domingo, 11 de junio de 2017

Reloj sincronizado (Daniel Cotta)


No podía ir a la presentación del poemario Como si nada de Daniel Cotta, porque me tocaba quedarme con mis niños, pero sincronicé nuestros relojes y a la hora exacta de la presentación abrí su libro y me puse a leer al borde de una piscina infantil.



Es gozoso, hímnico. Descubrí que hay una poesía que me dispensa a cada verso de tener que escribir. Otras, me gustan igual, pero no me producen ese efecto tan benéfico y efervescente. Otras, incluso, al contrario: me empujan a (tratar de) escribir. Como lo acabo de descubrir no lo he pensado todavía mucho en esta sistematización, pero sé que Como si nada de Daniel Cotta es de la primera categoría, sin duda.
 ARRIBA

El santo sonriente de granito, 
allá en la aguja gótica, 
desborda su sonrisa. ¿Para quién? 
¿Qué anónimo cincel te hizo ese gozo? 
¿Quién te hizo esa paz 
que nadie miraría 
salvo las aves, 
y quizá una nube? 
¡Qué tenuemente eres, 
jilguero gris que eternamente canta 
allá en la aguja gótica 
por la que el son enhebra su aurora cotidiana! 

Ahora copiaré algunos fragmentos:

[Tras cruzarse con una música en la calle y dejarla atrás] "algo en mi corazón sigue sonando".

[En un río…]
Él me da su fluir; yo, mi quedarme. 
Yo le doy mis pupilas; él, su risa. 
Ahora el río aprenderá a no irse; 
y yo, a cambio, 
ahora seré otro y seré otro y seré otro. 

[doblando una sábana con su mujer, “qué nieve hecha rectángulos”] "El último doblez lo haré en tus labios". Qué bien.

Y dos poemas enteros, uno sin título y el otro con título prestigioso:

¡Qué chica es la mañana que penetra 
por la rendija rota! 
Y con todo, 
es tan mañana o más 
que la que ahora 
despunta en los satélites de Júpiter.

 ARS LONGA, VITA BREVIS

 En aquel pueblo que se ve a lo lejos 
 está el austero santuario gótico 
que no visitaré. 
Tras esas sierras, 
nace una fuente de la roca viva   
que nunca beberé. 
No sé en qué libro 
duerme el poema memorable y único 
en el que nunca llegaré a quemarme. 
Y dentro del silencio, 
me espera una sonata irrepetible 
que nunca me hablará. 
Y mientras, el otoño 
me va amarilleando, 

 hoja en el bosque inmenso de este mundo.

Pero esta mañana tan de verano yo he burlado al otoño. Se me escapaba una lectura de poemas estupenda, y la hice. No estaba, pero estuve. Quería haber ido, y vino.



1 comentario:

Daniel Cotta dijo...

Estuvimos juntos en letra y en espíritu, que a veces plantea una conexión más intensa que en carne y hueso. Gracias por tu compañía.