lunes, 9 de mayo de 2016

Mala noche



Pensaba esta noche en la definición de Santa Teresa que tanto éxito tuvo y que reza: "La vida es una mala noche en una mala posada". Está muy bien hecha, mezclando en su punto la angustia existencial con el contemptus mundi con el lenguaje coloquial y el humor que desactivan la amargura por elevación, paradójicamente. Una frase redonda.

En mi mala noche en mi buena casa, en mi buena cama, pensaba que la posada, aunque nos trae los ruidos y las incomodidades de una venta de Juan Palomeque  a la memoria, está para recordarnos que en la vida estamos apenas de paso. La frase transpira lo tácito: el alivio de ver amanecer y de coger la puerta de la venta y dejarla atrás.

La mala noche en casa propia tampoco es manca, y no tiene, encima, el resquicio de la esperanza. Sería una definición mucho más ajustada para un materialista: "La vida es una mala noche en una casa sin salida". 

Para el cristiano que no muere porque no muere, sino que está bien aquí, aunque a los órdenes de la superioridad, para el cristiano, digo, que ama el mundo apasionadamente, la vida son noches buenas y noches malas en una casa estupenda, que tendrá necesariamente una salida, antes o después, y a una casa mucho mejor, pero que no hay prisa, porque el viaje sí será fastidioso y hacer las maletas ha sido siempre un horror. 

La mala noche en buena casa tiene más afilado el contraste que en la mala posada, pero no será tan grave, porque, a esas alturas del monólogo interior, me quedé dormido.