sábado, 19 de enero de 2013

Apretándome el cinturón (planto)

Entrada dedicada a los que de verdad lo pasan mal, 
de alguien que, porque tiene que ir haciendo algunos 
ajustes, se acuerda de ellos a cada momento. 



¡Con todos los años que he tenido para vivir la pobreza como virtud, haber tenido que llegar a ahora para vivirla como necesidad! 
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Con el nacimiento de los niños, me preguntaba a veces: "¿Pero de qué charlábamos antes?" El otro día le pregunté a Leonor: "Cuando no hablábamos de dinero, ¿de qué hablábamos?"
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Parece que fue ayer cuando sufría mucho por pedir estipendios por mis artículos y mis lecturas. Ahora ya no hay sufrimiento: si no me pagan, no puedo, sencillamente. 
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El dinero no da la felicidad; aunque en sueños… 


3 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

¡Ánimo!
Y me gusta esa terapia de acordarse de los que de verdad lo pasan mal... Yo, desde mi "exilio", también debería hacerlo.

Tengo una amiga que se casa, y me comentaba que no tienen ni para la comprar lo básico de una casa, pero que está contenta de casarse. Supongo que pasa como los hijos, cuando llegan bien llegados son, y llenan tanto que hasta "borran" lo anterior.

Por cierto, mi hermano se encarga del Ateneo de poetas, y me dijo que te han invitado a San Sebastián, en marzo? ¡Lástima no estar yo por allí!

Enrique García-Máiquez dijo...

A tu hermano le estoy dando una lata horrorosa, pobre.


Y siento que no puedas estar, sí.

¡Y felicidades a tu amiga, hay que ser valientes!

Ununcuadio Uuq dijo...

jajaja, volví a esta entrada porque me contó mi hermano vía e-mail que le habías pasado el link a mi comentario. No daba la sensación de que le pareciera una lata :)

Otra vez será: con esta aldea global, en cualquier momento ;)