domingo, 2 de noviembre de 2014

Humor total


He visto claro el humor total. No basta —siendo tanto— tener gracia cuando se pretende tenerla, que es, como mucho, la mitad del camino. La otra mitad, como poco, es tener gracia cuando no se pretende, por la forma de hablar, de ser, de estar, por una chispa que provoca uno aunque trate las cuestiones más serias. La vanidad de dominar el humor de la primera se compensa con la humildad de derramarlo de la segunda, a poco listo que uno sea. Ay, quién pudiera conseguir ese humor redondo, completo, perenne.


2 comentarios:

Aitor Suárez dijo...

La sal, la chispa y la gracia
ni se compran ni se heredan.
Se las da Dios a quien quiere
y a mí me dejó sin ellas.

Isa dijo...

Conozco pocas personas que resulten graciosas sin intentarlo. Y no recuerdo a ninguna. Quizás alguno de mis sobrinos, pero es que la espontaneidad suele resultar más simpática.
Yo tengo la desgracia de que observo cosas graciosas y me río por dentro. Es decirlas y perder la gracia. Menos mal que he encontrado quien me las ríe todas sin necesidad de decirlas.
También es cierto que no todo el mundo es buen observador del humor ajeno, hay que estar atento.