lunes, 16 de junio de 2014

Correspondencia


Yo dejo el coche con una marcha metida. Leonor, en punto muerto, con el freno de mano echado. Cuando un cónyuge coge el coche del otro, siempre se producen problemas. Yo salgo como cuesta arriba, hasta que me doy cuenta, y le bajo el freno. Lo de ella es peor: se le desboca el coche, haciendo un relincho salvaje y un caracoleo que la asusta. A veces golpea el coche aparcado delante. A cambio, la impresión de buena mañana ya me la he llevado yo. Leonor suele ducharse con el teléfono. Yo, bajo la alcachofa. De modo que me aparto unos centímetros, para evitar el golpe de agua fría, y abro el grifo. Pero el teléfono de Leonor dispara contra mí el poderoso chorro de agua helada. Son catorce años cogiéndome por sorpresa. Ahora, como prácticamente es verano, me río. 


2 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

Se tarda, prácticamente, una vida en aprender todo esto.

Un abrazo

Juan Mazoy dijo...

Ahí está la gracia, en la permanente sorpresa cotidiana.

Un abrazo.