jueves, 4 de septiembre de 2014

Un cirio


Me hubiese gustado despertarme a media noche por una rima indomable de un soneto, como cuando era joven, pero ha sido por los horarios del instituto.

A cambio, me he reído. Solo, a las tantas, teniendo que taparme la boca para no despertar a Leonor con mi carcajada de loco.

Resulta que el mayor de los problemas al horario de instituto lo plantea la Religión. Eso da lugar a enjundiosas conversaciones entre el atribulado equipo de dirección. A veces (y he aquí mi risa) los diálogos tienen una misteriosa precisión. Os lo cuento.

I- Un cirio.  Según expresión del director, lo que monta la Religión, que hay que cuadrar con las horas de Alternativa, pero concentrándolas todas los jueves y el viernes, porque la profesora de Religión no tiene más días asignados con nosotros, lo que monta, dice, es "un cirio". No me digan que no chisporrotea el nombre exacto de la cosa, eh.

II- ¡El problema de todo es que este instituo es ateo! También lo repite el director. Al tener tan pocos alumnos de Religión, nos dan un horario partido de la profesora, sólo dos días, pero hay que montar muchísimos grupos de Alternativa a la misma hora, con lo que los horarios revientan por dentro. Ésta es la explicación técnica, y el director repite lo del ateísmo con gracia y con respeto por la libertad de los alumnos; pero tampoco el Sumo Sacerdote Caifás sabía, cuando dijo aquello de que convenía que un sólo hombre muera, que estaba haciendo una profecía como la copa de un pino.

III- Ni Dios. En los momentos más desesperados, mesándose los cabellos, alguien dice: "Es que no escoge Religión ni Dios". Lo que me permite hacer un inciso: "Tratándose de la Religión, quizá la expresión peque de exagerada".

IV- Crucial. "Solucionar la cuestión de la Religión es crucial", dicen. Y yo, naturalmente, no tengo nada que añadir.

V- Lo fundamental para el funcionamiento del instituto. Insisten. Y yo, como en el punto IV, callo y otorgo.

VI- La Providencia. Quizá una solución sea, se sugiere a la desesperada, que los alumnos que vayan matriculándose con posterioridad tengan que meterse en Religión. No será, porque hay que dejar escoger, pero sería un caso de libro del "Los últimos serán los primeros" y de los inescrutables caminos de la Providencia. 


VII- Sacrificio. En eso estamos de acuerdo todos. La profesora de Religión hace lo que puede y más por solucionar el problema. "Está dispuesta a sacrificarse", concluye uno, "y sin perder la sonrisa"; y yo siento entonces —orgulloso de mi compañera— que acaba de dar la primera lección de cristianismo, y todavía ni ha empezado el curso ni le hemos cuadrado tan siquiera, qué más quisiéramos, el horario.


4 comentarios:

Ana Agüero dijo...

Qué bonita entrada, Enrique, en el fondo y en la forma. Yo también me siento orgullosa de la profesora de religión, sin conocerla. ¡Ánimo y que consigais cuadrar los horarios!

Anónimo dijo...

Yo sí la conozco y la verdad, ella es así. Un cielo.

Diego Reche dijo...

Enrique, cómo se parece tu instituto al mío... Casi podría contarte lo mismo. Un abrazo

héctor dijo...

ja,ja,ja. Increíble. Enrique: es ud. un fenómeno; me encanta todo lo que escribe en el Diario.