viernes, 4 de enero de 2013

Que el cielo caiga sobre nuestras cabezas


Excusando mi caos ante un amigo, le escribí que con los niños de vacaciones en casa y Leonor en el trabajo, "el cielo había caído sobre mi cabeza". Sin intención, había dado con la frase justa, gracias a mis intensivas lecturas de Astérix de antaño. Aúna el desbarajuste de la caída, el lamento egoistón de la cabeza propia, pero sobre todo la maravilla azul del cielo desplomándose en mil pedazos, fuegos artificiales del revés. Por carácter y destino, los galos, tan amantes del follón, dieron con esa descripción del apocalipsis tan poco apocada, que se balancea entre lo terrible y lo esperanzador. Yo me la pido, incluso para el Apocalipsis verdadero: ya puestos a que caiga algo sobre mi cabeza, que sea el cielo. 


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que parece invención novelesca puede darse en la vida real: me refiero a la frase “sin intención, había dado con la expresión justa”, tan parecida al siguiente texto: "Más has dicho, Sancho, de lo que sabes –dijo don Quijote–;" (y continúa, pero esto no hace al caso, "que hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria").
Jilguero.

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias por el comentario, generoso, culto y atinado como todos. Pero que además me evidencia esa rima interna "intención-expresión", que no tiene perdón, y que ahora mismo paso por el paredón. Un montón de gracias.

Juan Ignacio dijo...

Mmm, a mi me gusta más que se enrolle el cielo, sicut liber involutus (perdón si salió mal mi latín)...