jueves, 11 de junio de 2015

La vida es inocente



Ayer, por la calle, me preguntaron por el blogg. No es lo de la gloria, Guillén, de oír decir a la gente que tus coplas no las ha escrito nadie, pero tampoco es manco que te digan que no escribes nada, con lástima. Yo, al menos, estoy disfrutando la idea de que la literatura no es pura voluntad, porque voluntad tengo de escribir, sino algo más. Ese algo más que sí tenía antes, veo ahora, cuando lo he perdido. Y no es que no me pasen cosas, qué va, sino que no me hallo para escribirlas. Dos ejemplos bonitos de que la culpa no es de la vida.

Uno. Leonor viene a decirme que se acuesta y yo tengo que acabar el artículo en el ordenador. Se me enciende una romántica cuenta atrás: se que se quedará dormida pronto, que tengo que correr, que escribo contrarreloj. Es bien emocionante. A veces llego a tiempo de darle las buenas noches; a veces tengo que entrar, ay de mí, de puntillas.

Dos. Ayer le inflé un globo a Enrique (¡que hoy cumple cuatro años!) y no me dijo: Qué bien soplas, no. Pero me miraba con dos ojos muy abiertos y cada vez que yo me inclinaba hacia adelante para expulsar el aire el soplaba, como yo, serio y concentrado. Era aire al aire, pero está por ver que no fuese ése el que hinchó el globo. 


2 comentarios:

Gonzalo García Yangüela ن dijo...

Ciertamente nos gustaría más movimiento en el blog. Pero no se puede llegar a todo.

A lo de hoy sí debes llegar, al gran acontecimiento: ¡Felicidades a MiniEnrique!

Anónimo dijo...

Pues muchísima felicidad para el chico y para todos.
El aprendizaje de llenar el globo es muy adecuado: los experimentos, con gaseosa.
Jilguero.