viernes, 31 de octubre de 2014

¡Dios mío, qué solos estamos los güelfos!



Ayer di mi primera clase de nuestra segunda edición. Tocó El viajero bajo la luz de la luna, de Antal Szerb. Mis alumnos son brillantes (por ejemplo, ¿qué me dicen de comparar el fatalismo vital y el abandono y el encanto del protagonista con el toreo de José Tomás?), pero en general tenían grandes reparos a considerar que la novela acaba bien, que es salvífica. 

Erzsy vuelve con su marido después de haber comprobado que la liberación y la aventura la convertían en un objeto de compraventa y Mihály, por su parte, se sacude las obsesiones con Eros y Thánatos, digo con Eva y Tamás, gracias a un bautizo y a una fiesta. Si ambos vuelven a Budapest no es porque acepten un triste convencionalismo, sino porque la vida, según Szerb, sólo florece en las raíces. Recuérdese su resistencia a abandonar su ciudad incluso frente al  peligro mortal de los nazis. A la propuesta de ir a enseñar literatura a una prestigiosa universidad de Estados Unidos replicó: “¿Y qué les voy a enseñar yo a unos que no han leído a Vörösmarty?”. 


Casi todos mis lectores echaban de menos un final más romántico, siendo el romanticismo, en última instancia, lo que tanto Erzsy como Mihály se sacuden felizmente de encima. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bien elegida la lectura. Ya sabes lo que opino de Erzsy.
JLC

Jesús Sanz Rioja dijo...

Vaya, por lo que veo hay ciertas conexiones con La mujer nueva de Carmen Laforet, en el tema y en las interpretaciones.

Ununcuadio Dolores dijo...

He empezado la novela esta mañana en el cercanías, y no me ha quedado más remedio que acabarla esta tarde-noche ;) Después me he venido a tu blogg para buscar tus textos sobre Antal Szerb, es un poco rollo porque los han cambiado a todos de sitio xDD pero afortunadamente existe San Google para localizarlos.

Me ha gustado mucho la lectura. No sabría decir si más o menos que Oliver VII... Esta novela es mucho más enrevesada... y me ha despistado más con tanto giro y contragiro, pero también me ha hecho conectar con la mayoría de los personajes Erzsi, Mihály, Ervin..., ¡hasta Tamás!

Muy chestertoniana en ese irse al otro extremo del mundo para saber llegar a casa... que, no deja de indicar parte de nuestra naturaleza humana que, a pesar de los desvíos que se busca, anda buscando llegar a casa. Y aunque puede que no fuera la intención de Szerb me ha conmovido el padre viejo de Mihály... como una imagen muy evangélica del regreso del hijo.

Bueno, años después tus lecturas reseñadas siguen viniendo muy bien. ¡Gracias!

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias a ti. Qué regalo de comentario.