sábado, 1 de octubre de 2011

Dictaduras y dictaduras


Trabajó en casa una chilena que era muy fan de Pinochet, al que llamaba “Pinocho”, pero no enfadada por alguna mentira sino todo lo contrario: agradecida porque prometió que todos los pobres tendrían su televisor y cumplió y ella tuvo el suyo a los pocos meses. Lo conté en la sala de profesores de mi instituto, pero no le vieron la gracia ni a lo de Pinocho. "¡Pinochet!", se rasgaban las vestiduras. Ahora trabaja en casa una rumana: esforzada, cariñosa con los niños, honrada, seria. tan limpia que se pasa ya al traslúcido… Y comunista. Añora el régimen anterior, cuando las chicas eran respetuosas, no había droga, todos tenían trabajo, etc. No para de cantarme (a mí, ay) las múltiples excelencias del marxismo. Cuando lo cuente en mi sala de profesores, ¿se escandalizarán tanto como de la chilena? A que no.

6 comentarios:

NGG dijo...

Seguro que no. Andarán "indignaos" con la peruana pero "encantaos" con la rumana. Ahora bien, siempre podrías endiñarles con una edición de Archipiélago Gulag en sus conciencias... si es que tienen, claro.

NGG dijo...

Chilena, perdón. Me debí sentir poeta por un instante...

José Luis Piquero dijo...

Seguro que se indignarán lo mismo. Y si no es así, allá cada uno en particular y no creo que puedan extraerse conclusiones generales. A mí me sobrecogen e indignan ambas cosas.
Un abrazo.

E. G-Máiquez dijo...

En efecto, José Luis, sobrecoge ese impulso al totalitarismo de la buena gente humilde.

Gonzalo dijo...

Jo, jo, jo.

Pues seguro que no.

Adaldrida dijo...

Yo me hubiera escandalizado de ambas, como dice JLP.