lunes, 27 de octubre de 2014

Patriotismo


Vienen las imágenes en mi ayuda. Cada vez más. La de un padre y un hijo disertando desde la misma tribuna de la misma Aula Magna de la misma Universidad con una diferencia de casi veinte años es una imagen (dos) poderosa de lo que es la Tradición. 

Y otra, con banda sonora. Asisto a un almuerzo en Jerez, de amigos, que tiene como eje un homenaje a Francia, para celebrar la vuelta de la anfitriona de un viaje vinícola por aquellas feraces tierras. A los postres, Aquilino Duque, cuyo ardor hispánico está fuera de dudas y es público y notorio, se arranca a cantar la Marsellesa con un entusiasmo auténtico, a pleno pulmón. 

Enseguida le secundan otros comensales con buen oído y buen francés. Si yo callaba, era simplemente por no bajar el nivel musical, que estaba bastante bien. El salón de la casa tremolaba como una bandera y alguien sacó de no sé dónde una bandera de Francia y la ondeó un poco. 

¿Cuántas veces habré dicho (mil palabras) que el patriotismo te permite amar a los otros países apenas un poquito menos que al propio, mientras que el nacionalismo, justo lo contrario; y he citado a Millôr Fernandes: "Patriotismo es cuando usted ama a su país más que a ningún otro. Nacionalismo es cuando usted odia a todos los países, sobre todo al suyo"? Pues nunca lo vi —lo oí— tan claro como en el almuerzo jerezano del sábado. 

4 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Quememos todas
las banderas del mundo
sin excepción.

Anónimo dijo...

¡Qué buena la cita y qué aclaratoria! Gracias por la mención, pero no mencionas que cuando los demás entonaron el Himno Nacional con letra de Massiel (La,la,la), me uní al coro con la letra de Pemán, otro ilustre deudo de la casa. Y qué pena (ocurrencias de escalera) no haber cantado el "Cara al sol" en esa casa precisamente.

Ménguez dijo...

Para mi el problema no sería tanto cantar el himno de Francia o tremolar su bandera, sino cantar el himno y ensalzar la bandera de la revolución francesa que tanto daño hizo a las Españas y a sus hijos. En fin hoy esto parece estar olvidado, que le vamos a hacer. Así nos va.

Enrique García-Máiquez dijo...

Ménguez, tu comentario es estupendo y candente. Gracias. Creo que en el canto de la Marsellesa del otro día tu crítica estaba asumida: se cantaba el himno de otra nación y de otra cosmovisión, que sería (fue) combatida. Algo así como el "tercer tiempo" del rugby. No sólo es que lo cortés no quite lo valiente, sino que, como estoy cada vez más convencido, lo da.