viernes, 11 de enero de 2013

Carmen y Enrique


Cómo me gustaría encontrarme ahora con el equipo médico aquel del parto, que esperaba que echase, después del trago, unas lagrimillas de emoción. Lo digo porque estas Navidades, con Carmen ya mayorcita y parlanchina, me iba emocionando cada dos por tres.

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Ha salido extremista. Come o fruta —plátanos y manzanas, sí, pero también kiwis, chirimoyas y papayas— o chucherías. Nada del centrismo y el consenso de las pechuguitas de pollo y de tortillilla francesa.

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Estuvimos viendo belenes por el Puerto, y en la lenta cola de entrada por una casa de Hermandad había una cabeza de Cristo coronado de espinas muy realista. Carmen la miró y me preguntó por qué le habían pegado. Le expliqué que era el Niño del pesebre, ya mayor, y todo lo que pude. La cola no avanzaba y al rato Carmen me informó que la cabeza del Cristo le hablaba. Di un respingo. Recibir locuciones es una gran gracia para la Iglesia, pero muy exigente con la persona que las recibe. Atemorizado le pregunté: "¿Qué te dice, Carmen?". "Que le han pegado unas gentes muy malas, y que les tenemos que reñir". Respiré tranquilo. Eso no lo diría el Señor, tan bueno.

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Leonor ve cómo le suelta un cate a Enriquito, y ella ve que lo ve. A los dos minutos se acerca a su madre y le pregunta con voz sibilina: "¿Y tú…, qué le vas a contar a los Reyes?"

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Tanta pillería tiene sus ventajas. A Enrique, sin embargo, no hay manera de reñirle. Siempre se cree que es juego. Le dices: "¡No!" y él, divertidísimo, encantado con una atención exclusiva, por fin, replica: "¡Sí!, y lo vuelve hacer, riéndose". Hay dos opciones: o rendirse o darle un cate, que ha de ser fuerte, porque con el que ya valdría para levantarle ampollas al amor propio de Carmen, éste bestia se parte de risa, como si fuesen cosquillas. Pero casi siempre cogemos por la calle de en medio y terminamos aceptando que es un juego, y un juego divertido, y nos reímos con él. A ver qué educación les dejamos a estas criaturas. 

6 comentarios:

Kris Kelvin dijo...

Hagan ustedes lo que puedan.Que pueden.

De cualquier forma, ya sabe usted que los niños hacen lo que ven en casa. Creo que las niñas también.

Saludos

Ignacio Trujillo dijo...

¡Qué bueno, Enrique. La vida misma!

Miriam dijo...

Geniales ambos
Y lo de los reyes... eso es lo más¡

Gonzalo dijo...

Jajaja. Todos geniales. Y felicitaciones por el extremismo y la falta de tibieza de Carmen.

Jesús Beades dijo...

La falta de "seriedad" de Enrique antes las riñas es exactamente la que vivimos con Fer. Se parte de risa, salvo cate fuerte o grito desproporcionado. Agotador.

Ununcuadio Uuq dijo...

Curioso... nunca había escuchado lo de cate...
Para mí la mejor anécdota me parece la de la cabeza de Cristo :D