martes, 9 de marzo de 2010

¿Me coge el toro?

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Signos de interrogación: un toro corniveleto que mete miedo.

15 comentarios:

José María JURADO dijo...

Se agradece la voluntad del caligrama, pero a mí me sale uno cómo ese en La Maestranza y devuelvo la tarjeta de abonado...

Claro que en El Puerto es otra cosa... ;-)

Me ha encantado el artículo, en la literatura se muere de veras, como en la Plaza.

Gracias.

E. G-Máiquez dijo...

Ay, buen puyazo, sevillanísimo JMJ, y eso que Joselito... Pero me lo tengo meresío, aunque la culpa es del toro que no termina de cuadrarse en la pantalla.

Caligramas aparte, te agradezco muchísimo el ánimo al artículo, pues sé que viene de un entendido (en ambos ruedos).

Javier de Navascués dijo...

Espléndido artículo de principio a fin, Enrique.

Pepe Mendoza dijo...

Buenos días, Enrique:

Inmenso, otra vez, amigo. Se muere y se vive de verás; también, y de qué forma, en esa monumental faena de aliño que lidiaste ayer contra el morlaco que nos empitona a veces desde el centro del ruedo de la página en blanco. Salvaste el revolcón y saliste por tu propio pie, que ya es bastante, pero conste donde tenga que constar que este aficionado sigue con el pañuelo al viento, pidiendo otro trofeo y otra columna, no se en qué orden.

Se muere, se vive y se escribe de verás: para mariconadas ya no estamos.

Un abrazo.

carmen dijo...

Qué alegría ver desde la barrera una faena tan interesante. Se sale de la plaza toreando. Te he colgado la crónica en el Diario de Jerez digital.

Ramón Simón dijo...

Signos de exclamación, admiración:

¡olé!

¡olé!

¡Qué arte tienes chiquillo con el capote!

Saludos.

Miguel García Castaño dijo...

A hombros...
Enorme metáfora, aunque me parece que en nuestro caso el toro pasa desapercibido al público.
El rasgón en el capote es lo de menos.

Ánimo.

gomez de lesaca dijo...

El artículo me parece de primera. Serio y bien presentado.

La vida pega derrotes a veces. Eso está muy bien dicho.

Y por eso el que más y el que menos tiene sus costurones en el cuerpo.

Estas cornadas viejas que a veces duelen pero que no pueden a uno quitarle ni el valor ni la torería. Que cuando se va camino del hule no es cuestión de mirarse.

Y el recuerdo de los días de gloria pesan más que los otros. Por eso no se cae en el resentimiento.

PS: El toro que usted pone en la entrada creo que es veleto.

E. G-Máiquez dijo...

Gracias, GdL, tienes toda la razón. Ya está corniveleto, y le he cambiado el suelo. Del campo verde me lo he traído al albero.

Y gracias de veras a todos. Carmen, qué generosa tu crónica en el periódico: allí tal vez la vea el empresario.Los signos de exclamación de RS son banderillas de fuego, que me animan mucho. Con una afición como la vuestra, da gusto.

Maria dijo...

Guau, digo muuu, digo OLE

Que arte tienes! no se si lo haces aposta pero los artículos que haces sobre tu no-inspiración te salen de lo más inspirados. Aún me resuena aquél tan encantador "¿Qué hacemos?"

Aparte de todo me siento muy identificada con tu estrés en uno, aunque tengo la suerte de no ganarme la vida con la inspiració. ¿O sí?

Jesús Cotta Lobato dijo...

¡Ole!

marinero dijo...

Por una única vez, y sin que sirva de precedente (prometo no repetirlo), voy a copiar aquí un texto que habla de la prohibición vaticana de las corridas de toros. Pondría el enlace, pero no sé hacerlo. Es éste:

" 1. La decisión de la presidenta Esperanza Aguirre de declarar, en la Comunidad de Madrid, las corridas de toros o "fiesta nacional" española como "bien de interés cultural" choca con la Iglesia católica. El concilio de Trento (1545-1563) prohibió las corridas de toros. El papa Pío V (1504-1572), que es santo, ratificó la decisión conciliar con la bula "De salutis gregis dominici" (1567). El internauta Karrlod1 ha tenido el acierto de apelar a esta bula papal.

2. Pío V consideró necesario ratificar la prohibición de Trento dado que los católicos del siglo XVI hacían oídos sordos al concilio. Está escrito en la bula papal: "Se prohibió, por decreto del concilio de Trento, el detestable uso del duelo, introducido por el diablo para conseguir, con la muerte cruenta del cuerpo, la ruina también del alma. Así y todo no han cesado aún, en muchas ciudades y en muchísimos lugares, las luchas con toros y otras fieras en espectáculos públicos y privados, para hacer exhibición de fuerza y audacia. Ello acarrea a menudo incluso muertes humanas, mutilación de miembros y peligro para el alma".

3. El Papa añadía: "Esos espectáculos en que se corren toros y fieras en el circo o en la plaza pública no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana. Y queriendo abolir tales espectáculos cruentos y vergonzosos, propios no de hombres sino del demonio, y proveer a la salvación de las almas, en la medida de nuestras posibilidades con la ayuda de Dios, los prohibimos terminantemente. Esta nuestra constitución estará vigente perpetuamente, bajo pena de excomunión".

4. Hoy, al cabo de los siglos, la moralidad del espectáculo es la misma. La moralidad se refiere a la postura humana ante el sufrimiento de un ser viviente convertido en espectáculo. Y es que en la tauromaquia también y sobre todo está en juego la sensibilidad y la calidad ética de las personas.

5. La pena de excomunión, en todo caso, suena a otra época. A menos que el arzobispo Antonio Maria Rouco, cardenal de Madrid, donde la lidia taurina puede ser elevada a la categoría de "bien de interés cultural", diga otra cosa. Lo diga en línea o no de Trento y de san Pio V. O, en esta ocasión, se mantenga en silencio. "

Lo copio para que se vea que quienes no compartimos algunas ideas aquí habituales también podemos seleccionar cosas que pongan en un aprieto a los que sí las comparten. Si yo, personalmente, no juego a ese juego, es porque no me gusta: me parece poco honrado.

Ese texto procede del blog "In Saecula Saeculorum", que mantiene en la edición digital del diario LA VANGUARDIA su colaborador -católico convencido y confeso- Oriol Domingo; allí puede quien quiera ratificar que no me lo invento. Por cierto, el internauta al que se refiere añade, en el foro del texto, un comentario que precisa aún lo que en él se dice. Lo copio:

" Que sigue vigente la bula queda claro con estos datos: 1. El Cardenal Gasparri, secretario de Estado del Vaticano, en 1920 escribía: "La Iglesia continúa condenando en alta voz, como lo hizo la santidad de Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos"; 2. Monseñor Canciani, Consultor de la Congregación para el Clero, en 1989 declara la validez de la Bula en declaraciones recogidas, entre otros, por Diario 16 el 5 de junio de dicho año. "

E. G-Máiquez dijo...

Muchas gracias, Marinero. Esta mañana prácticamente he hecho la oración con su comentario. Una acción de gracias por la Santa Madre Iglesia. Qué finura, Dios mío. Que las ocrridas de toros son objetables moralmente salta a la vista, pues, como sabían los padres tridentinos, se pone en riesgo la vida de las personas sin una causa en principio mayor. Además, la fiesta tiene un trasfondo pagano evidente. Y no hace falta remontarse a Micenas, sino leer con atención a René Girard. ¡Qué gran ensayo escribirá el girardiano que enfoque el mundo de los toros desde la óptica del rito sacrificial! Por todo, es evidente que la Iglesia, tan clarividente, no lo vea claro. Pero qué maternal a la vez, qué tolerante, por decirlo con palabras que le sonarán a usted gratas, levantando la excomunión, como sabrá usted que se hizo, para no poner a los fieles entre la espada y la pared. La levantó, además, a petición de Felipe II, rey preocupado por la salvación de sus súbditos. Que la Iglesia proteste ante los toros me parece, ya le digo, una muestra de su inteligencia; que lo haga sin aspavientos ni animalismos, una de su sensibilidad. Laus Deo.

marinero dijo...

Desconocía lo que EGM me dice de Felipe II; ni mis conocimientos sobre el tema, bien escasos, ni mi afición a él, aún más escasa, dan para tanto. Como desconocía los datos contenidos en la nota que paso, y que son responsabilidad de sus autores.
En el foro de dicha nota figura también otro comentario que tiene que ver, precisamente, con Felipe II, y que copio por lo que pueda valer: "Que las autoridades civiles españolas se ciscan y se han ciscado desde hace siglos de lo que la autoridad papal decretó de forma irrevocable. Incluso intentaron (nada menos que Felipe II) que algún sucesor de Pío V la aboliese, pero éste ya se cuidó muy mucho de dejar bien atado el tema, por lo que ningún papa pudo abolir la bula de excomunión". (Pido perdón por el lenguaje).
En cualquier caso, lo que en nota y comentarios se afirma es que, no en tiempos de Trento o Felipe II, sino que ininterrumpidamente hasta la actualidad, el Vaticano ha condenado el espectáculo taurino y la asistencia a él. Si eso es cierto o no, lo sabrán quienes conozcan más del asunto; reconozco francamente que no es mi caso.

José María JURADO dijo...

Enrique, voy todos los años a ver toros al Puerto, Joselito no se equivocaba nunca, allí los gitanos (el Paula, el propio Joselito)torean hasta los caligramas.

Gracias a ti.