domingo, 3 de mayo de 2015

¿Qué se dice?


Fin de semana de plan familiar. Rodeados de atentos tíos a todas horas, mis hijos responden satisfactoriamente: besan y dan las gracias sin descanso ni desfallecimiento. De pronto, una nube de crítica oscurece mi radiante orgullo de progenitor. No es tan meritorio que den las gracias, pues ya han aprendido que ''gracias'' es la respuesta automática a nuestro raudo, ''¡Eh, qué se dice!'' El mérito por tanto es de Pavlov y su movimiento reflejo. 

Pero un rayo de metapoesía rasga el nubarrón de autocrítica y asisto a un repentino rompimiento de gloria. No son sólo los niños. Nosotros también, cada vez que nos preguntemos qué digo o qué se dice ante esto o ante aquello. No tendríamos que dudarlo un segundo, sino saltar, raudos y radiantes, y exclamar: ''¡Gracias!'' 



3 comentarios:

Solo un lector más dijo...

De hecho, es lo que está pasando. Fíjate en cómo suele despedirse la gente, tanto por teléfono como por escrito. Muchas veces sin venir a cuento. Creo que gracias a todas horas y "sin motivo" solo se las deberíamos dar a Dios.

Solo un lector más dijo...

Dicho esto, "gracias" es una de las palabras más bellas de la lengua española, y ante la duda, cierto que es de las más adecuadas

Anónimo dijo...

Palabra mágica para los griegos es paracaló, que sirve para dar las gracias, pedir perdón, llamar la atención de quien tiene que atendernos; y seguramente para más. También “perdón” lo utilizamos nosotros cuando algo no nos sale como preveíamos, aunque no seamos culpables de ello.
Jilguero