viernes, 12 de marzo de 2010

Memoria histórica

Tras la guerra civil, Juan Gil-Albert se exilió en México y sólo volvió a España en 1947 a tirones de una nostalgia irresistible por su tierra, y para encerrarse en lo que se llamó el exilio interior. Releyéndole con gusto, como siempre, me ha sorprendido su poema “Apetencia”. Es muy bonito, pero lo suelen ser los suyos, así que la sorpresa no venía por el lado de la estética. La sorpresa venía del lado de la memoria histórica.

El poema está fechado en los versos 4 y 5: “veintisiete de mayo/ del año del Señor cincuenta y ocho”. Estamos en uno de esos años que el poeta Miguel d’Ors sitúa con ironía “allá por el cincuentayfranco”. Gil-Albert, sin embargo, no gasta ironías, él va a lo suyo.

Pero nosotros no podemos evitar leerle en el año del Señor dos mil diez, y por tanto nos chocan enseguida los versos del 19 al 29: “Los primerizos coches, camiones, / inician su diario desconcierto / con rutina afanosa. / ¿Qué otra cosa se puede en nuestros días / hacer que trabajar? / Es santo y seña. / Trabajan los honrados y los lerdos, / trabajan los sagaces y malvados. / Todos responden hoy a esa llamada / del deber. / Ya no se ven mendigos”. Desde esta España en paro uno se para al leer eso. Lo mismo que en las épocas de hambre la gente se desentendía del argumento de la película y contemplaba arrobada lo que comían los lujosos protagonistas, no se me van ahora de la cabeza unos versos que, como quien no quiere la cosa, retratan una sociedad de pleno empleo.

Lejos de la intención de Gil-Albert hacer propaganda de los logros sociales del franquismo y lejos de mí tergiversar su poesía. En el poema, hace una defensa de su ocio aristocratizante, y se permite cierto desprecio a “los que piden un sueldo y un estadio / donde gritar unidos como un hombre”. Pero tampoco le gustaría al poeta alicantino que pusiésemos en duda su testimonio y comprendería que uno, con la que está cayendo, se admire ante esos dos versos inauditos, casi increíbles: “¿Qué otra cosa se puede en nuestros días / hacer que trabajar?”. Qué cosas.

17 comentarios:

marinero dijo...

Si EGM tuviese en cuenta, en su comentario, cosas como la emigración, la Ley de Vagos y Maleantes (y sus disposiciones contra, por ejemplo, la mendicidad), la explotación de los trabajadores -víctimas de leyes en muchos casos inicuas, que recortaban sus derechos hasta lo inverosímil y los dejaban claramente indefensos-, y otras muchas que podrían citarse, al hacer su comentario sobre esos bellos tiempos de pleno empleo, podría creerse que él tampoco busca hacer propaganda de los "logros" franquistas. Al no hacer nada de eso, la cosa, para mí -y lo siento- no queda demasiado clara.
Y, con respecto al asunto de la emigración, que suele atribuirse sólo a los años 60, quiero recordar aquí el exilio de cientos de miles de personas que supuso la guerra civil, además de que el exilio por razones puramente económicas también se produjo en esos años. Cito de la wikipedia: "La guerra civil de 1936-1939 dio origen al exilio republicano, incomparablemente más numeroso, que se repartió por Europa e Iberoamérica . Entre tanto, y tras la ralentización que había supuesto la crisis de 1929, los movimientos migratorios tradicionales no se habían detenido ni cambiado los destinos preferentes (Venezuela,y luego Uruguay, México, Cuba, Chile y Argentina...) hasta la salida de la autarquía y el plan de estabilización de 1959 (a principios de los 50 se crea el Instituto Español de Emigración), que significó el comienzo de una emigración masiva en dirección a la Europa reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial (más de un millón de personas, lo que representó el 70% de la emigración total en el periodo 1959-1973)". Sólo subrayaré, para evitar errores, el recordatorio de que, cito, "a principios DE LOS 50 se crea el Instituto Español de Emigración". La España a que se refiere EGM, y donde parecen no haber existido ninguna de estas tristes realidades que cito, no tiene más que el pequeño defecto de no ser real.

Adaldrida dijo...

¡Toma ya! Marinero, manireando furiosamente como siempre. Un poco pejiguero siempre lo ha sido, (recuerdo su irrupción en mi blog mosquedo por no ver en mi perfil otra cosa que poetas jóvenes), pero esta vez tiene toda la razón... toda, si no fuera porque en esta sacrosanta democracia panacea de la humanidad seguimos como entonces, con las mismas injusticias cometidas por buenistas y buenistos. Franco fatal, Zapatero fataaaal también. Qué cosas.

E. G-Máiquez dijo...

No, si yo, como dijo aquel, no me meto en política. Sólo me pasmo de que alguien tan listo, tan libre (dentro de su exilio interior) y tan poco franquista como JG-A escribiera esta descripción lírica de su sociedad.

marinero dijo...

La amiga Adaldrida, a quien ya felicité (felicitación que aquí renuevo) por la aparición de su excelente libro, parece tener cierta tendencia a lo ciclotímico. Por esa "irrupción" en su blog que ahora me critica (por cierto, "manireando" querrá decir "marinereando", imagino; el nerviosismo es a veces enemigo de la expresión clara), me felicitó entonces en el mismo blog, como allí puede verse.
Pero en fin, tiene pleno derecho tanto a elogiarme como a denostarme, e incluso a ser todo lo incoherente que desee. Sólo que protesto por su "furiosamente": que me diga en cuál de mis manifestaciones ha encontrado esa "furia" que me atribuye, y que más bien, me temo, le asalta a ella de vez en cuando.
Zapatero, como todo dirigente democrático, es criticable -y añado lo de "democrático" porque la crítica, por ejemplo, a Franco, simplemente en los términos en que ella la hace al otro, podía costarle a uno muy cara, lo que debería bastarle para ver que aquellos tiempos no son estos tiempos.
La democracia no es, ni lo pretende, la "panacea", sino sólo (creo que la frase es de Churchill) "el peor de los sistemas posibles, excluidos todos los demás". Son las dictaduras, no las democracias, las que pretenden ser perfectas, y hacen repetir machaconamente eso mismo a sus aparatos de propaganda. La democracia sólo intenta ser algo tan humilde, y tan necesario, como un sistema de convivencia en el que quepan todos.
Es un poco triste tener que explicar algo tan obvio; algo que, si Adaldrida controlara mejor sus arrebatos, sin duda se le ocurriría a ella sola, y le evitaría comparaciones como la que hace entre democracia y dictadura (y sólo por meterse con Zapatero..., y conmigo; de veras, no hacían falta tales alforjas para semejante viaje). Son dos mundos distintos, simplemente.

Simeón dijo...

Tua culpa, Enrique, has insinuado algo bueno de los "tiempos oscuros". Debes confesarte, so pena de ganarte una etiqueta muy fea.

Berowne dijo...

Qué egoísta y miserable por parte de Gil-Albert obviar en su poema que el exilio de cientos de miles de personas que supuso la guerra civil, además de que el exilio por razones puramente económicas también se produjo en esos años. Cito de la wikipedia: "La guerra civil de 1936-1939 dio origen al exilio republicano, incomparablemente más numeroso, que se repartió por Europa e Iberoamérica . Entre tanto, y tras la ralentización que había supuesto la crisis de 1929, los movimientos migratorios tradicionales no se habían detenido ni cambiado los destinos preferentes (Venezuela,y luego Uruguay, México, Cuba, Chile y Argentina...) hasta la salida de la autarquía y el plan de estabilización de 1959 (a principios de los 50 se crea el Instituto Español de Emigración, cosa por cierto que el alicantino debiera haber subrayado), que significó el comienzo de una emigración masiva en dirección a la Europa reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial (más de un millón de personas, lo que representó el 70% de la emigración total en el periodo 1959-1973)". No manireaba bastante, el pobre (huy, és uqe el nrveiosimso me imdipe exrpesamre mas lcaramnete).

Espinelete dijo...

Vaya, Sr. García-Máiquez, ha originado con su entrada un interesante cambio de opiniones. Tengo la impresión de que la reacción va un poco más allá de la naturaleza casi estrictamente literaria de la entrada. Era previsible si de memoria histórica se trata. Esta sería mi moraleja

Zapatero a su zapato
y marinero al timón.
Y a coger la subvención
las cejas del Sindicato.
Todos firmes de inmediato
ante la voz Democracia
que nunca hallará en Farmacia
para su males ungüento
quien ose cuestionamiento
conjurando su desgracia.

Paty dijo...

Es la segunda vez que escribo (aquí), aunque hace un año que leo (el blog), pero no he podido resistirme a pesar del agotamiento mental: después de unos días de ausencia me he metido entre pecho y espalda varias entradas con sus comentarios correspondientes. Sólo dos cosas muy breves para "compensar": Marinero, hijo ¿no te cansas? De verdad, esa actitud equilibrada, comprensiva con todos, por encima del bien y del mal, "yo no lo haría pero que lo haga quien quiera", y qué buena la República y qué malo Franco y el capital...mú cansino, pero que mú cansino. Y la segunda, a mi Adaldrida ni tocarla, aunque ella no necesita que yo ni nadie la defienda, porque ella sí que es comprensiva, equilibrada y...mi amiga, ea.

marinero dijo...

Me viene a la memoria un hecho ocurrido hace ya años, me parece que en la segunda mitad de los setenta o así. Un dúo musical español, Sergio y Estíbaliz, había hecho unas actuaciones en el Chile de Pinochet, y al regreso de ellas declararon a la prensa que, en contra de lo que se decía de aquel lamentable régimen, ellos habían encontrado un Chile ordenado y tranquilo. Mucha gente, como es natural, les recordó que ese orden aparente estaba edificado sobre centenares de asesinatos -recuérdese, por poner un solo ejemplo entre tantos, el caso de Víctor Jara-, torturas atroces y otras muchas lindezas similares.
Por lo que se ve, Sergio y Estíbaliz no son los únicos que, satisfechos con la fachada de orden y normalidad de una dictadura, no sólo no quieren mirar lo que hay detrás de esa fachada, sino que les enfada que otros se lo hagan ver. Pues lo siento: como ya dijo Juan de Mairena, la verdad es la verdad, dígala Agamenón... o su porquero.
Y no, no me cansa intentar ser equilibrado y ver lo bueno y lo malo; es gracias a gente que hace bien eso mismo (no yo, que sin duda, por mis limitaciones, que son muchas, estoy lejísimos de lo deseable, y no desde luego por encima de nada ni de nadie) por lo que se puede vivir, a veces, en una calma que no excluye el mirar de frente a la verdad.
Cuando hablo de emigración, sé lo que digo: en mi familia hubo varios casos. Cuando hablo de condiciones de trabajo lamentables, también lo sé: el padre de mi mejor amigo, enfermo durante años del cáncer que al fin lo mató, estuvo durante ese tiempo cobrando, gracias a una "maravillosa" ley franquista, menos de la mitad de su sueldo de obrero, para mantener con él a su familia de seis personas; yo mismo le escuché decir, en su lecho de muerte (y lloraba al decirlo), que le gustaría vivir para pagar lo que le había costado vivir -entiéndase, las deudas que la "generosidad" franquista le había obligado a contraer para mantener a su familia. No pudo conseguirlo.
Por cosas como ésas, ciertas bromas me hacen muy poca gracia. Quizá mis contradictores tuvieran la inmensa fortuna de no tener que enfrentarse nunca con esa España, tristemente real. Me alegro por ellos. Yo, y muchos miles de personas más, sí tuvimos que vivirla. De modo que, por desgracia, sé bien de lo que hablo.
Quien prefiera bromear sobre el asunto..., bien, es problema suyo. Pero desde luego es "problema" suyo, en efecto, si la ética y la simple justicia le importan algo; ni siquiera tiene que ser mucho. Claro que, como dice el proverbio, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Espinelete dijo...

Siento de verdad que le enojara mi broma, marinero. Me importan bastante más de lo que pueda Usted sospechar la ética y el sentido de la justicia y he estado siempre lejos de defender toda forma de fascismo y de Dictadura, pero la libertad de expresión abarca que si se censuran las calamidades y monstruosidades de las dictaduras también puedan criticarse, e incluso ponerse en solfa, los vicios de las democracias ¿no? Quizás con ello no se añore ninguna Dictadura, sino sólo una Democracia más lógica y equlibrada, aunque todos los políticos, todos, los unos y los otros, la hagan imposible con su prácticamente nula sensatez, sectarismo y escaso espíritu de concordia y entendimiento. Huelga decir que no era naturalmente una una broma referida a Usted y siento que haya podido malinterpretarlo. No quiero abusar más del espacio de Enrique García-Máiquez para este asunto. Un saludo

Berowne dijo...

Insisto: qué ciego Juan Gil-Albert.

marinero dijo...

Quiero tranqulizar a "espinelete": su broma no me ha enojado; me limité a decir, y lo repito, que las bromas sobre determinados asuntos me parecen en general poco graciosas, por inadecuadas.
Tiene toda la razón en lo de las críticas a la democracia; si repasa mi intervención de las 5:10 verá cómo estoy de acuerdo con él, y cómo digo allí que (perdón por la autocita) "Zapatero, como todo dirigente democrático, es criticable". Pero también digo allí que estas mismas críticas, en tiempos de Franco, podían costarle a uno muy caras.
Ésa es una -no la única, desde luego- importante diferencia entre democracia y dictadura. Diferencias que Adaldrida, en su intervención, pasa por alto -sin que ni siquiera se le ocurra, al parecer, que en una dictadura no podría, sin correr por ello serios riesgos personales y hacérselos correr a sus seres queridos, hacer esas mismas críticas-; un error de peso por su parte.
Y, en fin, "Berowne" olvida que Gil-Albert no hablaba, en su poema, de la situación social en que vivía -y que a él mismo le costó prohibiciones y otros problemas que cuenta, por ejemplo, en su "Crónica General", sino de otra cosa. Pero EGM, en la interpretación que hace de los versos, sí habla de la situación social, de entonces y de ahora. Y hacer eso sin referirse siquiera a lo que ocultaba la fachada de la dictadura es caer en el mismo error en que en su día cayeron Sergio y Estíbaliz.
En uno y otro caso, no hacerlo puede ser simplemente ingenuidad; por eso yo, que por desgracia sé algo (sólo algo, y ni de lejos lo más grave o más turbio) de lo que esa fachada escondía, le señalo a EGM -sin nada de la "furia" que Adaldrida supone- que, en su interpretación, faltan cosas importantes. Quien quiera ver en esto parcialidad o ceguera, es muy libre; pero quizá debería empezar por echarle un vistazo a sus propios ojos.

Adaldrida dijo...

Parece que los arrebatos son tan mal recibidos como las erratas tipográficas. De verdad, Marinero, quedo couería yo armar tamaño rebullicio, y sobre todo con alguien tan tolerante, equilibrado y poco arrebatado como tú.
Lo peor es que cuando hablo con los franquistas parezco roja, y hablando con los rojos parezco furiosamente azul, y ni lo uno ni lo otro. Simplemente me harta tanto buenismo.
El adverbio furiosamente no quería ser agresivo... no quería serlo, pero ahora que leo, unos días después, las respuestas, y visto que soy "ciclotímica", "nerviosa", "incoherente" y "furiosa"... creo que el adverbio estaba muy puesto en razón, y no lo quito.

Adaldrida dijo...

uy, quise decir "que no quería"... pero el ordenador nervioso me traicionó.

marinero dijo...

Aceptamos barco (furioso barco), aunque -que no me oiga nadie- es un animal de compañía un poco raro.

Arturo Campo dijo...

Que usted no se mete en política, señor Máiquez, usted no hace otra cosa que dejar traslucir su pensamiento ultraconservador, ultracatólico y desde luego comprensivo con el franquismo al que el Opus Dei tanto le debe. No diga que usted no se mete en política, usted toma a Gil Albert como pretexto para colar su tono reaccionario. P.D Por cierto estuve escuchándole en el Colegio Argantonio en su Pregón de Navidad. Ya podría haber recordado al poeta gaditano José Manuel García Gómez, hubiese sido un bello gesto por su parte al pisar el colegio que él fundara en 1970. Pero olvidaba que usted no sabe quien fue en la poesía gaditana García Gómez.

E. G-Máiquez dijo...

Pues sabe que le digo, Arturo, que tiene usted toda la razón y que tenía que haber recordado a García Gómez. Hubiese sido un gesto precioso y lamento mucho que no se me ocurriese. Lo lamento de verdad.
Voy a tratar de leerle. Gracias por el toque de atención.