domingo, 16 de octubre de 2011

Lo malo es mío

Y no es falsa humildad, sino un punto de partida, como explico en este artículo que, malo o bueno, es muy mío 

13 comentarios:

gatoflauta dijo...

No conozco el comentario de JRJ al que se hace referencia en el artículo. Sí, en cambio, éste de Cernuda, en su "Historial de un libro":

"Aquello que te censuren, cultívalo, porque eso eres tú". No digo que esa máxima sea sabia, ni prudente, pero yo la puse en práctica poco después de publicar mi primer libro...

¿No habrá un error en la cita?

E. G-Máiquez dijo...

Me temo que sí que habrá error en la cita. No la entrecomillé porque no di con ella en Ideolojía y me fié de mi memoria. Mucho más cernudiana, no sé cómo no caí. Gracias mil, gatof.

Y es un error muy malo este mío con las citas, que no quisiera que fuese yo ni pienso cultivar...

Javier Vicens y Hualde dijo...

Lo malo de ese artículo es que es suyo. Si fuera mío pensaría que es perfecto. Llámeme envidioso si quiere.

Suso Ares Fondevila dijo...

No sé yo... ¿Y todos los que fueron alentados en lo que después fue su vocación por aquella redacción extraordinaria, aquel dibujo fulgurante, aquellos dedos maestros sobre el piano..? "Lo bueno es mío", dirían ellos.

Fernando dijo...

Qué bonito, Enrique.

Tienes razón, pero no totalmente: a veces, los demás son más capaces que nosotros al ver nuestras limitaciones, no conviene obstinarse.

A veces, al menos.

cb dijo...

Yo creo que el poema la dejó sin palabras y prefirió no entrar al trapo y salirse por la tangente, o por el dibujo, que (como estaba calcado y lo notó fijo)comprometía menos.
Tú no puedes dejar de ser tuyísimo y buenísimo. Seguro que ese primer poema ya tenía su aquel, y su tú.
En fin, que no sé si me explico, que la niña no era un crítico literario, era sólo una niña que, con perdón, no te me ofendas, no estaba quedada contigo.

AFD dijo...

Yo, como Suso, no estoy tan seguro de que la máxima aplique siempre. En el caso de la música, sobre todo, los que nacen con el don, nacen con el don. Y los que por más que practiquen y gusten de cantar no tienen oído: por favor que se dediquen a otra cosa, por lo menos en público.
A mi madre, por ejemplo, le encanta cantar. Y cuando yo era un bebé, lo hacía en mi presencia, sin contención alguna. Tanto, que mis primeras palabras fueron: "¡No, mamá, no!" Y las pronuncié en el coche, cuando mi madre decidió, ¡una vez más!, acompañar al radio con unas notas que eran muy, muy suyas.

Eso no quita que tu artículo sea muy bueno. Además, en la literatura (incluso en la mejor), la genialidad innata es mucho menos común que en la música o en la pintura.

E. G-Máiquez dijo...

Sí, si yo estoy con Fernando. Este artículo tiene un A VECES mayúsculo flotando por encima. Cuento mi anécdota entera pero solo la subo a medias a categoría.

Anónimo dijo...

El otro día terminé "Con el tiempo" y seguro que otro gallo habría cantado con la chica aquella si hubiera existido entonces.

No me daba tanta pena terminar un libro de poesía desde "La voz a ti debida" hace unos años. Muy bueno.

Miguel

gatoflauta dijo...

Habla AFD de la "genialidad innata". Aparte de que la palabra "genialidad" me parece peligrosa -el genio, el que de veras merece ese nombre, es cosa de una increíble rareza-, quisiera recordar lo necesario que es, incluso en ese caso, un trabajo encarnizado e indesmayable, que dura toda la vida. Es fama que Johann Sebastian Bach (ése sí, un auténtico genio) decía que para conseguir resultados como los suyos había que trabajar tanto como él. El talento innato, e incluso el genio, son la base, el cimiento, pero no bastan: sobre ese cimiento hay que levantar luego el edificio, con una dedicación y un trabajo que tienen que estar a la altura de ese don, y que por tanto son mayores y más exigentes cuanto mayor sea. También Pessoa era un genio, aunque quizá no tan grande; y habló de su "sensibilidad cada vez más profunda" y su "consciencia cada vez mayor de la terrible y religiosa misión que todo hombre de genio recibe de Dios con su genio", por lo que, dice, "exijo ahora de mí mucha más perfección y cuidada elaboración". "Le debo a la misión que siento en mí una perfección absoluta en lo realizado, una seriedad integral en lo escrito". El talento, y no digamos el genio, tienen menos, si se los entiende bien, de don que de exigencia, de compromiso para toda la vida. Son, quisiera recordarlo, una tarea, una obligación; y terriblemente exigente.

Corina Dávalos dijo...

Llevas varios días afónico, ¡incluso por aquí! Yo he vuelto a cultivar "lo mío" en otro blog (Literarians), y tu artículo me ha animado a seguir. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Esa cita de Pessoa, tan bien traída, se merece un "chapéu". BB.

E. G-Máiquez dijo...

Muchísimas gracias a todos, claro que a Miguel, por razones que todos comprenderán, más que a nadie.