viernes, 4 de mayo de 2012

La del Alba sería

En el semanario Alba de esta semana sale mi última colaboración. He tenido durante más de un año una sección llamada "Letras puras", compuesta por cuatro glosas, tituladas: ¡Ah!, ¡Eh!, ¡Oh! y ¡Uh!. La i la hacían, en el centro y grandísima, un círculo, "La vuelta al mundo en blog", donde recogía algo de la volandera blogosfera y el palito de la i era un poema y un levísimo comentario. Nunca he subido la sección entera aquí, pero sí bastantes glosas, las más rayostronantes. Hoy, como excepción, despedida y, sobre todo, homenaje a mi hospitalaria casa durante un buen puñado de años, va entera: 

Ah) Adiós, gracias, adiós, donaires
El mejor método para el trabajo literario se lo he leído a Millôr Fernandes, aforista brasileño que acaba de morir: “Después de bien ajustado el precio, se debe trabajar siempre por amor al arte”. Creo que nunca lo cumplí más exactamente que con esta sección de "Letras puras", que tanto he querido y que hoy llega —porque todo llega— a su fin. Quisiera dar las gracias al semanario Alba por su hospitalidad: publicar y comentar un poema semanal es algo insólito en la prensa. Y a ustedes, mi ¡ah! y mi ¡oh! más sorprendido y admirado, por su impagable compañía. Ojalá hayan disfrutado la mitad que yo, que ya sería muchísimo.

Eh) El espíritu de la escalera.
Con lo que me he devanado los sesos para encontrar temas para “Letras puras”. Y ahora, sin embargo, se me van a ocurrir un montón. Es el dichoso espíritu de la escalera, que dicen los franceses. Ya saben: a uno siempre se le ocurre lo que tuvo que decir en el salón cuando está bajando ya la escalera hacia la calle. Qué fantasma tan burlón. Seguro que ahora me visita sin cesar. Aunque me quedará un consuelo: la de veces que le engañé. Me soplaba en la escalera un tema bonito para el número pasado, como él acostumbra, y yo me daba la vuelta y lo escribía en el siguiente. Si ahora se burla un poco de mí, lo tengo merecido.

Oh) Las últimas palabras
Las últimas palabras gozan de gran predicamento. Ana Bolena, cuando iban a decapitarla, le dijo al verdugo: “No os daré ningún trabajo. Tengo el cuello muy fino”. En idéntica circunstancia, al aristócrata francés Henri de Xavière le ofrecieron un vaso de vino. Respondió: “No, gracias. Cuando bebo suelo perder la cabeza”. Yo quisiera lucirme en el trance mío, cuando me toque, que espero que tarde, y ahora, en estas "Letras puras", que ya toca, porque acaban. Pero no creo, porque mis últimas palabras favoritas no son brillantes, sino tiernas. Son las de Pancho Villa a un periodista americano: “Diga usted que dije algo”.


Uh) Suplementos culturales
Dicen que los suplementos culturales son muy malos. Menos mal. Yo de su lectura salgo agobiado bajo el peso de mis deseos. Cuántos libros que leer, cuántos asuntos sobre los que reflexionar, aniversarios que celebrar, discos que oír, exposiciones en las que internarse, películas que ver y clásicos que releer, que remirar y que rever, según sean libros, cuadros o películas. ¿No deberían ser trimestrales los suplementos? ¿Se les puede seguir el ritmo semanal si nos los tomamos en serio? ¿O quedaremos hundido bajo tantas recomendaciones? Lo bueno de cerrar esta sección es que dejaré ya de recomendarles lecturas. Descansen.


Blog) El mío por fin

Qué tentación todos estos números de Letras puras aprovechar esta sección para colar alguna de las cosas que casi diariamente voy sacando en mi blog, llamado Rayos y truenos, donde tienen ustedes su casa. La tuvieron siempre, por supuesto; pero a partir de ahora, quizá con más motivo. Alguna vez he recordado hablando de mi blog lo que González-Ruano contaba de Mariano José de Larra, de su "ilusión típicamente figarina de poseer un periódico propio, un órgano de expresión —ilusión máxima de propiedad de un escritor—. Ilusión superior a la de poseer un reino político. Fígaro murió en 1837 a punto de conseguir un periódico —Fígaro— que hubiera sido su "Boletín de teatros, música, modas, Bellas Artes, costumbres, amena literatura, política, Cortes, noticias, anuncios, etc.". ¿Y no nos cumplen a nosotros los blogs —me preguntaba— esa ilusión máxima, superior a la de poseer un reino político? En realidad, no, porque el papel es mucho papel, y la compañía de tantos buenos compañeros y de los lectores reposados que internet quizá no da. Alba me ha dado todo eso y más: un cuidado exquisito en la edición de mis páginas, un equipo de dirección que me mimó con la ternura ruda que sólo se ve en las pelis de periodistas, un puñado de amigos para siempre, casi un grupo literario-periodístico-generacional y, sobre todo, unos lectores atentos y fervorosos en toda la ancha España. Pero si el blog no es un reino, es una pequeña república, y más vale eso que ser un apátrida de la pluma.

Poema) La muerte del Maestre

[…]
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos, y hermanos,
y criados,
dio el alma a quien se la dio,
el cual la ponga en el cielo
en su gloria.
Que aunque la vida perdió,
nos dexó harto consuelo
su memoria.

Las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique (1440-1479) son un poema insuperable, una de las cumbres de la poesía universal, que dan además una nota específicamente española y cristiana en el canon. Su sobriedad y claridad expresivas, su exactitud, su música recia, su sentimiento viril marcan un camino a la poesía española de todos los tiempos, que no debería perder de vista nunca jamás. Y, centrándonos ya en lo nuestro, que son estas dos sextillas manriqueñas finales, la descripción de la muerte del Maestre don Rodrigo es un ejemplo perfecto de lo que tiene que ser una buena muerte: rodeado de la familia, sin lamentaciones inútiles, con la inmensa suerte de disponer aún de todas las capacidades, con los ojos puestos en lo Alto, que es lo que importa, y dejándonos además de propina el consuelo humano y literario por excelencia: la memoria.

9 comentarios:

Gonzalo dijo...

¡Oh!

Te echaré de menos. Aunque venga por aquí, lo sabes, no es lo mismo. Aquí la página no se te dobla, ni arruga, ni mancha. Ni mi hijo tira de ella, ni -maldita sea- le caen gotas de colacao.

Y pensar que todo parecen ventajas dicho así...

gatoflauta dijo...

Una mínima observación métrica: lo que tú llamas "sextina" no es tal (la sextina es la estrofa, de origen trovadoresco, en que está escrita por ejemplo la "Apología y petición" de JGB). Las manriqueñas son sextillas, cosa muy diferente. Se te seguirá leyendo, aquí o donde sea.

Enrique García-Máiquez dijo...

Corregido. Un máximo agradecimiento.

Ignacio Trujillo dijo...

Soleá

Tengo una pena en el alma
se fue su mejor estrella y
qué sola se queda el Alba

pero léase con voz desgarrada y seca,las cejas fruncidas y una mano extendida y abierta:

Tengo una pena enelarma
se fue su mejón ectrella
que sola se quea e larba

Ignacio Trujillo dijo...

Con las prisas siempre cometo un montón de faltas, la "y" del segundo ripio no sé de donde ha salido, me choca como una patá en un ojo. Suprímase, por favor.

María dijo...

¡Estos de alba se han vuelto locos!

Anónimo dijo...

La estrofa manriqueña es ciertamente recia y viril pero, al mismo tiempo, la alternancia del tetrasílabo le da un aire no sé si funeral o de melancolía o, quizás mejor, de resignación. Es este último sentimiento el que les queda a los lectores de Alba.
Alguien muy próximo observó que las rimas de estas estrofas vienen a coincidir con el orden en que intervienen los toreros en las corridas: 1º y 4º: 2º y 5º; y 3º y 6º.
Jilguero

Enrique García-Máiquez dijo...

¿Quién ese era alguien tan próximo y tan fino? Qué observación tan torera, a lo Manuel Machado.

Y a los demás muchísimas gracias hasta por las exageraciones.

Anónimo dijo...

También es de observar (y esto ya es de mi cosecha)que como en las corridas los versos más jóvenes, lo de menos sílabas, van al final).
Jilguero.