viernes, 30 de septiembre de 2016

Libro


Carmen me trae un folio plegado con un dibujo en la cubierta y líneas como olitas en todas las otras páginas. "He escrito un libro". Qué bonito, le celebro y. haciendo como quien lee el título, recito con voz temblorosa: Últimas tardes del verano, según mi talante elegíaco de estos días. "Oh, no, no, se titula La niña que no sabía obedecer." Ah, se trata de literatura revolucionaria, entonces. 


2 comentarios:

Pablo75 dijo...

La anécdota me recuerda lo que decía Umbral de los niños: que, contrariamente a lo que creen con frecuencia los adultos, no son líricos, sino épicos.

Enrique García-Máiquez dijo...

Qué bien me viene esta cita para lo que tengo que escribir sobre Narnia. Muchas gracias.