miércoles, 15 de abril de 2015

El mono y el ángel


Me he visto, de golpe y porrazo, sin ordenador de sobremesa. 

En uno de los recesos del mono de abstinencia, he levantado la vista y he contemplado la hermosa perspectiva que cotidianamente me tapa la enorme pantalla. Qué bonito el salón, los niños al fondo y Leonor, y más allá el jardín con las flores de la primavera temprana. Por unos instantes, he fantaseado con la posibilidad celestial de limitarme, como estos días, a la tableta ---a ras de mesa---, y que está sirviendo mal que bien para escribir artículos y cartas cortas, y a la nube 2.0. 

Luego he recordado que soy un hombre y que mi sitio está, justamente, entre el mono y el ángel. La única cosa: acordarme más a menudo, cuando vuelva el ordenador, de levantarme y atisbar, oh, por encima de la pantalla.