sábado, 6 de septiembre de 2014

William Cobbett

Cuando regresó a Inglaterra fue con el propósito determinado y perfectamente simple de encontrar a la muchacha que había visto en la nieve. En los primeros tiempos había llegado a una especie de compromiso con ella, y había puesto solemnemente en sus manos un paquete de dinero sellado, diciéndole que dispusiera de él si alguna vez lo necesitaba. Entonces su regimiento cruzó el Atlántico, y ella se perdió en el laberinto de la pobreza de una ciudad moderna. Durante mucho tiempo no consiguió hallar ningún rastro de ella; por último la encontró en un barrio sórdido, donde trabajaba como sirvienta de la clase más humilde, y ella le devolvió el paquete que contenía el dinero, con el sello intacto.

Esta historia nos cuenta G. K. Chesterton en su biografía de William Cobbett. Luego se demora en explicarnos la emoción y la moraleja implícitas. La historia es tan bonita, tan transparente, tan noble, que nosotros podemos prescindir de las glosas y recrearnos en ese sello intacto.