domingo, 31 de octubre de 2010

De nuevo, la alternativa

La imagen de los zombies
asusta porque es cierta:
que hay muertos y que andan
lo sé por experiencia.

Por esperanza sé
también, y me reanima,
que la resurrección
es la otra alternativa.

sábado, 30 de octubre de 2010

A mano alzada

El último libro de Enrique Baltanás impacta desde el título: Minoría absoluta. Se podría pensar que, siendo una colección de aforismos, es un guiño al tamaño del género (minoría) y a su ansia filosófica (absoluta). Y sí; pero sobre todo defiende un ámbito donde el juego de las mayorías no deje fuera de juego a la persona, donde cada uno pueda alzar la mano, y cantar las cuarenta.


Ese tono rebelde y respondón lo confirma pronto el propio autor: “Me he pasado la vida siendo un izquierdista serio y aburrido. Creo tener, pues, ganado el derecho a pasarme la otra media siendo un divertido y gamberro reaccionario”. E insiste: “Toda filosofía progresista parte necesariamente de esta petición de principio: la naturaleza no existe… Y si existe, ya la cambiaremos” o “Petición de principio de todo conservador: ‘Las cosas son como son… por algo’”; y de remate: “A los, muchos, que me dicen ‘Yo creo en Dios, pero no en los curas’, les desconcierta a veces mi respuesta: ‘Yo a veces dudo de Dios, pero de la Iglesia, nunca’”.

La minoría no es soledad. En muchos aforismos del libro se escuchan ecos. De Ortega y Gasset (“Occidente, ¿lleva escrito en su nombre su destino?”), de JRJ (“El ingenio es una trampa en la que están deseando caer todos los tontos”), de Eugenio d’Ors (“Metáfora: chispa que se produce cuando corazón y cerebro contactan”), de Antonio Machado (“El primero y principal de los derechos humanos es el derecho a equivocarse”, y a renglón seguido: “El primer deber de todo hombre es el deber de rectificar”), de G. K. Chesterton (“Para practicar el amor libre hay, primero, que librarse del amor”), de Ramón Gaya (“Todos somos indigentes… de algo”) y, por supuesto, de Gómez de la Serna (“La tinta china debería ser amarilla”).

La voz de Baltanás no se ahoga en esos ecos, lo que no es mérito pequeño. Lo más suyo es el cruce entre el humor y la hondura. Ejemplos: “Bien escaso: redundancia”, “Declaración de amor: ‘Podría vivir sin ti, pero no me da la gana’”, etc.

Acompasado con el contenido, el volumen de La Veleta es una pequeña joya. La portada, hermosísima. Lo comprará una minoría, claro, y acertará absolutamente.

viernes, 29 de octubre de 2010

Sucesivos escolios a un beso implícito

Llora la niña y la tumbo a mi lado, y empiezo a leer en alto Textos de Gómez Dávila, concretamente el capítulo donde explica que la conciencia nace con la percepción del fracaso ineludible que implica ser hombre. La conciencia es la conciencia de un fracaso o de un anhelo de plenitud inalcanzable. Carmen se calla, casi atenta, contenta sin duda. Descartada la posibilidad de que siga la argumentación de Gómez Dávila, creo yo que lo que la mantiene absorta es la música verbal. Cuando uno lee a otro comienzan a sonar dos voces, la del otro y la de uno, y si ese otro conversa en su texto con algunos más, termina sonando, imbricada en una sola voz cantante, toda una polifonía. Eso disfrutaba Carmen.
***
Hasta cierto momento, en que reclama la sola voz de su padre, un solo, un aria, un do de pecho. Un beso, pienso, es la renuncia al mordisco que está en las profundidades prehistóricas de nuestro subconsciente. Algo así como decir: "Te comería, porque comestible eres, o sea, buenísima para mí, pero mejor no te devoro, porque mejor aún es que existas fuera de mí". Un beso, por tanto, se queda siempre a medio camino, con la belleza de una media verónica.

No lo he pensado solo, que conste, sino en un dueto con Carmen, porque ella aún no besa: muerde, con la boca abierta, temible, como la de un caimán.
***
Los libros no son buenos sólo para leer ni para morder. Le gusta mucho también que se los acerque a la cara y los hojee y el ventalle casi le roce la naricilla. Sonríe y, con el plof final, se ríe. Otra vez y otra vez. Quizá en esa brisa vaya Gómez Dávila como Dios paseaba con la brisa de la tarde del paraíso, que al fin y al cabo era la de su obra.

jueves, 28 de octubre de 2010

Una duda

Detalle interesantísimo del Evangelio. Resulta que el sumo sacerdote era Caifás, que fue el que profetizó aquello de Expedit ut unus moriatur homo pro populo, y sin embargo, a Jesús lo llevan ante Anás, cuyo título era ser “el suegro del sumo sacerdote”.  No creo, no, que haya aquí una condena de la familia política, aunque es tentador, pero sí, tal vez, una denuncia implícita y terrible del nepotismo o del peso de las influencias que se salta la jerarquía legítima, ¿no?

miércoles, 27 de octubre de 2010

Piscinas vacías

Mucho cuidado hoy con los trampolines.

Mi artículo de Misión me gusta, dicho sea con toda humildad. Lo malo es que estando aún de baja (ayer el doctor Costanilla [sic] no me dio su visto bueno), parecería que me he tomado el veraneo perpetuo demasiado al pie de la letra. Ay.

Mi artículo en el Diario de Cádiz, me gusta menos, pero no me puede resistir a sacar las conclusiones de filosofía política, dicho sea con dudosa humildad, mientras que todos se dedicaban a sacar punta menuda al cambio de Gobierno.

Salten, pues, ustedes con prudencia. (A propósito, y saliéndome por la tangente: he comprobado que, aunque saltar con los pies en la tierra es imposible, si cabe saltar de alegría con pies de plomo. Y es un ejercicio bien saludable, además.)

lunes, 25 de octubre de 2010

Sobre la humildad

El peligro de mi artículo de ayer es que pareciese vanidoso, cuando de sobra es conocida mi extraordinaria humildad. Cualquiera podría replicarme: "Tú ameno... ¿de qué?"; y tendría que callarme. Pero el artículo, sea verdadero o falso, es humildísimo. Si no se nota, es porque (mea culpa) di por sobreentendido que uno naturalmente aspira a ser profundo, deslumbrante, estremecedor, convincente, artista... no entretenido.

Sobre la humildad, lo mejor es lo de Santa Teresa ("que es andar en verdad"), pero la glosa que hizo C.S. Lewis en Las cartas del diablo a su sobrino no le va a la zaga (aunque la siga). Dice allí el diablo que uno de sus grandes éxitos ha sido convencer a los hombres de que la humildad es, entre otros ejemplos similares, una chica muy guapa empeñada en creerse fea. El imposible crea amargura, decepción y, sobre todo, hipocresía. La verdadera humildad sería saberse guapa, pero no darle más importancia que la que tiene (que no es poca) y dar gracias por ello a Quien corresponda.

Hace unos días, a cuenta de otra batalla, se lo contaba a mis alumnos. Y me hizo mucha gracia detectar en cierta alumna, indiscutiblemente guapa, una dulcísima sonrisa de alivio.

sábado, 23 de octubre de 2010

Merecida

Cuando fui a besar a aquella señora tan bajita tuve la sensación de que le estaba haciendo una honda reverencia;y sí, sí, disimuladamente, aprovechando la coyuntura, se la hice. Se la merece.

viernes, 22 de octubre de 2010

Donde más duele

Para no hacerlo hoy, día feliz de santa Cordelia, fuimos corriendo ayer por la tarde noche a vacunar a Carmen. La sostenía Leonor en brazos, pero, como dejaba una manita suelta, yo se la cogí, para colaborar en algo. Cuando el ATS, muy dicharachero, le clavó la agujita en el muslo no hizo ella todavía ningún gesto ni lloró aún, pero cerró rápidamente con todas sus fuerzas el puño sobre mi dedo índice. Enseguida lloró y gritó desconsoladamente, sí. Ese segundo o mucho menos en que apretó en silencio mi dedo y nada más, ha sido uno de los instantes más tristes y dulces, tristidulce, de mi vida. “Es para tu bien, tonta”, le decíamos al salir, nos decíamos.

jueves, 21 de octubre de 2010

Tres citas de Jean Cocteau y tres correcciones, dos de uno y una de d'Ors

"El arte es la ciencia hecha carne". El arte, realidad hecha mucho más real.

"Nos exigen demasiados milagros. Yo me considero ya bastante dichoso cuando he logrado hacer oír a un ciego". Mejor milagro: hacer ver a un sordo.

"Cosa dura negar, sobre todo las obras nobles. Pero toda afirmación profunda necesita una negación profunda." “Creo [cree d'Ors (Nuevo Glosario. Tomo I, p. 193)] que lo que necesita toda afirmación porfunda es una ironía ligera”.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La prueba del euro

Bien, ayer no era mi día más literario, lo reconozco, pero estaría bien esta regla preventiva: el escritor comprometido debe dar el dinero que gana defendiendo una causa a esa causa. Eso es comprometerse.

martes, 19 de octubre de 2010

Vanidad

Hacía mucho tiempo, si ocurrió alguna vez, que nadie decía a mi paso: “¡Mira qué músculos!” Pasó ayer. Dos chicas y un tío, además. Estaban sinceramente admirados. Concretando más, eran un cirujano y sus dos enfermeras, y habían tenido que escarbar (mucho, sí) para quitarme un bultito (un bultito bueno, no os preocupéis). Y lo bueno, bueno era su asombro admirado ante la limpieza final de mis músculos, que me compensó algo. Tanto, que a pesar del dolor y la resaca, aquí estoy, tecleando, presumiendo.

Cambiarle el agua al canario

En el escudo nacional habría que poner un pollo a la cantonesa. España, con los remiendos de Zapatero para sacar como sea sus presupuestos, se parece cada vez más al Cantón de Cartagena y aledaños. Qué me dicen de lo cambiar los nombres vascongados, ea. Pero el no va más ha sido lo de cambiarle al agua al canario. Oh, “las aguas canarias”, para morirse, o no tanto, pero de risa.

lunes, 18 de octubre de 2010

Castiguito

Pasé el fin de semana en una finca de recreo de retiro espiritual, y hablaba por teléfono paseándome entre los limoneros y naranjos. Cortaba un limón verde y lo iba oliendo, mientras hablaba, y lo lanzaba al aire y lo cogía al caer, casi siempre. Si no lo cogía al vuelo, pues cortaba otro.

A la vuelta, en casa, hablando por teléfono, con el movimiento reflejo aprendido, corté un limoncito verde que tenía el pequeño limonero del jardín. Cuando me quise dar cuenta, era tarde. Era el primer limón que daba nuestro raquítico limonero, y llevábamos dos años esperándolo. Castiguito.

domingo, 17 de octubre de 2010

Tres márgenes

En La Gaceta en mi reseña sobre Alma minha gentil tuvieron que recortarme las puntas del texto, por cuestiones de espacio; y lo hicieron sorprendentemente bien: no cortaron el hilo. Pero se perdió un pequeño detalle que me parece grandioso. Lo dejo aquí, al margen: ¡Erasmo aprendió portugués para leer a Gil Vicente!

En Alba no me recortaron nada porque yo me había limitado antes, cumpliendo estrictamente con los caracteres. Hablo esta semana de Ramón Sijé y de la "Elegía" de Hernández. Destaco que el motor de aquel poema es el remordimiento y que Miguel Hernández va, como confiesa, de su corazón a sus asuntos. El único elogio a Sijé que dedica en todo el poema es mentar su "noble calavera". Recordé entonces que Jorge Luis Borges, nada más morir su amada madre, escribió un soneto titulado "Remordimiento". El argentino no se anduvo por las ramas ni por los huertos, y se fue al sentimiento que le devastaba. No me cupo en el artículo, pero aquí  nos lo dejo.

A cuenta de la salida de Leonor, llevo pensando varios días en el género policíaco. Nada tan civilizado como que sea "el otro" el asesino, esto es, que se haya investigado laboriosamente, no se hayan seguido las apariencias ni la ley de Lynch (ese fenómeno estrictamente democrático, según el impagable José Antonio Fúster), y, sobre todo, se haya establecido la inocencia del sospechoso principal. Se me ocurrió que podía postular el trasfondo cristiano que eso supone. Pero hice una encuesta por sms entre mis amigos más leídos y se me abrieron, de golpe, siete u ocho líneas de investigación. Yo soy muy moro (por santo Tomás), así que recordé sus recomendaciones, en negrita lo más recordado:
Lord, grant that I may be able in argument,

accurate in analysis,
strict in study,

candid with clients,
and honest with adversaries.
Sit with me at my desk
and listen with me to my client's plaints,
read with me in my library,
and stand beside me in court,
so that today I shall not,
in order to win a point
lose my soul.
Me he propuesto, por tanto, seguir investigando sobre lo policial, en plan asuntos internos. Pero como el tiempo se me echaba encima, escribí deprisa y corriendo sobre Zapatero, que ya está investigado de sobra.

viernes, 15 de octubre de 2010

El lema de la casa, el mote del escudo

Algo personal

Es, objetivamente hablando, lo más extraño que me ha pasado con mi hija de casi cinco meses. Le encanta que le cante. Se sonríe. Quizá a usted le parezca lo más natural del mundo, pero es que usted nunca me ha oído cantar.

En el colegio me lo prohibieron. No es sólo que me echaran del coro, que es algo por lo que han pasado miles de niños, ni que fuese el primero al que echaron, sino que tampoco me dejaban cantar mis propios compañeros en el autobús cuando los profesores, qué buenos son, nos llevaban de excursión. Tampoco me permitían tocar las palmas, porque perdía el compás a las primeras de cambio. Mi abuela, que era profesora de solfeo y de piano, y de la que yo era el nieto favorito, sólo logró darme una clase, una, y desistió, desolada. La madre de un amigo que estaba ilusionada con enseñarnos a tocar la guitarra, me animó a jugar al tenis, que lo haría mejor, sin duda. En mi adolescencia y juventud, no he bailado, como no fuese el agua a alguna chica, y también mal. En la mili perdía el paso y me recuerdo como en la película Cateto a babor, pero ya con la licenciatura de Derecho y dos libros escritos, desfilando sólo, al caer la tarde y con un sargento que me gritaba, desgañitándose, desesperado: “¡Si es como en la disco, leñe, si es como en la disco!” “Precisamente, mi sargento, apenas he pisado una disco”, hubiese replicado yo, si no hubiese estado tan reconcentrado en intentar coger o recoger el paso, el paso, el paso, el paso... En mi boda, mi hermano Nicolás bailó por mí el vals.

Esos son mis antecedentes. Y ahora me encuentro con una niña delicadísima, de ojos claros y brillantes, que deja de llorar y sonríe y se ríe y es feliz si le canto y le hago un baile alrededor de la cuna. Padre no hay más que uno, se suele decir o se debería, pero la verdad es que, sobre todo, hija no hay más que una.

Como el caso es tan increíble, he quedado firmemente convencido de que lo importante es lo presencial, como se dice ahora. Es imposible que mi hija valore mis aptitudes musicales, así que ella, con sus agradecidas risas, está celebrando el contacto estrecho, la intimidad atenta. Eso le compensa, a la pobre, cierto dolor de oído. Tralararará.

jueves, 14 de octubre de 2010

La canción de la ramera

Qué fogonazo de poesía verdadera el de Isaías, en el capítulo 23, 16, cuando para ilustrar la conversión final de Tiro, que será dada al olvido durante setenta años, cita esta canción:
Toma la cítara, ronda la ciudad,
ramera olvidada,
tócala bien, repite las canciones
para que se te recuerde.
Cuánta misericordia y dolor transfigurado, y qué esperanza le entra a uno, junto a unas ganas irreprimibles de trincar la cítara y repetir las canciones: ésta, ésta, sin ir más lejos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Yes, we can-can

Y siguiendo con la música, no se me va de la cabeza la imagen de que en campaña electoral el baile es el can-can.

lunes, 11 de octubre de 2010

Cine fórum

Para no engancharme a la película de crímenes y forenses, que me conozco, nada más escuchar la musiquilla, cojo un libro y me subo corriendo al cuarto. Cuando una hora y media después llega Leonor, le pregunto a modo de saludo:
--¿Quién era el asesino?
Impertérrita, contesta:
--El otro.