lunes, 25 de mayo de 2015

Donde yo mismo me ayudo


El domingo fuimos y cruzamos en coche la Baja Andalucía, y tanto a Leonor como a mí como a los niños, se nos hacía la boca agua con el campo. Qué buenos terratenientes haríamos Leonor y yo, nos supirábamos a cada curva, quedándosenos los ojos prendidos tras cada cortijo en cada curva. Los niños iban señalando caballos y vacas, ganaderitos en potencia, pobres. Al final del día, a la salida de misa, un saludo causal y un comentario indiferente acudieron en mi ayuda. En realidad, era yo mismo el que acudía a salvarme. Nos dijo una conocida, hablando de otra cosa: "En Aracena, tenemos un fincón [sic], pero no vamos. Nos pasa como tu artículo de la playa. Que nada más llegar, tras descargar y eso, ya tenemos que volvernos y es una paliza". No creo que me hubiese convencido lo más mínimo si no hubiese aducido el argumento de autoridad de mi artículo, y recordándolo tres años después, nada menos, pero así, puesto entre la espada y la vanidad, no pude menos que darle la razón. 


2 comentarios:

Ana R. Agüero dijo...

Y ayudas a otros como, por ejemplo, a mí...
Ay, qué bonito se ve siempre lo que no tenemos.
Gracias por recordármelo. Son un regalo, siempre, tus palabras en el blogg

Javier Vicens dijo...

¿Defender las ruinas de Palmira? Comento aquí lo que usted ha escrito allá http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/2039002/ante/palmira.html porque allá ya no me dejan comentar. Snif.
Dejad que los muertos entierren a sus muertos. (Valdés Leal)