lunes, 1 de diciembre de 2008

La perfecta casada

Aprovechaba las primeras horas de la jornada laboral para aplicarse la crema anti-edad. Luego, en la reunión con los proveedores, se limaba las uñas. La mascarilla del pelo se la aplicaba en la hora del café, y la de la cara mientras despachaba por teléfono con los de la Delegación de Londres. Durante la hora de la comida se ponía la crema bronceadora. La leche corporal la reservaba para las horas de la tarde, siempre más tranquilas. Antes de abandonar la oficina, se daba el contorno de ojos, se pintaba los labios, se extendía crema hidratante, se peinaba con cuidado y elegía el traje y el perfume para esa noche. Llegaba a casa a la hora espectacular del crepúsculo, y lucía radiante, tersa, rejuvenecida, perfecta.

17 comentarios:

Jesús Sanz Rioja dijo...

Mándalo a la parroquia con el ruego de que lo hagan obligatorio en los cursillos prematrimoniales. Ahora que empiezan a espabilar.

el rebelde dijo...

Me gusta todo menos el título. Por criticar algo vamos, que estoy de lunes. saludos.

Máster en Nubes dijo...

Y ... trabajar ¿cuándo trabajaba la señora?... O es que era funcionaria.

Lo siento, es una maldad, pero no he podido evitarlo...

Ángel Ruiz dijo...

Pues Rebelde, la gracia está en el título, precisamente, la variación sobre la obra de fray Luis (y cómo arremete contra los 'afeites' femeninos, dicho sea de paso).

batiscafo dijo...

Tiene mucha gracia esa inversión de llegar radiante al final del día, aunque habrá quien te pueda acusar de injusto con las mujeres. Pero haberlas, haylas (carne de centro estético).

Aparte de esto, muy meritorio el conocimiento de la "cremística".

Anónimo dijo...

A mí me parece que el título es esencial. Sin él, el texto correría el riesgo de parecer una broma, y no lo que es: un profundo tratado psicológico-ético-teológico sobre el trabajo externo de la mujer casada. Mi apoyo a la iniciativa de J.S.R.

Anónimo dijo...

A mí me parece que el título es esencial. Sin él, el texto correría el riesgo de parecer una broma, y no lo que es: un profundo tratado psicológico-ético-teológico sobre el trabajo externo de la mujer casada. Mi apoyo a la iniciativa de J.S.R.

el rebelde dijo...

Ángel, no había caído en lo de Fray Luis, ahora sí le veo más gracia, gracias por ilustrarme. Me rechinaba porque me hacía sentir que un marido necesita que su mujer esté así de arreglada para que sea perfecta y no lo comparto. un saludo

Manupé dijo...

Y llega a casa diciéndole al marido:
No sabes el día tan duro que he tenido. Vengo cansadísima.
Haz tu la cena que estoy muerta o mejor pide a un chino, que ni de hacer la compra tengo tiempo y está la nevera vacía.
!Que bien vives!. Tu , tu cervecita y tu partido de fútbol. Menos mal que estoy yo aquí.

glup dijo...

Parece una entrada de Rocío Arana.

E. G-Máiquez dijo...

Glup, muchas gracias.

E. G-Máiquez dijo...

Y por supuesto a todos los demás lectores, cada uno a su modo.

Néstor Aparicio dijo...

Vaya, ¿es un homenaje, una caricia? Ya sabes, la ignorancia, que es atrevida.

Rocío Arana dijo...

Bueno, bueno, bueno. Qué entrada tan redonda, fascinante y sabia (gracias, Glup.)
Me encanta que una mujer se cuide por el día, porque a la noche está para otros menesteres todavía más placenteros. Nunca he podido entender a las señoras que se embadurnan de tal modo por la noche que se les debe hacer imposible o al menos muy difícil hacer el amor.
Creo que voy a piratear esta entrada citando fuente (ahora que sé enlazar.) ¿Me dejas?

E. G-Máiquez dijo...

Un enlace siempre es un ensalce, Llir. Muchas gracias.

Benita Pérez-Pardo dijo...

ja,ja,ja... Llego desde el blog de Rocío. Perfecta entrada para la conciliación.

Genial el comentario de Jesús Sainz-Roja: materua de cursillo...

mafalda dijo...

Master, ¿te parece poco trabajo?.