viernes, 13 de marzo de 2015

Decadencia


Pukka, con lo que fue, está muy mayor. La salvamos de la eutanasia por los pelos. [Por cierto, qué raro que se diga sacrificar a un perro, ¿no?], y ahora estaba mejor, pero un poco sorda y ciega. A simple vista, el síntoma más evidente de su decadencia es que ha vuelto, como cuando era una cachorrita hace 16 años, a hacerse pipí y caca por las esquinas de la casa. Pero eso es nada. Hemos recogido las alfombras, que sólo extendemos si vienen invitados, y recogemos lo otro. A mí lo que me parte el corazón es ver gatos en el jardín. En los buenos tiempos de Pukka, ay del que se atreviese. Yo creo que no había gatos en toda la manzana. Y ahora los veo cruzar tan felinos, digo, tan tranquilos, nuestro jardín, ignorantes del destrozo que hacen. Se me cae el alma a los pies.