sábado, 17 de noviembre de 2012

Me gusta, me gusta


La entrevista a Abelardo Linares. No porque sea mi editor, sino porque leyéndola me enorgullece que lo sea. 

Y la nota de lectura de don Javier Vicens. Por mi libro, lógicamente, y por el suspense de esa errata misteriosa (que será error), pero sobre todo por su sonrisa. Y también por lo de Blas de Otero. 

Y para que esto no se quede en un facebukiano me gusta, me gusta, confesaré otra alegría que me ha dado la reseña. Leyendo la delicada y dedicada de Marqués al libro de Chris Bachelder, que no he leído, pero que leeré inmediatamente, tuve un tonto ataque de celos, valga la redundancia. Oh mi pobre Pábilo vacilante, que va de lo mismo, entre otras cosas, y que se ha apagado en unos meses, sin dejar rastro en la aire ni en el agua espuma, me decía. Seguro que A propósito de Abbott vale más y que así y aquí sólo me pongo en evidencia, pero asumo el riesgo del ridículo con tal de agradecer a la nota de don Javier que me haya recordado, cuando más falta me hacía, que los libros tienen su vida y que ahí están, ocultos como el celemín bajo la cama, hasta que encuentran su lector. 

14 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

Me he quedado pasmado cuando he abierto el enlace de D. Vicente. Me voy por la página 145 de "lo que ha llovido" y me lo he leído durante esta semana también. Lo saqué de la bibioteca el viernes pasado. Pensaba hacer una reseña en mi blog. Que haré, no obstante para el que no lea Zaqueo,cuyas palabras suscribo (errata incluida)o este blog, porque no esta hecha la lámpara para que se ponga debajo del celemín. Me lo estoy pasando en grande. Mi admiración sube de grado.

Ignacio Trujillo dijo...

Donde dice Vicente, póngase Javier. ¡Las prisas!¡los niños!

Anónimo dijo...

Hola, Enrique. Leí por ahí que este año le darás el Adonais a tu amiga Arana... ¿será?

Enrique García-Máiquez dijo...

No lo sé, amable anónimo. No he leído aún los libros finalistas (la preselección no la hago yo). Lo haré varias veces cada uno con mi mejor atención y votaré por el que considere mejor, como haría usted. Además, mi voto sólo es uno en un jurado de cinco. Y por suerte, se publican dos accésits, de modo que el fallo del jurado siempre puede ser juzgado y contrastado por el lector. Diga por ahí que no hay por qué preocuparse.

Anónimo dijo...

No, nos nos preocupa ni nos sorprende, pues conocemos muy bien las prácticas habituales en vuestro círculo, siempre honestos: no dudamos de su imparcialísimo voto, don Enrique. Diré por ahí que vuestras manos son casi inmaculadas. No pueden ser de otro modo, dada la tinta religiosa. :)

Enrique García-Máiquez dijo...

Ya, pues estupendo.

Enrique García-Máiquez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ignacio Trujillo dijo...

La cobardía del anonimato me subleva. Comentarios de esa calaña o se hacen con nombre y apellidos o se calla uno. ¡Qué despreciable villanía!

Anónimo dijo...

Sí, Ignacio Trujillo, tienes razón... la cobardía del anonimato versus los caradura de los jurados. Eso sí es valentía. En estos casos, lo que más me gusta es ver cómo las formas de defensa se limitan no a la médula del problema si no al anonimato. Claro. La verdad siempre puede borrarse.

Ignacio Trujillo dijo...

Desconozco absolutamente la médula del problema. No puedo discutir, por ello, sobre el fondo del asunto, aunque en este caso concreto me fío de la probidad de EGM, cuya pertenencia a jurado alguno desconocía. Estoy seguro de que los malos poetas resentidos se preocupan de conocerlos a todos con pelos y señales. Acusar sin fundamentarlo y anonimamente sigue siendo cobarde y despreciable.

Enrique García-Máiquez dijo...

Usted me condena a priori, sr. Anónimo, dando por hecho que yo no voy a votar, en un jurado de cinco, con la máxima honestidad. Es mucho dar por hecho. Podría, es cierto, renunciar a formar parte del jurado, y según acabe de escribir este comentario, pondré toda nuestra conversación a disposición del responsable de la colección y de la editorial, por si lo estiman pertinente. Con todo, en un mundo tan pequeño como el de los poetas y pretendientes a poeta, lo normal es que siempre conozca a alguno de los autores de los libros presentados. El año pasado tenía amistad con dos, y ninguno de ellos ganó nada, aunque presentaron libros muy dignos. Simplemente nos pareció que eran aún mejor los del ganador y los accésits. Este año también conozco a dos, y eso no tiene que representar nada en su favor ni tampoco debe hacerlo en su contra. Tendría gracia que ganase usted o su amigo o su conocido, y que viese con la claridad que da la alegría que el jurado es muy honesto. Si pasa, por favor, venga a contárnoslo aquí.

El Justiciero Enmascarado dijo...

Este anónimo, que combina ignorancia y resentimiento, debe de ser de los que piensan que sólo puede ganar limpiamente un premio alguien a quien no conozca ninguno de los miembros del jurado correspondiente. El pobrecito está en la inopia. No sabe que es casi imposible que alguien con cierto talento no sea conocido en los ambientes literarios, por sus libros anteriores, sus publicaciones en revistas, sus lecturas públicas o lo que sea. Por otro lado, da por cosa segura que EGM es un canalla. Supongo que por aquello de que "piensa el ladrón que todos son de su condición". Le invito pública y solemnemente a que nos enseñe aquí alguno de sus poemas.

Anónimo dijo...

Ni soy poeta ni me presentaría a premios, don Enrique, pero he de decir, en honor a la verdad, que su respuesta es muy digna ante mis provocadores e infundados (lo reconozco) comentarios. La leo con humildad, de verdad, sin sorna. No obstante, el señor Trujillo, que aquí hace las veces de escudero, hay que decirlo, no ha sido capaz de descubrir ni la médula ni el fondo de nada. Lo dejo aquí, no más molestias de parte de este anónimo.

Enrique García-Máiquez dijo...

No molestó, sr. Anónimo. De hecho, le agradezco que haya provocado esta conversación. Y sobre todo le agradezco muchísimo su último comentario, que hace honor a la verdad y a usted mismo de una forma que no suele ser habitual por los pagos anónimos.

También habrá sorprendido muy positivamente al J. E., que ahora seguramente retiraría sus juicios personales. Su explicación del mundo literario y los premios que no la retire por nada del mundo: es exacta y clarísima.

Ignacio Trujillo lo único que ha hecho, además de reconocer que no conoce el asunto, es confiar en mi honestidad. Se lo agradezco, y espero no defraudar su confianza.

Abrazos, y muchas gracias a los tres.