domingo, 23 de marzo de 2014

Hilde Domin


Mientras Ignacio Peyró (Dios se lo premie) nos ultima el próximo acomodo en la Red tras Suma Cultural, se me van acumulando reseñas que no escribo. Me incomoda porque el bien es expansivo y tanto me pesa que no me compensa el tiempo que le gano a este impasse

Uno de los libros que se me está quedando atrás es Hilde Domin en la poesía española, de Antonio Pau. Merece la pena por la propia poesía de Domin, por su amor a España y al español, por la prosa de Pau... Pero tiene un interés añadido de inmenso valor, que hoy quisiera subrayar. Es la biografía marcada de una mujer que abortó. [Véase el poema que nos trae Inma Moreno en comentarios.] Resulta prodigioso el inmenso pudor y respeto con que nos lo cuenta Pau, sin hurtar nada a la verdad, aunque con un velo. Esa es otra lección. Si alguien quiere tratar de entender la cicatriz que deja el aborto en una madre, este libro: dos sensibilidades exquisitas (Domin y Pau) nos muestran lo esencial. Aquella paloma con las alas rotas que ella encontró en El Rastro, un Espíritu Santo de alguna iglesia, y que compró y del que ya no se separó nunca es un icono luminoso y desgarrado. 

En un plano más anecdótico, una curiosa casualidad. Cuando su marido, Erwin Palm, que pretendía ser poeta desde antes, leyó los primeros poemas de Hilde, la insultó y se marchó de la casa dando un portazo. En ese portazo, ella vio la confirmación de que había escrito un auténtico poema. Lo cual me trajo inmediatamente a la memoria a Miguel d'Ors:


 […]
Pero me atrevería 
(aun sabiendo que el arte es tan inexplicable como la vida misma 
y que también en él donde menos se piensa 
salta la maravilla) 
a suponer, con todos los según 
y los quizá que el caso necesita 
(y más en este tiempo que tiene como dogma 
que no hay que tener dogmas), que si un verso te incita 
a llamarle cretino y dejarlo plantado 
detrás de un buen portazo, 
                                           ahí está la Poesía.

¿Lo habría leído d'Ors en Hilde Domin? ¿Habrá sufrido algún portazo d'Ors o sólo los metafóricos de las puertas que se le iban cerrando? 

2 comentarios:

Inmaculada Moreno H. dijo...

Este poema es de Hilde Domin. Apoya lo que dices. Se llama "Hier", como el libro que lo cobija.


Niños no deseados,
mis palabras
tienen frío.

Venid,
quiero sentaros
en las cálidas
puntas de mis dedos,
mariposas en invierno.

El sol,
pálido como una luna,
brilla también aquí,
en esta tierra
donde pagamos el ser extranjeros
hasta el final.

(Ungewünste Kinder
meine Worte
frieren.

Kommt
ich will euch
auf meine warmen
Fingerspitzen setzen
Schmetterlinge in Winter.

Die Sonne
blass wie ein Mond
scheint auch hier
in diesem Land
wo wir das Fremdsein
zu Ende kosten.)


Gema Estudillo Herrera dijo...

Es probable que lo hubiera leído. Por aquel entonces, ya preparaba con su marido, Erwin Palm, la antología de poetas españoles Rosa aus Asche. Es posible que lo conociera a través de los españoles: Jesús de Galíndez, Enrique Casals Chapí y Vela Zanetti, que pertenecían al círculo de los Palm y residían también en la capital de la isla.Erwin Palm se convirtió en un famoso arqueólogo, dio conferencias por toda latinoamérica y fue amigo de Max Aub, Manuel Altolaguirre, Alfonso Reyes... Ellos eran los que les surtían de lecturas españolas.