viernes, 1 de noviembre de 2013

Las paradojas son guerreras


No tengo claro si el secreto de confesión atañe también al penitente, pero creo que no. Anteayer en esa sede sacramental a la que tanto debo me dieron este consejo: "La paz hay que conquistarla". Se me encendieron todas las alarmas chestertónicas o, mejor dicho, repicaron todas las campanas góticas del alma o, mejor aún, resonaron todos los clarines de batalla.

Paz—deber—conquista. Qué excitante aventura. 


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que el penitente debe guardar secreto respecto de las orientaciones de carácter estrictamente personal que reciba del confesor.
Jilguero.

Cavalcanti dijo...

Lo de "sede sacramental" me suena a sede judicial o parlamentaria. Y un frío gibelino me recorre el espinazo. En cambio, me fascina el uso castellano de "hay que". Me parece una construcción tan católica. Expresa necesidad, no obligación. "Hay que conquistarla" no es "debes conquistarla". ¿Qué más da? Todo es gracia.

Enrique García-Máiquez dijo...

Me alegra muchísimo ver que lo que yo puse, por gusto de darle la solemnidad que tiene y que no se ve al discreto confesionario, no vale tanto, como no lo vale, como lo se me dijo.

Mile grazie!