miércoles, 1 de octubre de 2014

Lo que pesan las buenas intenciones


Lo cuenta Paul Auster y a mí Javier Aranguren para empezar su libro Lo que pesa el humo: 
Él [Sir Walter Raleigh] apostó con ella [Isabel I de Inglaterra] una vez a que podía medir el peso del humo. Eso no se puede hacer — dice otro personaje — es como pesar el aire. Reconozco que es extraño —dice Paul —. Casi como pesar el alma de una persona. Pero Sir Walter era un tipo listo. Primero cogió un cigarro nuevo, lo puso en una balanza y lo pesó. Luego lo encendió y se lo fumó, echando cuidadosamente la ceniza en el platillo de la balanza. Cuando lo terminó, puso la colilla en el platillo junto con la ceniza y pesó todo eso. Luego restó esa cifra del peso original de un cigarro entero. La diferencia era el peso del humo.
Estaría muy bien pesar cada mañana todos nuestros propósitos y justo antes de acostarnos nuestras realizaciones. Luego hacer la resta. El resultado sería lo que pesan nuestras buenas intenciones. Como el humo. Claro que a veces pesan tanto que no me extraña que el refranero piense incluso empedrar con ellas no sé qué. 

2 comentarios:

Sandra Suárez dijo...

Esto sale en el inicio de la película "Smoke". Si no la han visto, corran a verla.

Isa dijo...

Lo mejor es pesar las realizaciones, que son las obras, que son los amores. En estos casos las matemáticas no sirven.