jueves, 10 de enero de 2013

Caramelito


Leonor me ofrece un caramelo de menta para la garganta, contándome que se los ha regalado un compañero de la bodega, porque la oyó toser. Declino el amable ofrecimiento. Pero insiste. El compañero es tal, primo de cual, familia de todos los tal-cual. Ah, ya, pero no me duele la garganta. Le ha regalado el paquete entero. ¿No me apetece? No, pero como estoy leyendo mucho a Antal Szerb, tengo algo más despierta la psicología paralela. ¿Quién sabe si tanto afán por compartir conmigo el dichoso caramelito de menta no es una manera de exorcizar el galante regalo? No es tan extraño, me digo, o, si lo es, también soy raro, porque —cambiando un poco la letra de la soleá de Tejada—: "El amor se hase estos líos. / Lo digo por esperiensia, / porque a mí m'a sucedío". El caramelo, malo no estaba.

4 comentarios:

Fernando dijo...

Hola, Enrique.

¿De la bodega?

Enrique García-Máiquez dijo...

Trabaja en una bodega, sí. Esa suerte tiene... y tenemos.

Abrazo, o chin-chin.

BV dijo...

Un cartuchito de almendras fue lo que conquistó el corazón de Santa Joaquina de Vedruna.

beatriz m dijo...

Pues claro que lo es. Se ve por la cantidad de genealogía que luce,para ser sólo un caramelo.
Cuida a esa mujer, que es un tesoro.