lunes, 7 de mayo de 2012

Sus labores


El tren a Sevilla de las 12 de la mañana va lleno de universitarios que han alargado un poco más su fin de semana. En los asientos de delante, charlan animadamente unas chicas. Hablan de sus respectivos pisos de estudiantes y comentan con minuciosidad y todo lujo de detalles cómo de limpios o de sucios son sus compañeros, cómo de blanca o no les queda la ropa, la plancha, el reparto de labores domésticas, el incumplimiento de unos y los desvelos de otros, los enfados de todos, los enfados de todos y de cada uno. Según pasa el tiempo compruebo atónito —mientras intento leer— que no agotan el tema, ni muchísimo menos. Es más se crecen. De pronto, empiezo a sentir una honda nostalgia por los bedders de Cambridge, por los scouts oxonienses. Yo no los conocí más que en las novelas, claro, pero la delicada administración —rayana en la invisibilidad— de mi Colegio Mayor cumplía la misma función, quizá con creces. Antes de que alguno me acuse de elitista, advertiré que, para evitarnos disgustos, esto puede leerse cum grano salis, de sal del lavavajillas, específicamente, que de eso también hablaron. Al final, dieron el salto —yo lo había esperado mucho antes— a las redes sociales, sí, pero muy al final, y es una hora y media de viaje. De lo que no hablaron nada es de las carreras que estudian (me quedé con las ganas de saberlo) ni de las asignaturas ni de alguna conferencia ni de ningún libro. Nada. En blanco. Una hora y media. 

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Pensando bien, es admirable la capacidad de desconectar de esas viajeras, que hemos de suponer paralela a la extremada facilidad de concentración en las horas de estudio. Pensando mal…
Jilguero

Hipótesis de Riemann dijo...

Eso es un retrato social y lo demás son cuentos.
Una radiografía.

Hipótesis de Riemann dijo...

También es un exponente de un comportamiento social que se puede observar: Cuanto más inmaduro o "tierno" es socialmente un grupo, más difícil es que cambie de tema de conversación, por muy trivial que sea éste. O, en el otro extremo, cambia constantemente.
Un grupo maduro, con habilidades sociales asentadas, y con cierta confianza, lo normal es que pase naturalmente de un tema a otro de manera fluida pero no compulsiva. Hala, toma sociología de propia cosecha.

Balaverde dijo...

"Estudiar" llevan "estudiando" los pobres desde los 6 años, la novedad en esa etapa de su vida serán las labores domésticas. A mí también me pasó cuando pasé de la sigilosa administración del CM a hacer yo mis labores. Ojalá una compañera de tren me hablara de sus labores y no de libros que no pienso leer, música que me da igual y pelis que agradezco a Dios no tener que ver. De petardas haciéndose las interesantes están los vagones llenos.

Eduardo del Pino González dijo...

Alumnas mías no eran, porque estaban en clase!

Miguel dijo...

Es relativamente fácil saber qué carrera estudian por la forma de vestir, aunque si en una hora y media no hablaron de Los Simpson es seguro que no estudiaban Ciencias Físicas y si no estuvieron todo el trayecto programando fiestas no son de Periodismo.

Suscribo el comentario antipedantes de Balaverde. No hay nada más insoportable en el Metro que un moderno de Bellas Artes...

Céfiro dijo...

A mi me encanta imaginar cómo son sus días más allá de la conversación que se escucha, de la información más o menos recortada que trasmiten... me gusta fabular con eso, darle forma a unas vidas que a buen seguro no serán de la forma que las pienso pero me ayudan a completar la historia y a no pasar en blanco el viaje.
Un saludo.

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Me temía que mi entrada, que es efectivamente un retrato o una instantánea no se leyese bien.

Y sobre lo pedantesco o no de hablar de libros y películas siendo un joven universitario de veinte años no lo discuto, es pedante o puede serlo con grandes probabilidades, pero es lo que toca a esa edad, o debería, creo. Evelyn Waugh sacó petróleo de esa situación, e hizo muy bien, claro.

Balaverde dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique García-Máiquez dijo...

Ahí me has dado, Balaverde: no sólo como argumento lógico es impecable, sino subconsciente: porque la universidad es una mierda hablan tan obsesivamente de limpieza.