miércoles, 16 de febrero de 2011

Lighea

Documentándome para escribir el artículo de hoy, leí "Lighea" de Lampedusa. No disfrutaba tanto con la literatura desde hacía muchísimo tiempo --tres días para ser exactos, pues el domingo leí "La veneciana" de Nabókov--. Si no han leído alguno de estos dos cuentos, pasen rápido por la página del Diario, voten mi artículo por caridad, y vayan volando a esos cuentos magistrales por egoísmo (bien entendido).

El barbero no se ha resistido a hacer lo suyo con el relato de Lampedusa, aunque esto, evidentemente y por suerte para ustedes, no les dispensa de leer el original. Va:
[Paolo Corbera di Salina, tras una ruptura con una amante] Nunca la volví a ver, como tampoco he vuelto a ver un “pullover” de cachemira negro que me había costado un ojo de la cara y que tenía el funesto mérito de servir tanto a hombres como a mujeres. […] Mi sicilianísimo amor propio estaba humillado.
[Conoce a un viejo profesor] El nombre decía mucho aun a mi pobre cultura periodística […] Al día siguiente, en el periódico, hurgué en ese singular archivo que contiene las necrologías que están en “espera” […] Es inútil negarlo: nosotros los italianos, hijos (o padres) de primeras nupcias del Renacimiento, estimamos al Gran Humanista superior a cualquiera otro ser humano. La posibilidad de hallarme en cotidiana proximidad del más alto representante de esta delicada sabiduría, casi necromántica y poco redituable, me halagaba y turbaba a la vez; sentía la misma sensación de un joven estadounidense que fuera presentado al señor Gillette: temor, respeto y una forma particular de no innoble envidia. […] El orgullo, si está bien, es preferible a la falsa modestia.
[Habla el profesor] «Paolo... Eres afortunado por llamarte como el  único apóstol que tenía un poco de cultura y una pasada de buenas letras. Girolano habría estado mejor»[Al enterarse de que es un Corbera de Salina] «Bien, bien. Tengo una alta  consideración por las viejas familias. Poseen una memoria, minúscula, es verdad, pero en todo caso mayor a las otras».
 [Y esa alusión a sus alumnos que] "por un instante son jóvenes" 
[Cuenta Paolo] Se obstinó en pagarme el espresso, no sin manifestar su singular rudeza («Ya se sabe, estos muchachos de buena familia no tienen un centavo en la bolsa») […] También continuaba escupiendo. […] Me atreví a preguntarle porqué no se hacía curar ese insistente catarro […] «Pero, querido Corbera, yo no tengo ningún catarro. Tú que observas todo con tanto cuidado debiste notar que no toso nunca antes de escupir. Mis escupitajos no son signos de enfermedad, sino de salud mental: escupo por el disgusto que me provocan las estupideces que voy leyendo; si quieres tomarte el trabajo de examinar ese trasto (y señalaba la escupidera) notarás que contiene muy poca saliva y ningún rastro de flemas. Mis escupitajos son simbólicos y altamente culturales; si no te agradan, vuelve a tus saloncitos nativos donde nadie escupe, sólo porque no se quiere sentir nauseas de nada.»
[Paolo visita su casa] Desde la sala comenzaba el desfile de los libros, de esos libros de aspecto modesto y de encuadernaciones baratas de todas las bibliotecas vivas. […] entre ellos vi el teatro de Tirso de Molina, la Ondina de Lamotte-Fouqué, el drama homónimo de Giraudoux y, con sorpresa, las obras de H. G. Welles; […] tuve la osadía de manifestarle mi sorpresa de verlas ahí. «Tienes razón, Corbera, son un horror. Hay una novelita que si la volviese a leer, me haría escupir durante un mes seguido; y tú, perrito de salón como eres, te escandalizarías».
[Paolo le invita a unos erizos de mar, plato por el que había manifestado una gran nostalgia] Él los degustaba con avidez pero sin alegría, concentrado, casi compungido. No quiso ponerles limón. «¡Ustedes siempre con sus sabores añadidos! El erizo debe saber también a limón, el azúcar también a chocolate, el amor también a paraíso». […] «Eres un buen muchacho, Corbera; si no fueses tan ignorante, se habría podido hacer algo de ti».
[Confiesa el profesor] «A decir verdad, a una mujer, no me he acercado nunca, ni antes ni después de ese año». Estaba seguro que mi rostro se había quedado impasible como el mármol, pero me había equivocado. «Corbera, es muy grosero tu pestañeo: lo que digo es la verdad, verdad y también un orgullo» […] «Tú, Corberita, que probablemente has ganado tu puesto en el periódico gracias a la tarjeta de algún jerarca, no sabes lo que es la preparación de un examen de oposición para una cátedra universitaria de literatura griega. Hay que estudiar durante dos años, hasta el límite de la demencia. La lengua, por fortuna, la conocía bastante bien, casi tan bien como la conozco ahora; no es por presumir... Pero el resto: ¡las variantes alejandrinas y bizantinas de los textos, los fragmentos citados, siempre mal, por los autores latinos, las innumerables conexiones de la literatura con la mitología, la historia, la filosofía, la ciencia! Es, te repito, para volverse loco».
[Y la prodigiosa introducción al prodigio:] "...el sol, la soledad, las noches pasadas bajo el rodar de las estrellas, el silencio, el poco alimento, el estudio de argumentos remotos, mantenían a mi alrededor  una suerte de encantamiento que me predisponía al prodigio."  
[Aquí va el meollo del cuento, que no voy a resumir 1) para no aguar a nadie el placer de leerlo y 2) porque no se puede. Y acaba con esta frase:] Los libros fueron depositados en el sótano de la Universidad y, como falta fondos para las estanterías, se van pudriendo lentamente.

10 comentarios:

María dijo...

Ya te he votado en el diario aunque hoy hago huelga de comentarios, que me han dejado sin publicar y me da mucha rabia. A cambio he ido también al diario de sevilla.
He aprovechado para leer ahora el penúltimo del barbero y me ha encantado el de la humildad y el sentido del ridículo, que da para mucho meditar. Buenísimos también los de la tolerancia y los dos últimos.
El cuento de hoy me lo apunto para leerlo pronto. Se antoja.

marinero dijo...

Apoyo la recomendación; el relato, que leí hace años, lo sigo recordando como magistral. Es prueba de que el "Gatopardo" no fue un acierto aislado.
También lo prueban, de paso, sus lecciones sobre literatura, de las que conozco tres ediciones españolas: las "Conversaciones literarias", en su día editadas por Bruguera (como los relatos), y que se ocupan de literatura francesa del s. XVI; su "Stendhal", que publicara Trieste, y el "Shakespeare" que NorteSur sacó no hace mucho, y que debe ser el único encontrable ahora, salvo librerías de viejo. Todos tres son una delicia. O tres delicias, como el arroz de los chinos.

cb dijo...

Genial, genial, me encantan los escupitajos simbólicos y altamente culturales, y lo de los sabores añadidos (que en lo que hace a lo culinario, me paso la vida diciéndolo: cómo fastidia echarle mimo a un plato, que si una yerba acá y un picadito allá, y que después agarren la mayonesa).

Y que conste que te he votado el artículo, y no por caridad, y el contador no se mueve.

José Luis dijo...

También en Nortesur está la lección sobre Byron desde 2010.
Que las lecciones de Lampedusa se publiquen por separado y no como hizo Mondadori todas juntas...
Por cierto, sé que se suele decir siempre al hablar del Gatopardo, pero Bearn de Villalonga es una maravilla, y Muerte de Dama, impresionante.

E. G-Máiquez dijo...

Muchas gracias a los votantes y a los intentantes.

Fiándome de Marinero, echaré las redes de nuevo al Shakespeare de Lampedusa, que me decepcionó en un primer intento. Y buscaré Stendhal y las Conversaciones. Fiándome también de José Luis me apunto el Byron y atacaré Bearn, que a Leonor, mi maestra en narrativa, no le entusiasmó tanto como a nosotros dos Muerte de dama, que es efectivamente muy gatopardesca. Hay que ver que yo vine aquí a poner tarea y salgo con una lista de 5. Ea, pues mejor para mí.

Espero que mi maestra en narrativa no lea el comentario de CB, pues lleva mal, efectivamente, lo de la mayonesa. Con CB de su parte, tendría otro argumento de autoridad. Y qué bueno lo de los escupitajos. Eso me encantó y estoy por imitarlo. Si alguien sabe donde venden escupideras elegantes, que avise.

E. G-Máiquez dijo...

A propósito, ¿alguien sabe si la película Bearn, con Imanol Arias, merece la pena?

marinero dijo...

En mi opinión, y fiándome de un recuerdo ya lejano, la película sobre "Bearn" es interesante -lo que no es poco-, aunque nada parecido a la obra maestra que Visconti hizo con el "Gatopardo". Y respecto a la decepción sobre el "Shakespeare", recomiendo a EGM que lo lea más como una obra de creación (con toda la subjetividad que ello implica) que como una lección académica. Puede servirle como introducción, si no lo conoce, el artículo que sobre el libro publicó en su momento Enrique Vila-Matas; abajo le copio el enlace.
http://www.elpais.com/articulo/semana/Shakespeare/Lampedusa/elpepucul/20090620elpbabese_7/Tes

E. G-Máiquez dijo...

La tarea se incrementa, pues, con una película y la reseña de Vila-Matas. Aunque pudiera parecer que me agobio con tanta abundancia, lo agradezco mucho. Gracias por las informaciones, Marinero.

Juanluís dijo...

¿Dónde se puede encontrar editado "Lighea"? Gracias

E. G-Máiquez dijo...

Cuesta trabajo. Si quieres, puedes mandarme tu correo y yo a vuelta de ídem y sin publicar tu e-mail te mandaré un doc. con el cuento. Un tanto pirata,pero tratándose de Lighea, ella nos lo perdonará.