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miércoles, 1 de julio de 2020

Tomo apuntes


Quique está montando un caballo que respinga y le tira dos o tres veces al día. Eso, por las mañanas. Por las tardes, va a clases de windsurf y no para de caerse (siendo optimistas, porque lo que no consigue es levantarse). Hoy me ha dicho que la hípica es excelente para cuando se tiene hambre y la vela para cuando se tiene sed. Ante mi desconcierto, me ha explicado: «Con el caballo me harto de comer tierra; con la tabla, de beber agua de mar». Y me ha guiñado.

Esa es la actitud. De mí no la ha aprendido, pero yo  le estoy tomando apuntes.

lunes, 15 de mayo de 2017

Ahora tengo que matar otra


Algo, un mosquito o una araña, ha picado a Quique en el labio y se lo ha hinchado muchísimo. Su hermana, para aliviarle, le dice que es un nuevo héroe: súper Bocamán, lo que le hace gracia, y se ríe, y le duele.



Nosotros le insistimos en que es una araña, pero a él no hay quien le quite de la cabeza que es una avispa en venganza. Quizá por eso no se queja ni llora. Lo asume como un lance de la lucha. Y dice muy serio y fatalista: "Ahora tengo que matar a otra".




miércoles, 10 de mayo de 2017

Avispa se escribe con V de Vendetta


La cara de satisfacción de Quique la veo desde abajo del autobús. "¡He matado una avispa!", me informa a gritos desde la escalera. Quiere decir: "Te he vengado". No le miraré con desdén desde el Purgatorio, como le pasó a Dante con su bisabuelo, al que no había hecho justicia. Quique viene feliz, porque, aunque la venganza sea un plato que se sirve frío, él lo recalienta. Me cuenta el lance: "Hice plas contra el cristal" y hace el gesto de un mate de tenis. "Y luego, mientras caía, plas", una palmada en el aire, al vuelo. "Y me la he guardado aquí, en el bolsillo", y me enseña unas alas y un cuerpo amarillo y negro, precioso, brillantísimo. Yo quiero pensar que no le riño por la viveza de su narración y por el peligro afrontado con tanto valor. Pero esa sonrisa que dice "el honor de la familia está vengado" tampoco es manca.


miércoles, 5 de abril de 2017

Hijo y metaliteratura


—Quique, ¿qué es lo que más te gusta del cole?
—¡El patio!
—¿Y lo que menos?
—¡Los exámenes!
—Pero Quique, si tú todavía no tienes exámenes...
—No, ya, pero...


Le pasa como a aquél: lo peor de su vida es lo que nunca ocurrió. Además, compruebo el poder de la literatura, siquiera sea oral, para configurar, incluso contra nuestra experiencia, la realidad.


martes, 31 de enero de 2017

Indiscreto



Manuel me pregunta por Quique: "Tráelo a misa", me pide. "Me hace muchas preguntas, cuando quiere. Es muy indiscreto", y mueve la mano de arriba abajo, con los dedos sueltos, enfatizando lo indiscreto que es. Y no pregunto qué pregunta por ser, al menos yo, discreto, aunque me imagino lo peor.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Estrártor


—Papá, ¿sabes lo que es un "estrártor"?
—No, Quique, ¿un extractor?
—¡Un estrártor!
—Dime...
—Un dibujo al que se echan los colores y luego, con negro, se ponen círculos, y luego más colores, donde quieras.
—Ah, un cuadro abstracto
—No, no, un cuadro extrártor: un extrártor.

viernes, 26 de agosto de 2016

De los que trajo Mendoza


Carmen está gritando en la entrada del Bucito y dando saltos: "Llegué. Llegué. Antes me daba miedo y llegué". Ha llegado sola en bicicleta desde casa hasta la playa. Antes, en efecto, le daba miedo; pero lo ha vencido. Me cuenta, al oído, el secreto de su victoria. Ha inventado una canción para darse ánimo:


Cuesta abajo, acelero 
y cuando quiero 
freno. 

Cuesta arriba, 
trago saliva. 

Está especialmente orgullosa porque yo le doy mucho valor al valor. Ya saben: "Sólo es libre el hombre  / que no tiene miedo" (vía). Eso, Quique lo tiene totalmente interiorizado. Ahora está tumbado sobre mí, que estoy tumbado en una hamaca. Me ha pedido que lea en voz alta el libro que tengo entre las manos. Es más o menos apropiado. Filetes de lenguado de Gerald Durrell. Cuando acabo el segundo relato, el de las tortugas, se me hace un nudo en la garganta y se me escapan dos o tres lágrimas, como pelotas de ping-pong. Quique se da cuenta (se ha mojado, de hecho) y me mira pasmado. "¿Estás llorando?". Llorando yo, el mismo que, cuando se hacen un rasguño en la rodilla, les cuenta la épica de los tercios viejos de Flandes  y les prohíbe un lamento. "Sí, de emoción. Los hombres no lloramos casi nunca de dolor, pero así, sí". No lo veo convencido del todo. Le recito la infalible milonga argentina:


Mi caballo es andaluz, 
de los que trajo Mendoza, 
que no tiene miedo al tigre 
pero tiembla ante la rosa. 

Se lo gloso y queda convencido del todo. Pero, de pronto, veo que su ceño se frunce. Me mira con pena y confiesa: "Yo nunca he llorado de emoción".


jueves, 30 de junio de 2016

El hombre de la casa



Hoy no he llegado a casa a cenar, de lo que me alegro. Me han contado que Carmen se empeñó en tomarse un san jacobo ella sola, y que su madre y su abuela le decían que iba a ser demasiado. Mi suegra, entonces, le dijo: "Carmen, comes con los ojos, como hace tu padre". Y aquí ha intervenido Quique, que le ha preguntado, con toda la intención a su madre: "Mamá, ¿a que tú conoces a papá mejor que la abuela?"


miércoles, 25 de mayo de 2016

Me gusta mi foto


Del cuestionario de The Objective lo que me gusta más es mi foto. Lo cual es muy raro, así que lo explico.

Lo mejor de lo mejor, mi hijo Quique y su mirada:


Y Leonor, de novia:


Y el retratito de tomo y lomo de Dante:


Y Borges, soplándome al oído:


Y de recuerdo, los mordiscos que dio Fino:


Por compensar, en el cuestionario se coló, como Quique en la foto, un recuerdo imborrable de don Álvaro d'Ors, que vale su peso en oro.


domingo, 22 de mayo de 2016

Un consejo


Hemos estado hablando de don Quijote con los niños y repasando sus aventuras y su locura entreverada de bondad y buen sentido. Por la noche Quique se me acerca muy serio: "Papá, ¿Te puedo decir una cosa?". Sí, claro. "No leas tanto".


miércoles, 11 de mayo de 2016

No tan bonito


A mi suegra que fuésemos a ver con los niños Murieron con las botas puestas no le pareció pedagógico, aunque no dijo nada. Luego, cada vez que se asomaba, era con tan mala suerte que le estaban clavando una flecha a alguien.

Enrique se fue entusiasmando y se le notaba porque se refería a los hombres del Séptimo de Caballería como los españoles. Síntoma evidente de identificación. 

Cuando acabó la película, Leonor, Carmencita y yo, transidos de emoción por el cumplimiento del deber hasta el extremo y la justicia post mortem y la gloria eterna, dijimos: "Qué bonito". Pero Quique no piensa que en las guerras lo importante sea participar y puntualizó muy serio y muy firme: "No tan bonito".


sábado, 7 de mayo de 2016

Pillastre



Ayer, Enriquito salió aquí muy favorecido, como un pequeño filósofo presocrático. A la misma hora, daba otro perfil en la vida analógica: el de pillastre. 

Carmen estaba invitada a un cumpleaños y Leonor tenía que ir a la feria y yo iba al teatro (en teoría) a ver a Shakespeare, así que lo adjunté al plan de la hermana. Para que el precio por cabeza no recayese sobre los anfitriones, discutí con la encargada lo de pagar la entrada del niño. Ella no quería, que le habían dicho que entraban todos a saco. El sujeto en cuestión nos oía desde abajo, muy serio. Al final —gracias a la buena educación mutua— la chica comprendió mi situación y accedió a cobrarme, aunque ya Enriquito se había ido a jugar. 

Ya me iba cuando me llamó muy alterado desde el parque. A través de la valla me dijo a mandíbula batiente: "Je, je, papá, menos mal que no hemos pagado". No desengañé al pequeño pillastre.

viernes, 6 de mayo de 2016

Grabadora


Su tendencia a lo sentencioso, unida a una vocación pedagógica, hace que Enriquito sea una continua fuente de reflexiones. La de hoy del periódico, es una muestra. Ayer, en un rato, varias. Me acompañó a misa y, cuando volví de comulgar, me preguntó si estaba buena la Hostia, de uno a diez. Le dije que sabía como los recortes que les trae mi hermana María de vez en cuando, pero que sabía (yo lo sabía), de uno a diez, infinito. Respuesta: "Sí, infinito porque Jesús es Dios". Un teólogo —creo— lo habría firmado.

A la salida, cambio de tercio por economía. "¿Ganará mucho dinero Manuel [el mendigo]?" Mucho no, le digo, pero, como no tiene trabajo, pues pide. "Su trabajo es ser mendigo", me explica, "y lo hace muy bien".

De la biblioteca pública sólo se pueden sacar dos películas, nos advierte muy serio el encargado. Le damos las gracias, y comprendemos la medida. Pero nos va a dejar llevarnos tres. A la salida, Enrique no comprende cómo nos ha dejado llevarnos tres si sólo eran dos. Le digo (yo también pedagógico) que, cuando uno es educado, le dan muchas cosas. "Si el otro también es muy educado", complementa mi argumentación, dándole el mérito a quien lo tiene, desarmando mi presunción.

"¿Para ti mamá es muy joven, verdad?", me suelta de pronto. "Por supuesto, claro, desde luego, sin duda, ¿por qué?", respondo, sobresaltado. "Porque para mí todos los que son más pequeños que yo me parecen muy chicos y los mayores muy mayores y yo, perfecto; pero Carmen me ve muy pequeño". Me entraron ganas de decirle que yo lo veía perfecto, pero no quise complicarle un razonamiento tan geométrico.

Y dijo otra cosa también muy chula, porque me recuerdo diciéndome: "¡Qué bien, cinco!", pero se me ha olvidado. Así que me he hecho el propósito de pasear con él con una grabadora.




domingo, 17 de abril de 2016

¡Somos españoles!


Anoche fuimos a cenar con los niños a un japonés. Se estrenaban. Carmen, tan novelera, lo probó todo, algas incluidas, y, más o menos, cenó. Quique era más escéptico, lo que demuestra un firme criterio propio, porque su madre y yo somos entusiastas. Al oído, en la entrada, me confesó que el olor no le apetecía nada.

Luego lo probó todo y no dijo "no me gusta", pero no comió ni un grano de arroz. Lo único que le divertía eran los palillos. Y veía con decepción creciente lo que llegaba a la mesa. Concibió esperanzas cuando oyó la palabra "salmón", pues al horno es uno de sus platos favoritos, pero cuando lo probó no pudo ocultar su fastidio, aunque callaba. Al fin, cuando el atento camarero estaba recitándonos la carta de postres, no pudo más y comenzó a gritarle: "¡Somos españoles! ¡Somos españoles!" A Leonor no le hizo especial gracia, pero yo no podía aguantarme la risa.

A la salida estaba muy contento y yo pensé que era por el aire fresco, sin olor a soja. Pero me confesó que había distraído, "sin que nadie se diese cuenta", sus palillos. Se ve que la criatura nos ha salido española hasta lo carpetovetónico.


domingo, 24 de enero de 2016

Hijo


Yo subrayo mis libros. Y Quique, aunque no sabe leer:





Yo llevo mi diario. Y Quique, aunque no sabe escribir:


martes, 19 de enero de 2016

Un nudo en la garganta


Ayer caí presa de mi hipocondría. 

En la cena con mis hijos, disimulando mi angustia, les pregunté: "¿Qué habéis aprendido de papá?", pensando en el recuerdo que les quedaría a ellos, tan chiquititos, los pobres. Carmen levantó la mano rápido, como en el cole, y dijo: "A entrenar duro". Cuando sale a patinar con su madre, no se suelta; y conmigo ("hay que entrenar duro", le digo, en efecto) tiene que ir suelta y, si es menester, cayéndose y levantándose. Bueno, no estaba mal. Le pregunto a Quique, pero es Carmen la que habla por él, que piensa: "Quique, a manejar la tableta". Y también eso es verdad. Pero entonces él, que parece que ha entendido la razón de mi pregunta, me mira a los ojos y dice muy serio: "Tienes que enseñarme a leer".

Se me puso un nudo —analógico— en la garganta.

jueves, 24 de diciembre de 2015

jueves, 17 de diciembre de 2015

Las fases de la luna



Estaba tan compungido ayer por la tarde que era mi hijo el que me llevaba por la calle de su mano.

*

Cuando se le cayó la piruleta que le habían dado en la peluquería por portarse tan bien, y se partió en tres, y lloró un poco, no tuve fuerzas para consolarle.

*

Me confortó —me llevaba, ya os lo he dicho, de la mano del corazón— que en ningún momento propusiera quedarse con la piruleta roja, intacta, que él había pedido para Carmen en la peluquería.

*

Le dije que ahora tenía dos caramelos y una piruleta, que era el trozo (media luna) que aún quedaba en el palito. Era esa luna —hipálage— azul oscura como la noche. No le convenció, pero se rió, que es más. Y yo supe que mi alma a pedazos ahora valía —arte de magia— el triple.

*

Cuando dijo que "la luna llena / es una piruleta / que no se ha roto", di las gracias a Dios por las fases de la luna.



domingo, 13 de diciembre de 2015

Star Wars


Quique y yo esperamos con ansias la nueva entrega de Star Wars. El ansia de Quique es mejor que la mía: más metafísica. Su problema es quién será el malo, pues Darth Vader murió en la última entrega, arrepintiéndose además, lo que es una muerte más que buena. Por tentarle, propongo a Quique: "Bueno, a lo mejor no hay ningún malo esta vez". A lo que replica, casi indignado: "Imposible, entonces contra quién se lucha, eh".

Lástima que haya surgido ahora el diálogo, porque esa posibilidad de la épica y del sacrificio son algo muy bueno que posibilita lo malo, ¿verdad? Quique lo sabe por instinto heroico, Dios se lo guarde.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Efectos espaciales


Quique no concibe ir en coche sin llevar encendido el mapa del GPS. Nos montamos, aunque sea para ir a la esquina, y ordena: "¡El mapa!" Nos regala, lo he visto claro ahora mismo, una visión cósmica. Para que tenga más colorines lo puse en escala cinco kilómetros, de manera que vemos el mar Atlántico y la sierra de san Cristóbal y las desembocaduras del Guadalquivir, del Guadalete y del San Pedro (el río caudal, el otro, mediano y el otro, más chico). Y a cada curva que tomamos, el mundo entero se voltea, reorientándose. Es emocionante. No me extraña que a Quique le entusiasme. Y uno se ve desde arriba, lo que siempre eleva el ánimo.