jueves, 19 de febrero de 2015

Cascada


He entrado en bucle memorialístico. Tras la enfermedad, por las revisiones, mis padres iban muchísimo a Madrid, cada tres meses al principio, luego cada seis, una vez al año al final. Igual que fui consciente de la enfermedad y la sombra de la muerte, una más de la familia, no lo era en absoluto de la angustia que precedería a esas visitas médicas ni del alivio con el que volverían mis padres a casa. Quien sabe si su amor y el mío a la casa viene de ahí. Traían siempre regalos, que aguardábamos impacientes y seguros. Éramos (también de eso fui consciente) unos privilegiados por tantos libros y cosas. No fui consciente (hasta ayer ) de que aquellos regalos eran expresión perfecta de la alegría y del amor de mis padres y he sentido que tenía que haberlos celebrado muchísimo más. Fuimos, sin lugar a dudas, niños muy mimados, y puedo recordar claramente que algunos amigos lo percibían así, pero es que mis padres se sabían muy mimados por Dios, y todo caía en cascada.