miércoles, 18 de julio de 2007

Muerto sí me verán

Una de las ventajas de internet sobre la prensa de papel es, dicen, que aquí se pueden hacer enlaces a otros textos e imágenes. Pero cuidado: a veces tanto salto de un click a otro te deja en el aire, colgado del ratón, sin leer nada del todo ni bien. Además, hay cosas que no hace falta ver, como de la que voy a hablar ahora.

Se trata de un vídeo de youtube que circula por la red en el que van pasando sucesivamente primeros planos de hermosísimos retratos de rostros femeninos de la historia de la pintura metamorfoseándose unos en otros. Teniendo en cuenta lo mucho que lo enlazan y que han sacado enseguida una secuela con las caras de las actrices más bellas de la historia del cine, está gustando bastante. En el momento de escribir este artículo, lo han visto ya más de cuatro millones y medio de personas.

A mí, sin embargo, no me gusta nada. Es más: me repugna —si me permiten el exabrupto. Esos retratos fueron hechos para la exaltación y el éxtasis, para desafiar y derrotar al tiempo. Al superponerlos a una velocidad serpenteante se aja su alta aspiración a la eternidad. Acaba por no saberse quién es quién, todas las figuras diluidas en una pasta movediza, en un magma mareante. La fugacidad es el signo de los tiempos, de éstos y de todos, pero recrearse en ella es lo contrario a la creación auténtica. El vídeo es un ejemplo de cómo la tecnología puede revolverse contra el espíritu, aunque muchos lo contemplarán suponiéndose exquisitos diletantes.

Con las actrices, igual. Rostros que merecen nuestra admiración durante la hora y media de una película como mínimo, aparecen y desaparecen sin que nuestra retina pueda retenerlos siquiera unos segundos. En menos de lo que tardaría usted en leer sus nombres, en dos minutos veintiséis, pasan (y nunca mejor dicho) setenta mujeres espléndidas y ochenta años de cine.

Si uno no está echado a perder por el zapping, la experiencia le resultará por fuerza muy dolorosa. Dante, que sabía lo que se hacía, llenó de metamorfosis el Infierno. La belleza demanda permanencia y el amor (que es lo que falta en el Infierno) es el motor de la permanencia. En los últimos meses, por si yo no lo tuviese claro, que juro que lo tenía, mi amigo Gonzalo se ha empeñado en explicármelo con unas lecciones prácticas: sólo habla de Susana.

Hay que esperar que Susana termine por hacerle caso, aunque sea por caridad con nosotros. La felicidad no es menos fiel, pero sí más pudorosa, y él volverá a hablar de política, de novelas y de artículos y reportajes. Lo hará en parte por disimular, porque, a diferencia de esos vídeos inquietantes, quien ama repite siempre con Bocángel: “Muerto sí me verán, mas no distinto”.
[Grupo Joly]

15 comentarios:

Enrique Baltanás dijo...

Has diagnosticado una nueva patología de la vida modelna: el-echado-a-perder-por-el-zapping.
El artículo, magistral.

Verónica dijo...

Fantástico artículo: profundo y conmovedor. ¡Suerte a tu amigo Gonzalo!

Rocío Arana dijo...

No he visto el vídeo, pero vistas tus razones, ¡te doy la razón!

Anónimo dijo...

La cuestión es: ¿se merece Gonzalo el caso de Susana?

Juan Manuel Macías dijo...

En mi humilde opinión, este es uno de los mejores artículos publicados en este "blogg", y mira que los hay buenos. ¿Has pensado en sacar, en un futuro, una antología en un blogglumen? Por otra parte, me solidarizo con tu amigo Gonzalo. De estas cosas sé un rato largo: ¿Será la maldición de mi apellido?

Ignacio dijo...

A mí sí me gustan mucho esos videos. Hay todo un ejercicio, finísimo en ocasiones, de reconocimiento de aquello que tiene la belleza de invariable y canónico y que permite enlazar con suavidad unos rostros con otros pivotando en los rasgos parecidos.

(Y por contraste, cuando los cambios chirrían, reconocemos también lo que tiene de personal e irreductible el milagro de un rostro)

Y me apoyo en esta cita apócrifa de Bernard Shaw que acabo de redactar ad hoc:

"La razón de que a veces confundamos entre sí a las actrices jóvenes y guapas y sin embargo distingamos perfectamente a las características talluditas es que la belleza es siempre igual a sí misma, mientras que la fealdad adopta formas innumerables."

E. G-Máiquez dijo...

No será tan humilde tu opinión, JMM, cuando a mí me llena de vanidad. Gracias de verdad. Como a todos.

También a Ignacio, pues en este tema no hay una verdad absoluta y está bien que quede claro. Quitando la falta de respeto al arte, algo así como los bigotes de Duchamp a La Gioconda pero en versión moviola, se trata de una cuestión de talante o —si preferimos no usar la dichosa palabra— de filosofía. La de Ignacio es platónica, en busca del Arquetipo; la mía aristotélica, o sea, orientada a los individuos (y más que nada a las individuas). O quizá es que la filosofía de Ignacio es partidaria del todo fluye del admirable Heráclito el Oscuro, mientras que la mía prefiere la permanencia, como Parménides.

No sé si Gonzalo se merece a Susana, sr. anónimo, porque no tengo el gusto de conocerla, pero me temo lo peor. Aunque tampoco importa: si ellas nos hicieran caso por nuestros merecimientos, el género humano estaría en vías de extinción. Ellas condescienden, afortunadamente.

Joaquín dijo...

El vídeo (que no he querido ver entero) me parece vulgar. Explota un recurso muy manido (que seguramente se remonta al genial cineasta Eisenstein). Me parece una trivialización de la obra de arte, comenzando por el fondo musical, tan repipi como el Adagio de Albinoni.

Verónica dijo...

Enrique, con permiso de Leonor, ¡eres un encanto! (lo digo por todo en general, pero por lo último sobre todo).

Luis dijo...

No seas temeroso Enrique, sucederá lo que tenga que suceder. Pero por ahora puedes imaginarte a tu amigo de la siguiente manera:

www.youtube.com/watch?v=ac6o8PXthzQ

Pericoteo dijo...

Es una moda, la fusión de da confusión. Nunca he sido muy partidario de cockteles, menestras o tutifrutis, aunque también tiene la parte siniestra de la construcción con retazos, muy de novela negra y cine de terror.

Dal dijo...

El vídeo es enervante, pretencioso, insoportable. Un signo de los tiempos. Pobres autores, y pobre Bach (lo que suena es la Zarabanda de la suite para cello nº 1).

Sin embargo ha servido para que tu bonhomía produjese este artículo, en el que, como un dios menor, sacas de un mal un bien mayor.

A mí lo único que me provoca son ganas de tirarme al cuello del autor y entre exabruptos decirle que quite sus puercas manos de mis sueños.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Es cierto: te quedas más con la transición que con cada cara, y resulta monstruoso.

E. G-Máiquez dijo...

Qué diferencia de vídeo, Luis. Se lo pasaré, descuida.

Leyendo vuestros comentarios pienso si no ganarían mis artículos siendo publicados aquí dos días antes. Así podría saquearos las ideas y quedar como un señor sabio. Lo de la menestra es estupendo y me ha recordado a Eugenio d'Ors que las odiaba con la misma intensidad con que hubiese odiado el vídeo. Tampoco hubiese estado nada mal usar el verso del nieto d'Ors ("quita tus puercas manos de mis sueños") como hace Dal ni el toque cinéfilo de Joaquín ni las transiciones de JSR.

Sería estupendo, ¿verdad?, escribir en equipo. Lo malo es que luego habría que repartir el sueldo y, uf, nos haría falta una calculadora de precisión.

Comunidad Viabinaria dijo...

Vi ambos vídeos.
Uno es de pinturas, el otro de fotografías. En ninguno de los dos veo el valor de ser pinturas o fotografías. Cierto, el vídeo (como técnica, en lo singular) ha despreciado el valor que la pintura o la fotografía tiene y que no es transferible (más aún el valor que cada pintura o fotografía, como obra, tiene y contiene en sí). Y basta no ver los vídeos completos, se tiene con apenas tres segundos (si es que)para leer lo que los autores nos muestran: transición morphing de rostros. Y eso es todo.
Podría haberlo hecho con frutas, con aves, con conchas de mar y el resultado sería el mismo. De arte nada (y no hay que ser un erudito para reconocerlo). A lo más con lo que uno se puede quedar es con "¡Oh, lo que se puede hacer con la computadora!" - y eso sí puede gustar (el arte no tiene porqué gustar, ¿o sí?)

Recreación no es creación, y por tanto está demás agregar "fugacidad" y "autenticidad". ¿Será que al decir "creación auténtica" estamos admitiendo que existe una
creación "no-auténtica"?
El problema, creo, no es el vídeo, sino la representación; y esta puede darse con herramientas o instrumentos tan antiguos como la misma pluma.

Saludos
Comunidad Viabinaria