sábado, 26 de enero de 2013

A propósito de A propósito de Abbott


Ya me temía yo que haría el ridículo con mis celos por la fama del libro de Chris Bachelder. Lo hice. El libro está muy bien, con mucha gracia, aciertos literarios de incuestionable calidad y dos o tres momentos de poesía auténtica y dos de verdadera perspicacia conyugal que podrían estudiarse en cualquier curso de orientación familiar o prematrimonial: el de los cariños descoordinados, pero qué importa ("En el que no se guarda rencor", p. 195), y el de la posesión del mal humor, inteligente a más no poder ("Abbott acapara el Mal Humor", p. 47). Además me da pistas valiosísimas de lo que tendría que hacer (y no haré) si quisiera tener éxito con mi próximo dietario sacado del blog (éste libro también nació en un blog): el uso de la tercera persona le da un sabor ficcional que funciona y una distancia, hay unas gotas de picante sexual muy oportunamente esparcidas  y, sobre todo, Bachelder no se desparrama en crítica literaria ni política ni, vade retro, en ascética o teología, sino que se centra en el tema, en este caso, en la paternidad y en las relaciones conyugales. 

Tras remitir, sobre todo, a esos dos pequeños capítulos citados, aquí los recortes del barbero del Rey de Suecia:


[Ha hecho una cabriola para entretener a su hija, pero...] Sin embargo, a los treinta y siete años, quizá en el punto medio de su vida, la única que tiene, Abbott sabe que ha intentado dar su última voltereta.
[Tras hacer alguna tarea doméstica] Intento esbozar un sincero sermón al estilo de Franklin: casi cualquier tarea, por repulsiva que pueda resultar al principio, puede, si se aborda con Ingenio y se ejecuta con Laboriosidad, producir sentimientos de Satisfacción y Placer.
*
[Tras una mini excursión a ver un tractor en el campo de al lado, frustrada por la imposible, ilógica logística de los bebés] El tractor es un sueño imposible.
[Él es profesor] En cada una [de sus camisas] hay una mancha de tinta, la insignia de su gremio. [Lo cual tiene un inconfundible hálito chestertoniano, ¿no?]
[Abbott descubre una serpiente en un montón de leña, que es frase hecha en USA para significar sorpresa desagradable inesperada] No puede dejar de jadear. De nuevo, lo real le deja atónito.
*
[Ante un problema cualquiera de su hija] Uno de ellos dirá que aquello es preocupante. El otro, que no hay nada de lo que preocuparse. Abbott todavía no sabe cuál de los dos será.
Deja el periódico [recién comprado] en el mostrador… donde se quedará hasta que se recicle. 
Abbott corta el césped y se lo pasa bien en secreto. 
*
… pero su mujer se le acerca y le pone la mano en el pecho. Esa mano es cálida y pequeña. Y ejerce una presión que no pesa, pero que tampoco es liviana.
La histeria de su mujer le inspira una intensa sensación de calma rayana en el aletargamiento. Lo cual implica que su matrimonio funciona.
Su mujer sigue: “Un día tonto, ya sabes cómo son”. Él dice: “Sí, lo sé, lo sé”. No sabe a qué se refiere su mujer. Cree que podría referirse a varias cosas, y cree que todas ellas le parecen bien.
Sabe que todos los días nacen once mil niños en Estados Unidos. Ningún otro acontecimiento tan habitual recibe el calificativo de milagroso.
Cruza el campus, y el día es tan hermoso que se da cuenta.

3 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

El libro es muy bueno.Me lo acabo de terminar. Tiene grandes aciertos con los un padre moderno no tiene por más que identificarse. (Tus recortes son buenísimos). Se rie uno de las situaciones grotescas, como cuando recibe al fontaneroo lleno de collares y tatuajes, o cuando salta como un rayo para esquivar la mazorca de maíz. Pero lo inteligente es que no se queda en la anecdota, sino que con sutileza,te invita a extraer conclusiones más profundas. A mí algunas de las menciones al sexo, muy bien dosificadas y por "exigencias del guión", me han chocado por impúdicas, me refiero a por lo que tienen de "personal" en este caso. La verdad, muy divertido y brillante. Me ha gustado más de lo que pensaba también.

Enrique García-Máiquez dijo...

Veo que nuestras lecturas coinciden, incluso en lo que no he recortado, como la escena de la mazorca y su magistral conclusión.

Lo del sexo es, desde un punto de vista constructivo, muy interesante. Tú lo clavas: "muy bien dosificadas". Estoy contigo: hay una estrategia sabia detrás de esas menciones. Dan sensación de plenitud al retrato de una intimidad y a las vicisitudes matrimoniales, que es el gran tema subterráneo del libro. A la vez, el uso de la tercera persona y la falta de otros nombres propios fuera del de Abbott, quitan la barrera de una excesiva personalización. Todo junto permite una identificación que es el denominador común de cuantas críticas y comentarios he leído del libro. Es admirable la técnica literaria que sabe usar Chris Bachelder en un texto que no pierde frescura en ningún momento.

Jesús Beades dijo...

Las citas antepenúltima y última son arrebatadoras. Tanto, que me he dado cuenta.