miércoles, 20 de mayo de 2015

Misterio en el hospital


Antes de entrar en la habitación del hospital, les digo que hay que portarse muy bien. Así que si sienten irrefrenables deseos de gritar que salgan al pasillo. Tocamos a la puerta y entramos cariacontecidos los cuatro, como corresponde. Quique, muy serio, sale despaciosamente a los cinco minutos sin que nos demos cuenta. Y escuchamos en el pasillo un alarido terrible: "¡Aaaaahhhhh!". Tras el que vuelve a entrar, severo y circunspecto. 

No he logrado aún que me aclare si su obediencia fue extrema o si se estaba quedando conmigo. Lo que está claro es que él muy de gritar nunca ha sido.