jueves, 3 de marzo de 2016

Gatopardo



Muy recomendable biografía de Lampedusa: El último Gatopardo, de David Gilmour. A ratos, inquietante, casi siempre deliciosa. Un ejemplo de lo primero, su psicoanalizable matrimonio con la psicoanalista Lizy Wolff-Stomersee. Uno de lo segundo, cuando un pastor  le pregunta en Inglaterra si pertenece la High Church o a la Low Church y contesta, para mi lógico regocijo, que "a la Iglesia más alta".

Pero si escojo ese ejemplo lo hago con mala conciencia, lo confieso, llevado por mi espíritu combativo. Hay muchas otras cosas. Esta contestación a una pregunta absurda no tiene desperdicio: "Si me dijeran que todas las obras de Shakespeare debían sucumbir, menos una que yo debiera elegir, primero intentaría matar al monstruo que me hubiese hecho la propuesta; después, si no resultaba, intentaría suicidarme, y si ni siquiera pudiera llegar a eso, pues bien, al final de todo, elegiría Medida por medida".


Otra maravilla, también muy personalizada, ha sido caer en la cuenta de que este hombre, con todo el tiempo del mundo, sólo se puso a escribir su novela cuando asumió la pesada carga de... ¡dar clases! Dios le bendiga de mi parte, que tantas tentaciones tengo siempre de culpar a la pedagogía de mis diversos males.


Y hablando de mi lectura egocéntrica, yo lo he leído recordando a cada paso mi viaje a Sicilia, tan inolvidable. Con un asombro alborozado he visto que nuestro hotel en Palermo tenía a su espalda la vía Butera, donde vivió Lampedusa muchos años y los más fructíferos. Quizá podría haber visitado su palacio. Aunque la página web hace bastante bien el papel




También me ha hecho mucha gracia una tontería. Creo que conté aquí que el viaje empezó con mal pie y que me perdieron mi maleta. (A la vuelta, también, por cierto.) Yo, angustiado, salí esa misma tarde a comprar compulsivamente calzoncillos y calcetines por Catania (caten la aliteración). Creo que era sábado y estaba casi todo cerrado. Encontré modelos bastante discutibles. Al día siguiente reapareció la maleta, y aún tengo todo aquello sin estrenar. Pero ahora he caído, con regocijo parejo al de la calle del hotel, que en aquellos calcetines tan cortos, que aún guardo, había bordado, inesperadamente, ¡un gatopardo!




3 comentarios:

Ángel Aponte Marín. dijo...

Gilmour es autor de una gran biografía de Kipling. Una maravilla.
Saludos.

El lejano dijo...

En un lugar como esa biblioteca con esas vistas también escribía yo El Gatopardo... ;-)

Si el cielo existe seguro que hay lugares como ése - o como alguno de éstos:

http://www.sopitas.com/483889-las-50-bibliotecas-mas-bonitas-del-mundo/

Enrique García-Máiquez dijo...

Ya me he comprado la de Kipling, ay de mí y de mi economía. Gracias, Ángel, a pesar de todo.

Y, curiosamente, al príncipe no le gustaba nada esa casa, echaba de menos el Palazzo Lampedusa que no tuvo ánimos de restaurar, tras ser destruido en el bombardeo. Éste era un palacio insignificante. Por eso, las fotos me han sorprendido mucho. Supongo que la restauración de Giaochino Lanza-Tomasi habrá sido clave.