viernes, 19 de junio de 2015

Sobrinos


Hay en mi pueblo una concentración de moteros de Harley Davidson. Hay quien dice que el PP sembró y que el tripartito (PSOE, Podemos, IU) recoge los frutos del evento. Yo, viendo a los moteros, diría que todo ha sido una transición modélica y una muestra de cómo el PP ha preparado (bien que inconscientemente) el cambio. En la calle, camino unos metros al lado de un motorista sesentón, tatuado hasta el colodrillo, que va hablando por teléfono. Me asombra oírle decir, con ternura: "Bueno, hijo mío". Disfruto el momentáneo contraste.

Pienso en la paternidad. Y, luego, en la tiídad. Casi simultáneamente he tenido dos sobrinos, uno por Jaime, que se llama Gonzalo, y otro por mi cuñado Agustín, que se llama Federico. Generación abajo, lo más cercano, después de un hijo, es un sobrino. Y, sin embargo, qué lejano, en comparación. Que ambos niños estén en Madrid, lo acrecienta, claro; pero es más ontológico. Y más práctico. Imagino a mi hermano y mi cuñado levantándose en mitad de la noche, bregando con los lloros y los pañales y las tomas, mirando por el rabillo del ojo a los otros hermanos, no vayan a sentirse desatendidos... Y yo, mientras, tan tranquilo, pensando silenciosamente en el motero paternal; y en ellos, sí, pero pensando, tan tranquilo.