martes, 2 de mayo de 2017

Bobin en el barbero


Desconocen el carácter épico de la lectura aquellos que jamás dejan un libro. Poder aplicarle la pena máxima a un título llena de tensión cualquier lectura. Lo he vivido intensamente con Resucitar, de Christian Bobin, que he sopesado dejar a cada página, casi. Me cansaba un estilo que se le ha convertido en manera, la doblez de protestar tanto de quienes hablan de Dios y no parar de hacerlo (a veces, bien), el desdén por todos los demás escritores (menos él), una propensión muy meticulosa a juzgar al prójimo (mal) y cierta vanidad sostenida en mi menor. Pero cada vez que iba a dejar el libro en el estante aparecía un detente. Un brillante rompimiento de gloria. Además del del periódico, he escogido éstos:
 Son tan numerosas las luces que se nos han concedido que, aun queriéndolo, no podríamos echarlas a perder todas.  
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Todo lo pueden contabilizar en sus cálculos, salvo la gracia, y por eso sus cálculos son inútiles.  
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Todavía no se ha escrito nada sobre la bondad, y es que a la escritura le queda por delante un porvenir inmenso.  
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Su ambición nace de su falta de atención.  
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Nadie olfatea la santidad tan rápido como el diablo.  
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A cada instante, algo viene a socorrernos.  
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Esta mañana he visto a una tórtola batir sus alas en el instante mismo en que salía de las manos de Dios.  
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La atmósfera de nuestro tiempo es irrespirable y, sin embargo, seguimos respirando. ¿Estaremos muertos ya?  
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Un intelectual, es decir, alguien a quien su propia inteligencia le impide pensar.  
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La mayoría de la gente está hoy día tan perfectamente adaptada la mundo que llega a ser inexistente.  
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No hay más consuelo que la verdad.  
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Varias veces al día, miro furtivamente por la ventana la luz dorada del tilo, como un gato lame su leche a lengüetazos decididos y ávidos.  
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[Su incapacidad para adaptarse a los horarios y a la rutina laboral] Me resulta imposible vivir en un mundo en el que no creo.  
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[Flores cortadas de los arriates por un anciano polaco en el asilo para ofrecérselas a las enfemeras] Resplandecían entre sus dedos, gozándose en una vida que, de pronto, se había hecho más breve pero más pura.  
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 Mi mesa de trabajo está frente al abedul y el abedul está frente a Dios. Intento colocar mis palabras en esa línea que dibujan los tres.


lunes, 1 de mayo de 2017

La finura de Chesterton



Chesterton bromeó mucho con su gordura, pero jamás presumía de su altura y medía 1'93. Conozco personas con diez centímetros menos que van por la vida la mar de estirados. Él podía, como mínimo, haber hablado no tanto de su gordura como de su tamaño, y hubiese sido, además, más exacto. Pero prefirió mirarse -y hacernos verle- por el lado más grotesco. Sabía que era lo más sano para el alma. Y lo más fino: lo que menos hiere la susceptibilidad de los pequeñitos, lo que más les divierte. 

También pesaba 13o kilos, o sea, que no se inventaba nada. Y otro rasgo de finura, esta vez intelectual es que alguien con tal sobrepeso hiciera una literatura tan ligera y ágil. Mi experiencia es que la gordura acaba embotándote el ingenio. Tiene el detalle con nosotros de que no le notemos los kilos de más ni el resuello en su prosa. 




viernes, 28 de abril de 2017

San Juan de Dios


He recibido un folleto precioso con un poema de Mario Míguez aún mejor. Tiene un arranque extraordinario: "Todo hospital es un lugar en llamas" y un cierre inolvidable: "alegre como sólo / puede en el mundo estar alegre un niño". En medio, mantiene la tensión en brazos de tres llamas: la de la fiebre, la del amor de Dios, la del incendio. Y hace una defensa más que oportuna del derecho a la vida hasta el último aliento. Pero lo más admirable es que un contemporáneo se atreve con un poema narrativo y hagiográfico y sale con bien del intento. Mejor que bien. Para que lo leáis con vuestros propios ojos:


jueves, 27 de abril de 2017

Conversación con los vivos


Vivo en conversación con los vivos y escucho con mis ojos a mis columnistas. Cuánto me gustó la llamada a la acción y al carisma de Carmen Oteo, además de su literaria evocación de su profesora de literatura, demostrando con los hechos la lección aprendida y más, devuelta con intereses. Luego me he atrevido a sumar la cruz, más basta, porque todo es moneda, y ahí está el valor.


miércoles, 26 de abril de 2017

Instantáneas robadas


Precipitadamente, como un ladrón travieso de manzanas, he entrado en el ameno huerto de Miguel d'Ors y he sacado estas imágenes de su último libro, Manzanas robadas (Renacimiento, 2017). Me habría llevado un buen montón de poemas enteros, pero tenía que saltar la valla de vuelta. Sólo soy un ladronzuelo, recuerden: 

... la mansedumbre vertical de humo.
con una nitidez hiperrealista.
[ciruela] su piel empañada / y alguna hojilla díscola.
[en un río] y algún / plástico impertinente.
[cisne] con ese empaque altivo de aristócrata ruso
cuando la casa era de verdad una casa / con tres generaciones de voces recorriendo / sus estancias ... 
el canto erguido de los gallos […] los huevos morenos con alguna plumita / pegada, muy suave
el pespunte sonoro de un mirlo en el ocaso
A aquella nuca debo parte de mi ignorancia.
[Silencios predilectos] Pero ninguno como el de sus ojos / tres segundos después de perdonarme.

*
la realidad. Lo que suceda fuera de ella, / frankly, my dear, ya sabes...

martes, 25 de abril de 2017

Mareo e inspiración


A mi debilidad vírica se junta el vértigo de mis nuevas gafas. "Normal que un reaccionario se resista a las lentes progresivas", trato de consolarme con un juego de palabras, que es lo mío. Ando -tropezando- investigando efectos visuales. Y al mirar al espejo retrovisor de mi coche, tan cerca de mi cara, tan lejos de mi vista, me he preguntado con qué parte de las gafas lo estaría mirando, porque el objeto estaba al lado, pero el objetivo al fondo de la carretera. Y he pensado en un método óptico de crítica literaria. Hablaríamos de grandes libros cuando para leerlos, de golpe, debiésemos cambiar las gafas de cerca por las de lejos, como el que mira por una ventana. 


domingo, 23 de abril de 2017

Así es la vida


Aunque era más de Facebook, he colgado en Twitter esta foto. He ido a cumplir con mi turno de lectura en la continuada del Quijote de la Academia de Bellas Artes de mi pueblo. Muy del Quijote, por cierto, lo de la Academia, eh. Y cuando ha sido mi turno, sin preparación previa, mis hijos se han venido conmigo al micrófono:


La estampa ha tenido gran éxito de crítica y público en el acto y en las redes. Muy bien. Sin embargo, lo más impactante ha pasado después.

Enrique aprendió ayer a montar en bici sin ruedines. Le ha costado más que a Carmen. Pero ayer salió solo, por fin. Y hoy, tras la lectura quijotesca, nos hemos cruzado con un niño que iba por la calle con sus padres y me lo ha señalado ostentosamente y ha dicho en voz alta: "Mira qué niño más grande y todavía con ruedines". Lo he mirado, no al niño de la bici, a Quique, lo he mirado incrédulo, y estaba muy serio, con una cara que oscilaba entre el desprecio y la burla. 


viernes, 21 de abril de 2017

Proceso de lectura




Ante cualquier libro de poesía mi primer sentimiento es una indiferencia absoluta, que se va disolviendo en jirones de pereza que vence a duras penas el interés profesional por saber qué se está haciendo o qué puedo aprender yo o aprehender. Al interés lo desplaza, con suerte, la envidia, si el libro es bueno. Y a la envidia, si es mejor, la admiración. A la admiración la anega el asombro, que me saca de mí. Y al asombro lo ilumina la gratitud, que enseguida se transfigura en alegría que se transforma en una plenitud de estar vivo y en el deseo paradójico de estarlo aún más y que va a dar, siempre sorpresivamente, en la oración. Entonces puedo decir que fue una lectura de poesía completa.




jueves, 20 de abril de 2017

Y el viento se retuerce



“Las palabras se las lleva el viento”, sí, pero qué negativos somos, ¡y las que trae, qué! Llevamos dos días charlando sin parar del levante que no para.
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Es tan amiga mía la pereza que me alegra la levantera porque me cierra automáticamente, de un golpe de muñeca de mayordomo solícito, la puerta de casa.
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¿De dónde sale tantísima suciedad como saca el viento a la calle?
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La luna flota en la noche de levante como el corcho en un mar revuelto.
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HOMÉRICO

El árbol caído adquiere la dignidad de las derrotas épicas.

(Árbol del paraíso del IES, hoy puro símbolo)
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Han faltado muchos alumnos de los más pequeños porque las madres han sido prudentes y maternales, pero uno no deja de temerse que se los haya llevado (flautista de Hamelin) el levante.

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Al cruzar una explanada se sorprende uno agradeciéndose su sobrepeso.
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Las hojas que sobrevivan a este vapuleo van a encarar el otoño con una autoestima perennifolia.
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(La doble n de “perennifolia” es un caligrama: la n, la hoja que no se cae ni loca.)
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Francisco Bejarano habla del viento del Norte en este poema. Es por disimular con un septentrional toque culturalista. La experiencia biográfica que alienta por detrás es el levante, evidentemente:



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¿Y si la fuerza ciega del levante fuese la suma de todos nuestros suspiros de resignación, ays, por el levante que hace?


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Post scriptum, por ejemplo:




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Post scriptum, 2:

Paso por delante de la casa. Hace unos días me contaron que habían puesto muchas luces con sensor de movimiento y que así estaban más prevenidos contra los ladrones. Pero hoy el levante lo mueve todo y la casa parece la portada de la feria de Sevilla. 

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Post scritum, 3:






miércoles, 19 de abril de 2017

El viento, el viento


A la salida de la reunión de planificación educativa, un levante furioso me quería arrastrar. Daba hasta miedo. No lo había visto así de enfadado desde hacía mucho. Bastaba el mástil del velero para que éste escorase, y las palmeras andaban locas, revoleadas. Hice una foto:



Un golpe de viento se llevó mi pensamiento, lo que me vino bien, porque salía dándome golpes de pecho. "Qué poco me importa lo que importa", me decía, porque mira que es trascendente la planificación educativa; y cuánto esfuerzo psicológico había tenido que hacer para estar atento.

La mente se me iba volando a dos cosas de anoche y de mis niños. Por reírse de mí, que soy muy riñón, decían en la cena que su madre es un ángel y que yo soy un... escorpión. Me encanta, aunque ponía cara de ídem. Primero, porque tienen claro que con el demonio no se juega y además se han buscado una metáfora perfecta para eludir la simetría. Más tarde, el escorpión les leyó en la cama y como tenía que avanzar con Troilo y Crésida, les recité a Shakespeare. Se quedaron prendados de unos versos, que entenderían a medias, pero que les tuve que repetir, a volandas de su entusiasmo, seis o siete veces. Estaban embrujados. Shakespeare se abrió camino a través de la traducción, de la infancia, del sueño y del fragmentarismo. Eran éstos:



Riéndome como un loco por eso de "más bobo que la ignorancia", he entrado en un bar buscando un refugio y un café. Un viejo muy viejo que estaba allí ha dicho: "El levante está como nunca", y yo lo he oído con alivio, porque tenía miedo de ser un jovencito reblandecido e impresionable. Pero no: ese hombre con pinta de curtido lobo de mar también andaba pasmado por la fuerza del viento. Entonces, se ha producido el milagro poético de la mañana. Se me han volado el sobre de azúcar y el de sacarina. Y he dicho: "Vaya". Él ha glosado: "Hoy se vuela hasta el baúl de los recuerdos". Qué maravilla, porque cualquier baúl pesa lo suyo, pero, si es el de los recuerdos, ni te digo, y los recuerdos de una vida tan larga, más, que tienen que ser muchísimos. No sé si será una frase hecha, pero es un poema y tiene dentro (dentro del baúl) una novela.

Cuando he pagado, me han devuelto dos billetes, y el de 10 euros se me ha caído al suelo, a la puerta del bar. Increíblemente, no se lo ha llevado el viento (el viento de hoy, véase la foto supra). Me he agachado a recogerlo ceremoniosamente, haciendo una honda reverencia. Seguro de que mi ángel de la guarda le había puesto el pie encima por mí. No porque le importen nada a él 10 euros, sino para evitarme el ridículo de trotar detrás de un billete. Tengo que pensar ahora con mucho cuidado en qué me gasto ese billete bendecido.

Y ya en el coche, repasando la reunión, me he reído recordando una frase que es dos recursos poéticos en tres palabras: "Predecir con precisión". Una aliteración y un oxímoron.







martes, 18 de abril de 2017

Viceversa


Viendo las fechas de las escasas entradas, cualquiera diría que el columnista está acabando con el bloguero. Podría ser. Pero también podría ser al revés, como lo de Chuang Tzu y la mariposa. Yo tampoco sé quién está escribiendo a quién, porque a veces pienso que es el bloguero el que sueña que es un articulista, pero escribe, talmente, lo que deberían ser entradas de Rayos y truenos


miércoles, 12 de abril de 2017

Bobin, Bobin


En Resucitar, Christian Bobin escribe este apunte:

He encontrado a Dios en las lagunas, en el perfume de la madreselva, en la pureza de algunos libros e incluso en los ateos. Casi nunca lo he encontrado en los que tienen por oficio hablar de él.

Me temo que Bobin no está siendo autocrítico, aunque podría, porque sus libros hablan de Dios por oficio o, en lenguaje informático, por defecto. Qué pena que no ponga ejemplos de esos libros de pureza transparente. Justo después de leerle, he ido a un responso y, a la salida, he charlado un rato largo, primero al sol, luego hemos buscado una sombra, con el sacerdote de mi parroquia. Él seguía cumpliendo su oficio de hablarme de Él y yo lo encontraba.


sábado, 8 de abril de 2017

Un artículo, una novela


Pablo Pomar fue quien me confirmó que el colegio "José María Pemán" había sido originalmente "Blasco Ibáñez". Estaba seguro de que no podía haberse llamado "Pemán" en el 33, pero "Blasco Ibáñez" me vino de perlas. Daba un final en parábola a mi columna. Más tarde, añadía Pablo unas sospechas interesantes que darían, no ya para un artículo, sino para una novela. Vicente Blasco Ibáñez se las había tenido tiesas con Miguel Primo de Rivera, de Jerez y tan querido en su ciudad que aún no ha habido quien le desmonte de la Plaza del Arenal. Encima, Blasco Ibáñez con La bodega había apuntado contra los Domecq de un modo casi explícito y, por extensión, contra todos los bodegueros de la tierra. ¿Quién tomó la decisión de ponerle al colegio ese nombre? ¿Fue, como parece, un acto político cargado de intención y ganas de incordiar? ¿Cómo fue recibida la noticia? Hubiera tenido, entonces, cierta justificación el cambio de nombre a las primeras de cambio, y una disculpa que José María Pemán, que ya se había mostrado contrario a los bailes de nomenclaturas en un artículo estupendo, aceptase éste, él que "había consagrado su vida y su obra a la defensa del Altar, del Trono y de la Casa Domecq", como epigrameó lanzándose en picado, Manuel Halcón, marqués de Villar de Tajo.


miércoles, 5 de abril de 2017

Hijo y metaliteratura


—Quique, ¿qué es lo que más te gusta del cole?
—¡El patio!
—¿Y lo que menos?
—¡Los exámenes!
—Pero Quique, si tú todavía no tienes exámenes...
—No, ya, pero...


Le pasa como a aquél: lo peor de su vida es lo que nunca ocurrió. Además, compruebo el poder de la literatura, siquiera sea oral, para configurar, incluso contra nuestra experiencia, la realidad.


sábado, 1 de abril de 2017

Regalar un árbol


Qué maravilla levantarte y encontrar que por la noche ha crecido un árbol en tu correo. Con sus raíces vigorosas y sus petirrojos jugando. Me ha alegrado la mañana. Y he pensado que yo podía hacer lo mismo que mi amiga, y regalar el poema:


Creo que nunca encontraré un poema 
que sea tan hermoso como un árbol. 

Un árbol cuya hambrienta boca aprieta 
el abundante pecho de la tierra; 

que pasa el día contemplando a Dios 
y alzando en oración frondosos brazos; 

un árbol que, quizá, en verano adorna 
con leves petirrojos sus cabellos, 

en cuyo pecho se apoyó la nieve, 
que vive enamorado de la lluvia. 

Los tontos como yo hacemos versos,
mas sólo Dios puede crear un árbol. 

.......................................'Trees', 1913
..................................................Joyce Kilmer (1886-1918)

viernes, 31 de marzo de 2017

Sé mejor


El niño que se viste más rápido se viene a mis rodillas por la mañana mientras escribo o cuelgo mi artículo en internet. Ayer ganó Quique. Sentado sobre mí, rodeado por mis brazos que iban a dar al teclado, miraba, como sonámbulo, la pantalla. En la página del Diario de Cádiz, vio mi cara. Me dijo, orgulloso: "¡Papá, eres el número uno!"




Le expliqué: "Es el artículo más leído. A veces soy el número uno, pero casi nunca. Otras veces ni salgo en el podio". Calló un momento. Y dijo: "Pues tienes que escribir mejor".

Un gran consejo.


jueves, 30 de marzo de 2017

Tierra y perfume


La viuda mayor, amiga de mi madre y madre de mi amigo, se baja, renqueando y corcovada de su coche. Conduce tan lenta como anda; y tan mal. Vive sola, porque mi amigo vive lejos. Yo la veo desde mi coche. Cuando paso a su altura, está abriendo el maletero. Trae la bandeja de cartón que te dan en los viveros cargadas de flores de vivos colores. Me enternece esa mezcla de esfuerzo y flores, de lozanía y vejez, de tierra y perfume. Tendrá el jardín más bonito, seguro, porque se lo merece.


miércoles, 22 de marzo de 2017

Contra la angustia


La mayor alegría que me dio ayer Alfonso Carreto Pérez-Barbadillo, hijo de mis amigos, no fue que mi viejo poema estuviese pegado a la pared de la biblioteca pública de Sevilla, como fotografió: 




Fue que en Facebook comentase: "Enhorabuena Enrique!! Sirva también de comprobante al hijo de tus amigos para demostrar a sus padres su paso por la biblioteca!!"

Me ha alegrado tanto porque me preocupa mucho que mis hijos pierdan la gracia con el paso de los años, lo que me angustia. Se puede llegar a la universidad con la chispa intacta. 

Carmen, por ahora, va bien. Ha salido girardiana. El otro día les expliqué en la cena los mandamientos, uno por uno. No en plan catequesis continua, sino porque les había repetido que el undécimo mandamiento es no molestar y entonces me dijeron que bien, que eso ya lo sabían, pero que cuáles eran los primeros diez. Tras la catequesis, pregunté qué cuál les parecía más complicado de cumplir. Carmen contestó, sin dudar, que el décimo: qué fácil es envidiar. Se ve que el girardismo corre por la sangre. Se hereda.

A la mañana siguiente, ayer, vino a buscarme al despacho para que desayunara con ellos. Miró por encima del hombro y vio que el documento de Word tenía apenas dos frases. "Te falta mucho para terminar el artículo. No vengas, papá, no te preocupes", y se fue, seria y generosa. No todo va a ser reírse de su padre. Qué estaba escribiendo, con el tiempo en los talones, dos artículos: uno y dos, y tan pillado que la magnanimidad de Carmen le vino caída del Cielo, y no me extraña que tengan ambos ese tono martírico, ay.

Por suerte, lo de Alfonso me dispensa de la angustiosa tarea de recoger todo lo que me cuentan con gracia, como si hubiese una fecha de caducidad.




martes, 21 de marzo de 2017

Don Javier de Mora-Figueroa


Hace poco murió don Javier de Mora-Figueroa. Su artículo ya se lo escribe su primo, y qué bien. No hace demasiado que Leonor y yo pasamos un día inolvidable con él. Era rector de Torreciudad y, desde el campanario, con el pantano a los pies, sí me pareció por un momento un capitán de navío ("capitán de los vientos y de las golondrinas, / fuiste condecorado por un golpe de mar").



Pero el resto del día fue un abad aristocrático de la Edad Media. La foto de Torreciudad no deja lugar a dudas, pero lo era en todo. En el trato con los que nos cruzábamos y en su áspera hospitalidad delicadísima. El almuerzo con él fue un banquete: oh, esos enormes chuletones románicos, que tampoco puedo olvidar, y el vino de somontano. Leonor, que lo acababa de conocer, se hallaba en su elemento, y yo feliz de que alguien a quien mi mujer admiraba y apreciaba más y más por momentos fuese de la Obra y recordase con tanto cariño y tanto de mis padres y citase mi poesía de vez en cuando, además. Conoces a gente que se muere y piensas: "Estará en el Cielo"; con don Javier lo que piensas es "Qué contentos se habrán puesto en el Cielo". 




Si Escudero volviera...



yo, que tanto la he leído, querría ser su escudero.


lunes, 20 de marzo de 2017

Felicidades


Con gran tensión y angustia, pasé el día de ayer conteniendo mis imperiosos deseos de felicitaros, queridos Josés y Pepes. Pero uno es fiel hijo de la Iglesia, aunque le cueste, y es lógico que la liturgia mande sobre el calendario, al menos en cuestiones que afectan al santoral. Como ayer era domingo de Cuaresma, la fiesta de vuestro (nuestro) santo patrón, se traslada a hoy. Así que ¡muchísimas felicidades! Me queda el consuelo de que, si no habíais caído, os regalo un día más de fiesta grande. Celebrarlo por todo lo alto. Y yo con vosotros.


jueves, 16 de marzo de 2017

Gordiano de madrugada


Un subcapítulo de este blogg, podría ser mi madrugón. El madrugón, que me ha dado tanto. Y tanto. Y lo que no me ha dado ha sido porque yo no he sabido tomarlo.

Un clásico, dentro del madrugón nuestro de cada día, es el pan. No que haya que salir a buscarlo, también en invierno. Lo malo es el nudo. Viene en una bolsa de plástico con un nudo tan apretado como si el panadero soñase con envasarlo al vacío. Yo, tan de Alejandro Magno, soy partidario de aplicarle al nudo el expediente de los gordianos y rasgar el plástico, pero mi mujer me chista: "Noooo". Entonces, según los días, o lo intento desatar o le paso la bolsa. 

Pienso, entonces, melancólicamente, en que para ser un Alejandro Magno el matrimonio no ayuda tanto. Hoy, sin embargo, he tenido, a las 6:30, una iluminación: ahí estriba, precisamente, una desgracia de mi vida que trasciende de los madrugones y los desayunos: mi afición a desatar nudos gordianos por alejandrinos, cuando la gente prefiere que uno se deje los dedos y los nervios en la minucia de desanudar las naderías. Mi mujer, tan buena, está entrenándome para el día que me espera, cada día.


martes, 14 de marzo de 2017

Escribir es cribar


Para no mezclar churras con merinas, dejé este comentario incidental a Vilanos en el aire (Isla de Siltolá, 2017) de Antonio Rivero Taravillo fuera de mi nota de (admirada) lectura y agradecido ramoneo. Un aforismo me llamó la atención poderosamente: "Escribir es cribar" (pág. 33). Fui corriendo a mis Palomas y serpientes (La Veleta, 2015) temiéndome que allí estaría. Uf, menos mal, no. Sé que sopesé si meterlo o no, y que entró y salió de diversas versiones. Mi prurito me salvó. Porque sí fue o es un verso de Casa propia (Renacimiento, 2004), que estuve, como digo, tentado a reciclar como aforismo. Aquí tienen mi poema:







Ya tenía pensado mi discurso de no importa y lo probable es que Antonio Rivero Taravillo no me hubiese leído lo mío, sino que hubiera descubierto el aforismo, y que yo tampoco puedo tirar la primera piedra, porque en Palomas y serpientes se me coló un aforismo (¡espléndido!) de otro al que tengo muy leído como explicaré en cuanto aumente mis reservas de autoestima como para afrontar reconocer un lapsus que nadie me ha descubierto aún. Todo eso iba a decir, pero mi pereza, que no para, me incitó a buscar mi poema en la Red en vez de fotografiarlo o picarlo, que es un rollo. Puse entre comillas "escribir es cribar" y empezaron a salir citas y más citas:





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El chasco fue mío, que venía de condescendiente y me caí con todo el equipo y me he pasado un decenio creyéndome la mar de ingenioso y original. Podría comentar las citas una a una, pues hay de todos los gustos y de todas las fechas, pero no tiene mucho interés saber quién escribió (escribó) primero, porque fue la aliteración, por un lado, y por otro, el sentido común, porque escribir es cribar, en efecto, como el cielo es azul y el agua del mar, salada. Que Antonio Rivero Taravillo lo haya incluido en su libro sólo nos habla de su oído, de su inteligencia y de su propósito por cribar lo que escribe. Si no repasó que nadie lo hubiese hecho antes, no hizo lo mismo que yo --hipócrita lector, su hermano, su semejante-- tampoco hice. Y de lo que ahora me alegro: porque queda muy bien en el poema y queda estupendamente en Vilanos en el aire. 

No cribar (en la red) nos vino de maravilla.





lunes, 13 de marzo de 2017

Cetrería


Como se dice de la novela, lo bueno del género de aforismos es que en él cabe de todo (lo que tiene un indudable sabor paradójico). Impresiones personales, consolaciones, notas diarísticas, bromas, bocetos pictóricos, opiniones discutibles, indiscutibles chispazos poéticos... De todo hay en Vilanos en el aire (Isla de Siltolá, Sevilla, 2017), de Antonio Rivero Taravillo. Entre las opiniones discutibles, ésta: "Escribir aforismos es una descortesía: priva al lector del placer de subrayar, en un texto mayor, las oraciones brillantes". Primero, porque elegir algunos aforismos, que resulta inevitable, ya es subrayar placenteramente y, después, porque cortésmente Rivero Taravillo escribe aforismos que el subrayante todavía puede afinar más. Entre estos que he subrayado, hay de los dos tipos. Le doy las gracias a su autor, que no me ha ahorrada ni un solo placer con su libro. 


Las palabras se las lleva el miento. 
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Habrá un día en que el único lector que quede estará firmando libros a sus autores, puestos en larguísima cola. 
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Lo malo, si pretencioso, pésimo. 
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Qué cerca están el embeleso y el embeleco. 
* 
Esa onomatopeya: cataclismo. 
* 
Hay libros que nos llevan tan, tan lejos, que son más que volúmenes velámenes. 
* 
Cuando alguien está muy pagado de sí mismo, suele ser con un cheque sin fondos. 
*
Quien no se ríe de sí mismo con razón acabará riéndose sin motivo de los demás. 
* 
Quien es incapaz de autocrítica hace la peor crítica de sí mismo por otros medios. 
* 
¡Qué pobres, los pagados de sí mismos! 
* 
Cuando alguien te hace la pelota, una vez satisfecho, te dará la patada.

viernes, 10 de marzo de 2017

Derechos de autor


Discutimos en casa quién es el más discreto para guardar una confidencia. Carmen zanja: "La mejor guardando secretos soy yo porque se me olvidan". Les digo muy nervioso que me tengo que levantar para apuntarlo en mi libreta de aforismos de inmediato.

Carmen entonces me dice: "Cada vez que uses una cosa mía en el blog o en tus artículos, me vas a tener que pagar, papá". Y tanto interés por los derechos de autor en una niña de seis años podría inquietar a un padre más idealista. Pero yo soy un acérrimo defensor de que el obrero merece su salario . Así que no me levanto y me pongo a discutir con ella su caché. No resulta sencillo. Por los cuentos, quiere más que por las anécdotas y por éstas más que por los aforismos. Cuando cerramos el acuerdo, se levanta y se va a escribir un cuento.

-- Papá, ¿valiente es con b o con v?






jueves, 9 de marzo de 2017

Primeras golondrinas


Una alada tradición de este blogg es anotar cuándo lo cruza la primera golondrina. Este año ha sido en mi día menos propicio para el lirismo: hoy. La he visto y he dicho: "Ah". Ni un "oh" que llevarme a la boca. Luego, resultó que no era una, sino tres, cinco, siete, nueve, quince... Volaban como si se hubiesen dado cuenta de mi indiferencia y quisieran disolverla en el aire. Pero nada, y eso que había cogido por el camino solitario por el que me meto las mañanas que necesito tomar una ración supletoria de campo.



Me mostraban el obispillo blanco, inmaculado, como recién lavado, y volaban a ras del suelo, a la altura de los faros del coche. Pero no cambiaron mi actitud. Fue algo mejor. De pronto, percibí que toda esa belleza y esa emoción no eran para mí, en efecto. Yo no hacía falta y hubiese dado lo mismo que hubiera seguido por la autovía oyendo las noticias políticas por la radio. Mi subjetividad estaba de más. La hermosura no necesita que uno la aprecie. Otro la mira. Existe.




miércoles, 8 de marzo de 2017

Carmen se apunta a los finales infelices


Además, la niña tiene el don de la aliteración: la gota glotona. 

Lo de que la gota sea perfecta me ha recordado a su madre, a la de Carmen, no a la de la gota. Ayer iba a la adoración perpetua al Santísimo a la que se ha apuntado por su cuenta y riesgo. Me pidió un libro para rezar y a mí, con la felicidad y la guasa, no se me ocurrió más que darle éste:



A Leonor no le hizo tanta gracia. Lo traigo aquí por si a vosotros sí y me consuelo.

Si no, ya me consuelo recordando esto que nos acaba de pasar. Abro un coco para la merienda, en plan exótico, porque alguien nos lo ha regalado. Y los niños lo prueban. Quique, que me está ayudando con el martillo, dice: "¡Está buenísimo! ¡No sabe a nada!" Demuestra o bien mucho optimismo o bien unas expectativas terribles o ambas cosas a la vez, como su padre. Carmen, que llega más tarde a la cocina y no ha oído a su hermano, dice: "¡No sabe a nada! ¡Está malísimo!" Demuestra un alto nivel de exigencia, como su madre.

Aunque hoy soy inmune al desconsuelo: han hecho esta lectura hondísima de Un largo etcétera y un autor no puede pedir más. En lo que respecta a este libro, ya puedo morirme en paz.



martes, 7 de marzo de 2017

Las pipas


Las pipas son el tic tac del reloj del aburrido.
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Escribir poesía sin métrica es como comer pipas sin cáscara.
 *
Tomar pipas en un banco al sol de la tarde es una delicia originaria, un homenaje subconsciente al girasol con el que empezó todo.
 *
Pero no todo es lírico: comer pipas es una onicofagia vergonzante.
 *
Como en la literatura, las pipas de las pipas nos las tragamos por la sal de las cáscaras.
 *
Lo mejor que tienen las pipas es que mientras las tomas no puedes estar haciendo otra cosa. Son un fruto seco zen.
 *
Qué buena está el agua después de las pipas. Felix culpa.



lunes, 6 de marzo de 2017

Primeras impresiones



Tenía puestas grandes esperanzas en aprovechar la mañana de cuaresma que el carnaval de Puerto Real me regala, pero pierdo el tiempo.

Por suerte, leo un escolio de Gómez Dávila que me consuela lo indecible en lo profesional, en lo literario, en personal: "La resignación al error es el principio de la sabiduría". Entre eso y que Almuzara avisa que "todo lo que no sea ganar la eternidad es perder el tiempo", decido irme a misa al Puerto.

En la calle, el coche de enfrente viene por mi carril, tan campante. Me echo a la acera y le hago luces. En el penúltimo momento, se da cuenta y se va a su lado. Nada de eso me irrita, pero sí que el conductor pase sin levantar la mano en un gesto leve de disculpa. Gasto más tolerancia a las infracciones del código de circulación que a las del código de civilización.

Como cuando estaba grave de la garganta y era feliz, voy al bar a leer mientras espero que suene la campana de las Concepcionistas. Para no interferir con el ayuno eucarístico, pido una botellita de agua mineral. Justo mientras me la estoy sirviendo en mi vasito, llega un paisano y pide una copa de fino. Me echa una mirada de reojo, a mí y a mi vasito de agua, que es un taladro. El capitán Haddock no hubiese gastado más desdén. Y yo, como un niño mimado, corro a acogerme a sagrado. Ojalá me diesen la Comunión en las dos especies. Iba a enterarse éste de lo que me gusta el Vino.

Tengo que serenarme, me digo. Y lo hago con una carcajada. Jane Austen se empeñó en firmar sus libros con "By a Lady", que es una firma más que interesante, por cierto. Obsesivamente, guardaba el secreto de su autoría. Tanto que yendo de librerías con la más  letraherida de sus sobrinas, Anne, vieron un flamante Orgullo y prejuicio en el estante de novedades. Anne lo cogió y dijo: "Debe de ser una tontería, ¡con un título como éste!", y lo soltó en su sitio. La tía miró con un brillo en los ojos, divertida, y no dijo nada. Qué lección, aunque si hubiese sido andaluza podría haberle dicho: "No te fíes de las primeras impresiones".

En el bar entran y salen disminuidos psíquicos de una casa o residencia que hay cerca. Éste, viejo y encorvado, trata de hacerle una gracia a la perrita del dueño del bar, que no está muy convencida. "No me quiere", se queja el visitante. Y el dueño del bar le propone: "Dale un bocadillo de jamón, ya verás cómo te quiere". Se ríe, desdentado, pero deja para otra ocasión lo de ganarse el cariño de la perrita.

A otro, que entra para preguntar, le dice el dueño: "Por ser tú, te voy a regalar la hora", y se la dice. Y yo me quedo con eso: la hora que se me regala a cada instante.

Estoy apoyándome en Jane Austen para encontrar mi equilibrio con el mundo. Su sobrina Anna iba mucho a charlar con sus tías ("Ser tía es una de las cosas más serias que puede serse en el mundo", había escrito Jane). Ambas se ponían a caricaturizar las novelas del momento. Empezaba Anna, y Jane le seguía el humor, mientras cosía para los pobres. Es una estampa maravillosa: el perfecto equilibrio entre lo cáustico y la caridad. Cassandra, la hermana mayor de Jane, les decía que eran unas tontas y que parasen ya, que iba a morirse de risa.

Sigo leyendo de Jane Austen, aunque la charla que me estoy preparando la di hace un mes. Me pasa siempre: me queda casi todo el trabajo para después de que termino un trabajo. Y el retraso se va sumando a los nuevos trabajos. De pronto caigo en que la vida no es tanto el tiempo de ganarse la eternidad, sino el de hacerla necesaria. Debo de llevar ya unos ciento cincuenta años a cuenta, si no más.

Justo entonces me interrumpen, qué casualidad, las reflexiones de un parroquiano. Pensando que ya iba siendo mayor para subir la bombona de butano, aunque todavía puede, instaló en su casa gas ciudad y le han engañado y le cobran una barbaridad. "Y todavía puedo", recalca, "subir la bombona. ¡Qué tonto he sido! ¡Qué coño sé yo lo que me va a pasar mañana...!" Me falta valor para ofrecerle la cita de Gómez Dávila, pero la bombona de butano se ha convertido en un recordatorio de que no me tengo que agobiar tanto con el futuro ni asfixiar haciendo planes. Un carpe diem butanero.

Una expresión bonita: comentan ahora en el bar que los pinos no quieren tierra buena, sino arena de playa. La llaman "arena volaera" para distinguirla de las otras tierras, y en el nombre soplan a rabiar los vientos de levante que despeinan, y cómo, nuestras playas.

En misa, me fijo en que soy el más joven de la iglesia. Pero en la cola de comulgar la anciana que va delante de mí ve una moneda de cinco céntimos y se agacha a recogerla con una agilidad pasmosa, alada. Es como si los ángeles de la guarda se estuviesen riendo de mi presunción juvenil.

Volviendo a casa, veo una veleta que tiene un velero en la parte de la banderola y, en vez, de flecha, una ballena, eternamente perseguida. ¡No sabe nada la ballena! Como siempre se dirige, apuntando, barlovento, el bergantín nunca podrá alcanzarla. La eternidad de la pesca de la ballena está asegurada, porque ni contra el viento ni en los días de calma chicha podrá el velero acercarse a la ballena. El capitán del buque de la veleta también tendrá puestas todas sus esperanzas en la eternidad.




sábado, 4 de marzo de 2017

Mario Míguez


Hace diez años ya destacaba el poema que más me ha impresionado de esta antología. Pero la paradójica misión secreta de una antología es ofrecernos a un poeta nuevo y eso he experimentado con Ya nada más de Mario Míguez, con poemas escogidos por José Mateos. Es un libro con el que volver a ser el lector admirado de poesía de la juventud, puro, sin la comezón del qué diré de este libro. No diré nada. Lo releeré, lo recordaré sin más. Ni menos. Tiene versos interminables: "y eterno será en mí cuanto yo amaba".


viernes, 3 de marzo de 2017

De los dos


Leonor y yo comentamos que mi familia es muy de "comida hecha, reunión deshecha", mientras que la suya es de largas sobremesas, agrandadas, recalca ella, por el contraste. Enrique, que estaba oyéndonos, por lo visto, interviene en la conversación: "Por eso yo soy de los dos: de reunión deshecha y de sobremesa". Su madre y yo nos fundimos de ternura ante nuestro pequeño oxímoron.