martes, 14 de julio de 2009

En la zapatería

Nada más verme, el zapatero hizo un leve gesto de sorpresa y saludo que me sorprendió mucho porque sólo había ido una vez hace siglos. Enseguida empezó a ponerse nervioso con el cliente anterior. Ese quería unos remaches en una lona para un camping, y el zapatero le exigía perentoriamente medidas, dobladillos, una tela más fuerte. De repente, se aburre del de la lona, le aparta, porque "lo suyo es muy entretenido", dice, y me cuela: “Y usted, ¿qué deseaba?” Apabullado por su amabilidad, pongo sobre el mostrador un par de mocasines. Lo mira detenidamente y se le ocurren nuevas mejoras, más baratas. Me pregunta para cuándo lo quiero, le contesto, tímido, aterrorizado, que me corre bastante prisa, y responde que claro, que sin problema. El de la lona y dos o tres señoras miran sin dar crédito. Cuando va a escribir el resguardo, levanta los ojos, me mira de frente y asegura: “¿Máiquez, verdad?” El corazón me da un vuelco de campana, pensando que ha reconocido al hijo de mi madre, que había sido clienta suya. Pero no; con la más franca de las sonrisas, añade: “Leo todos sus artículos en el Diario”. Y a mí, sediento, como ustedes saben, de reconocimiento y fama, se me cae, sin embargo, el alma a los pies.

9 comentarios:

LFU dijo...

Que mejor lugar para que el alma se caiga a los pies...

Anónimo dijo...

Me quito el sombrero.
La semi (que es hija y es madre).

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ojalá todos los "Zapatero(s)" te hiciesen el mismo caso.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Esto es un rompimiento de gloria...

Ángel Ruiz dijo...

Me asomo desde Praga para aplaudir, aunque un aplauso no sea lo que más pegue aquí; pero que conste lo que me ha impresionado leerla.

Auberon Quin dijo...

Ya Cicerón afirmaba que el camino de la inmortalidad era la fama...
hala, a cargar con ella...
Un saludo y gracias por la entrada.

CB dijo...

Fama y afinidad, menos mal, que, si no, los zapatos acaban con tachuelas.
Preciosa historia. Yo me buscaría lectores afines en todos los gremios: el abollón del coche sobre la marcha, la merluza más lustrosa, la cañita mejor tirada...
Y cuando tengas que volver a hacer obras, ya sabes, sólo a los que empiecen diciendo "Máiquez ¿no?"
Qué alegría, eso es vida.

Luispa dijo...

Jajaja. Del Puerto era también un tal Seca.

Anónimo dijo...

Me uno a un comentario anterior. Esto es un rompimiento de gloria. Bravo, cuántas cosas demuestra esta entrada, porque además sabemos que es sincera.