miércoles, 25 de junio de 2014

Edad


Ayer me vi muy mayor y no fue en un espejo. A la salida de misa, a los de la pista de futbito de al lado de la parroquia se les escapó el balón y estuvo a punto de darnos. Y luego, a un coche que cruzaba la calle. Yo, muy dispuesto, fui a recogerles el balón y traté de colarlo en la pista de un chut. Se conoce que he visto demasiado fútbol estos días. El fracaso fue estrepitoso. El tiro me salió fuerte, pero muy bajo, con lo que dio ridículamente en el muro que sostiene la alambrada y se volvió a la calle donde se incrustó debajo de un coche aparcado.

Esperaba el abucheo de los muchachos tatuados y descamisados. Incluso algún insulto con relativa gracia. Hubiese sido lo natural. Y más ahora que tenía que bajar alguno de ellos, dando la vuelta, a por la pelota porque debajo del coche yo no me iba a meter. Pero guardaron, ¡ellos!, un respetuoso silencio. Me veían como a un señor. Fue un silencio, como dicen los retóricos, atronador. Me vi la edad, de golpe. Eso sí que fue un chut, un gol por toda la escuadra.

Lo cuento por sacarle la lengua al espejo, tan puntilloso, que se piensa que tiene el monopolio. Pero, no me quejo, eh.