viernes, 23 de mayo de 2014

Veinte años después, la feria


Podría hacer minuciosas comparaciones de las ferias de antaño y la de hogaño, pero estoy muerto [de cansancio]. Vayamos a lo mínimo, dos, una por justicia y otra por misericordia. Cuando niño, los feriantes me parecían tipos torvos, oscuros, malencarados y hasta peligrosos. Ayer me sorprendió lo cariñosos y pacientes que son con los niños. Los ayudan a subirse a los cacharros con una diligente delicadeza, consiguen que dejen de llorar, los desatascan si se embrollan y les dicen adiós con simpatía, a pesar de la lata y la muchedumbre. Y ahora la observación misericordiosa. Cuando adolescente, iba a la feria con muchas más ganas, pero la abandonaba con cierta frustración. Ayer, qué alegría al salir.