domingo, 12 de abril de 2015

El arte

Imposible reñir a Carmen por este dibujo en la pared.

Lo que me sirve de ejemplo de una idea difusa que me ha acompañado toda la vida. El poder purificador del arte.

3 comentarios:

Javier Vicens dijo...

Me gusta.

Ignacio Trujillo dijo...

Y ahora quién es el valiente que lo borra...

L. N.J. dijo...

Jugaba la hija de una amiga mía de cinco años con su amigo invisible todos los días. La chiquilla le preguntó a su madre si podía dibujar a su amigo en la puerta de la cocina y la madre le preguntó ¿cómo se llama tu amigo?

_ Satanás.

Mi amiga quedó enloquecida. Me llamó temblando de miedo con una voz entrecortada y al escuchar mis carcajadas cuando me contaba la historia, aún se ponía peor.

Ven conmigo me dijo llorando
_A dónde, le pregunté.

A por aguna bendita de la iglesia para limpiar todo el piso y hablar con esta niña...

_Pero mujer, si tú no crees en Dios, ni en la iglesia.

Me da igual,no vaya a ser que aparezca el mismísimo diablo. Me dice.

Y tras sus supersticiones y lamentaciones anduve casi un año hasta que se le pasó el disgusto.
Pero claro, fallece el bisabuelo de la pequeña y falta un día al colegío. En su regreso (falta de un solo día),la pequeña se acerca a su profesora y le dice que faltó al colegio porque falleció su padre.
La profesora llama corriendo a mi amiga y resuelto el dilema, mi amiga vuelve a por agua bendita de su inacabable ronroneo de creer que la su hija está poseida.

¡Oh, cuán maravillosos y únicos son los niños! le digo. Con su mirada, sé que debo callarme.

Todo queda entre risas, aunque a mi amiga no se le puede hablar del tema. Nos lo prohibió el cura para no quedarse más sin agua bendita.

Fin


Tampoco borraría ese precioso dibujo, ella crecerá unos pocos centímetros en nada de tiempo y se olvidará de él.

¡Son maravillosos, únicos!.