miércoles, 23 de enero de 2013

Ajedrez


Hay libros que se leen en diagonal, como se desliza un alfil letal. 

Otros a saltos, como el caballo, haciendo cabriolas, digo, calas. 

También los hay que se leen de un tirón, como una torre. 

Menos, pero otros, como la reina: en todas direcciones. Son los más valiosos. 

Aunque no hay que despreciar al peón, que, poco a poco, humilde y lento, avanza. Cuando llega al final resulta que rinde un fruto memorable, decisivo.

El rey, si se me permite la indiscreción, es la lectura esencial, un paso cada día, de la Biblia. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Y por cierto, ¿no es el Rey, nada menos que el rey, un simple peón con ciertas libertades de paso? j

Anónimo dijo...

A ver si sale mi comentario a lo de la corrupción, que acabo de mandar

BV dijo...

No matter if you're born
To play the king or pawn
For the line is thinly drawn 'tween joy and sorrow
So my fantasy
Becomes reality
And I must be what I must be and face tomorrow

Enrique García-Máiquez dijo...

Espero que el suyo sea uno de los dos, tan amables ambos, de los ya publicados.

Y gracias por darme la oportunidad de enlazar el artículo. Y ya puestos, este elogio orsiano.

Bien visto, ese democrático parentesco entre peón y rey, musicado por BV.

Anónimo dijo...

Respecto al tema de la corrupción al que haces referencia en el artículo enlazado, hace algunos años me contó un indignado taxista en Buenos Aires, que para acabar con ella en su país, sólo había dos posibles soluciones. La primera, que sustituyeran a todos los habitantes de ese extraordinario país por los de una nación "civilizada". Me llegó a decir que cualquiera le valdría, porque sin duda llevarían a la Argentina a ser una de las primeras potencias mundiales, ya que sabrían explotar honrada e inteligentemente todo sus recursos. Como esto no era posible, me dijo que la única alternativa pasaba por "hacer una gran matanza". Me detalló que con "eliminar a unos cientos de miles de truchos bastaría"; políticos, "milicos", jueces, periodistas, curas, ningún grupo podría quedar al margen. Una vez podado el árbol, este crecería sano y fuerte ya que se habrían eliminado las ramas que llevaban tanto tiempo robando el sustento al conjunto. Ya llegábamos a San Telmo, cuando trataba de explicarle que el fin nunca justifica los medios, y me contestó: "¡Ellos se cargaron el sistema!, no hay vuelta atrás, hay que empezar de nuevo."
No digo yo que haya que seguir al pie de la letra las teorías del taxista porteño, pero habría que parar el partido y decir que así es imposible seguir jugando.