martes, 16 de junio de 2015

Caracoles


Una cosa es tener sueño y otra estar dormido, me recordé ayer, que lo tenía, como siempre, y lo estaba, como nunca. Como llegaba un poco antes a casa, paré en el Bar Juanito a comprar caracoles. Detrás de mí, la abuela de un amiguito de Enrique. Me presenté y la saludé. Me preguntó por otra nieta, que está en la clase de Carmen, y no caí, aunque tendría que haber caído. Qué lento estaba. Luego, tras pagar, me iba sin los caracoles. La señora, muy seria, me lo avisó. Tuve que darle la peor de las impresiones. En el artículo de hoy, también me dejé atrás una preposición "en la política americana", debería haber dicho. La primera preposición de todo es "A", que se la ha comido el periódico como si fuese un caracol, pero la culpa es mía, pues ya sé lo que pasa cuando el artículo comienza con una palabra monolétrica, pero se me olvidó. Debería poner: "A la alcaldesa Carmena". Y para colmo en la frase de la defensa bipolar el verbo está tan alejado del sujeto que el lector, él me perdone, se pierde. Ya digo: dormido.

Y lo peor fue que cuando la señora me avisaba de mi olvido en el Bar Juanito no se me ocurre otra cosa que decir, cansado de mí mismo, dándome una escénica palmada en la frente: "Coño, los caracoles". Qué vergüenza.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Los primeros movimientos no son en mano del hombre".

Alejandro Sánchez dijo...

Para cuándo un artículo sobre las regurgitaciones del señor Rafael Hernando contra algunos familiares de víctimas de la Guerra Civil? Pedirá su dimisión en él?

Enrique García-Máiquez dijo...

Acabo de mandar el artículo de mañana. Veré si me cabe en el próximo. En todo caso, quede clara mi repulsa a sus comentarios. Y mi agradecimiento por su propuesta.