantener su amistad en constante reparación.

5 comentarios:

Dal dijo...

Qué curioso, lo que para Johnson es burla grosera para Borges es arte de injuriar. Lo cuenta allí como un buen ejemplo de camuflaje de la verdadera injuria bajo otra menos hiriente, con traducción deliciosa: "Su mujer, con el pretexto de que trabaja en un lupanar, vende género de contrabando," creo que era.

Enrique García-Máiquez dijo...

Sí que es curioso, y quien sabe si triste (al menos para los progres) por lo que demuestra cómo vamos retrocediendo en sensibilidad: lo que en el XVII era una grosería, se convierte en el XX en una sutileza.

Dal dijo...

Lo he encontrado: "Dos ejemplos finales. Uno es la célebre parodia de insulto que nos refieren improvisó el doctor Johnson: Su esposa, caballero, con el pretexto de que trabaja en un lupanar, vende género de contrabando. Otro es la injuria más espléndida que conozco: injuria tanto más singular si consideramos que es el único roce de su autor con la literatura. Los dioses no consintieron que Santos Chocano deshonrara el patíbulo, muriendo en él. Ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia. Deshonrar el patíbulo. Fatigar la infamia. A fuerza de abstracciones ilustres, la fulminación descargada por Vargas Vila rehúsa cualquier trato con el paciente, y lo deja ileso, inverosímil, muy secundario y posiblemente inmoral. Basta la mención más fugaz del nombre de Chocano para que alguno reconstruya la imprecación, oscureciendo con maligno esplendor todo cuanto a él se refiere —hasta los pormenores y los síntomas de esa infamia".

Jesús Sanz Rioja dijo...

Parecido en la forma, pero de intención mucho más inocente, es lo de Les Luthiers: "Aquello (el garito de juegos prohibidos, alcohol y prostitución) no era más que una tapadera para la auténtica fuente de sus ganancias: en la trastienda funcionaba un almacén" (o tienda de ultramarinos, que en Argentina deben de tener bastante mala fama).

Jesús Beades dijo...

Geniales las dos últimas. Las de las mujeres papistas requiere, quizá, aclaración.