viernes, 11 de abril de 2014

Reza un poema de Rilke:



¡Dios mío! Tú el heredero has de ser.
Heredarás el verde
de los pasados jardines y el encalmado azul
de los cielos caídos.
El rocío de mil días,
y los muchos veranos de que nos hablan los soles,
y las puras primaveras con esplendores y quejas,
tal como cartas de una mujer joven.
Tú heredarás los otoños, que están en los recuerdos
de los poetas, guardados como vestidos suntuosos,
y todos los inviernos como países huérfanos,
acudirán a Ti.
Tú heredarás Venecia, como Kazán y Roma,
Florencia será tuya, la catedral de Pisa,
la Troitzka Lawra y aquel monasterio
que entre los jardines de Kiev
forma un laberinto
de corredores obscuros y secretos;
Moscú, de campanas hondas como recuerdos
toda la música será tuya: violines, trompetas, palabras,
toda canción de melodía profunda
brillará en Ti pura como una piedra preciosa.
Tan sólo para ti meditan los poetas
y salen a la caza de imágenes,
musicales y ricas,
y van madurando a través de figuras
y están toda la vida tan solos…
y los pintores sólo pintan
para eternizar lo que es perecedero,
para que vuelva a Ti inmortalizado,
cuanto creaste Tú perecedero:
tórnase todo incorruptible.
Mira, cual la mujer, ya desde largo tiempo
está en Madonna Lisa madura como el vino;
ninguna otra mujer debería existir,
pues una mujer nueva nada aportaría de nuevo.
Los escultores bien se parecen a Ti,
quieren Eternidad. Y dicen: ¡Oh tú, piedra,
vuélvete eterna! Que es como decir:
¡Piedra, hazte suya!

Y aun los amantes cosechan para Ti:
unos breves instantes son poetas,
en una boca inexpresiva saben imprimir
besando, una sonrisa, como si la tornasen más bella,
y traen su placer y el acostumbrado dolor,
que dejaron crecer en sus pechos.
Sufrimientos escóndense en sus risas,
anhelos que dormían y despiertan
para llorar sobre el pecho de otro.
Atesoran enigmas y  misterios para luego morir
sin comprender, tal como los animales mueren;
pero quizá tendrán nietos
en que madurará el verdor de sus vidas,
y llegará por éstos a Ti aquel amor,
que ellos gozaron ciegos y como si durmiesen.
Y así fluye hacia Ti la abundancia del mundo.
Y tal como las pilas más altas de las fuentes,
sin cesar vierten a las más profundas
las guedejas brillantes de sus sueltos cabellos;
así también se vierte la abundancia en tus valles,
cuando los pensamientos y los seres rebosan.

[Trad. Jaime Bofill y Fierro]

* Me he permitido tachar dos versos no sólo por caballerosidad ni por Leonor y Carmen, sino porque me parece que se le fue la mano a Rilke y que si se piensan un poco son contradictorios con el resto del poema. Lo he hecho, pues, en defensa del propio Rilke y su extraordinaria oración. "Y así fluye hacia Ti la abundancia del mundo"