jueves, 2 de octubre de 2014

Chestertonina


Me he levantado tan cansado como me había acostado. Podría haberme ahorrado la noche, con la falta que me hacen esas siete horas. Para seguir, entre otras cosas, rechazando, seleccionando y corrigiendo las entradas de mi próximo diario. Hoy he llegado a este auto-aviso contra el peligro de usar a Chesterton como fermosa cobertura. Aunque ha sido mucho más eficaz el propio Chesterton, cuando he pasado a mi siguiente tarea, que es ir seleccionando aforismos del maestro. Éste, como un clarín que me ha despertado mucho más que mi afónico reloj, toda una llamada a la acción:

Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil; un frente de batalla es tan fuerte como su hombre más débil; un movimiento envolvente es tan fuerte como su punto más débil, ese punto en que el círculo se puede romper aún. Así, para empezar, si alguien me pregunta: "¿Qué puedo hacer yo?", le contesto: "Algo, aunque sea pequeño, que impida la consumación del complot capitalista. Cualquier cosa que lo retrase. Salva una tienda de barrio entre cien. Salva un huerto entre cien. Mantén una puerta abierta entre cien, porque mientras una puerta esté abierta, no estamos en prisión. Pon una barricada en su camino, y veremos pronto si era el camino del mundo. Pon un palito en la rueda, y veeremos pronto si era la rueda del destino.
Ahora sí puedo salir con otro ánimo. 

4 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Me gusta muchísimo casi toda la cita, me impresiona sobre todo la primera parte.
Pero eso de las tiendas de barrio no lo veo; los huertos, bueno, pero las tiendas de barrio como paradigma de un mundo mejor no sé.

bacon dijo...

¡Pues claro que tiendas de barrio!
O en unos años coger el coche para ir a comprar a los "mall" no será una opción, sino la única posibilidad

Anónimo dijo...

Y el punto flaco del hombre mide su fortaleza.

Javier Vicens dijo...

Claro, la tienda de la esquina es el pequeño negocio de una familia. Como el huerto.